23 de marzo de 2019
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FIN DE SEMANA

Fue sacerdote jesuita, controló el PNV y veló por los intereses del nacionalismo vasco durante la redacción de la Constitución

Fallece 'El Dragón de Ajuria Enea': Xavier Arzalluz dominó la política vasca durante 30 años

Xavier Arzalluz.
Xavier Arzalluz. / Europa Press
Xavier Arzalluz falleció este jueves 28 de febrero a los 86 años. Durante casi tres décadas dominó la política vasca, siendo el presidente del Partido Nacionalista Vasco (PNV) entre 1980 y 2004. Durante la Transición tuvo un papel activo en defender los intereses vascos en la elaboración de la Constitución de 1978. Sus posturas sobre el terrorismo etarra y algunas declaraciones de tintes un tanto racistas, generaron gran polémica.

El expresidente del PNV Xavier Arzalluz ha marcado durante tres décadas la política vasca. Tanto que va asimilada a su persona. Nacionalista por vocación, con el tiempo combinó estas posturas con ciertos posicionamientos cercanos al sector más radical de la democracia-cristiana. No había nada en el PNV, ni en el País Vasco, que se le escapara de las manos. Desde los años ochenta hasta los primeros años del siglo XXI fue su manda más. Su instinto político, cierto maquiavelismo y sentido del humor cínico, fueron las principales características de un político conocido como ‘El Dragón de Ajuria Enea’.

De origen carlista y cura jesuita

Nacido en Azcoitia (Guipúzcoa) el 24 de agosto de 1932 en el seno de una familia vinculada a la burguesía vasca y de tendencias carlistas. En 1949 comenzó sus estudios eclesiásticos. Como, a veces, era costumbre en las familias de clase media-alta del País Vasco, eligió la carrera sacerdotal. Optó por estudiar bajo el paraguas de la Compañía de Jesús, la institución religiosa más influyente y poderosa de Euskadi. Hizo el noviciado en el Monasterio de Oña en Burgos. Se convirtió en sacerdote en 1967. Una década antes había comenzado su trabajo como profesor de Lengua y Literatura castellana en Zaragoza.

Arzalluz en su época de cura jesuita. 

Fue en sus años como jesuita en los que se acercó más a la política. Debido a sus convicciones conservadoras y religiosas pronto se interesó por el Partido Nacionalista Vasco, que vivía en  un extraño limbo en la España franquista, donde los partidos políticos no eran legales, pero el PNV vivía en una situación de oposición tolerada.

En 1970 abandonó las sotanas por unas faldas más interesantes y unió su vida a María Begoña Loroño Bilbao, con la que tendría tres hijos: Asier Aritz, Usoa y Miren. Cuando la salud de Franco empeoró, Arzalluz intuyó que en la nueva España su partido tendría mucho que decir y gano posiciones junto al histórico líder Carlos Garaikoetxea. En 1977 se convirtió en diputado por Guipúzcua en la Legislatura Constituyente. Ese mismo año, el Gobierno de Adolfo Suárez, sin referéndum ni esperar a la redacción de la Carta Magna, recuperó las instituciones autonómicas euskaldunas y colocó al frente de la Lehendakaritxa a Garaikoetxea y con él de segundo a Xavier Arzalluz, que optó por velar por los intereses del nacionalismo vasco en Madrid.

Así, Arzalluz jugó un gran papel a favor del PNV en la capital de España. Se unió a los nacionalista catalanes para crear el grupo vasco-catalán para la redacción de la Constitución española, donde los intereses nacionalistas estaban representados por el catalán Miquel Roca-Jonyent. Aunque el PNV y otros partidos vascos abandonaron el grupo creando Minoría Vasca, Arzalluz seguía reuniéndose con Roca-Jonyent para que los intereses del PNV no se olvidaran a la hora de negociar la Carta Magna.

‘El Padrino’ del PNV

Fue en 1980 cuando accedió a la presidencia del Partido Nacionalista Vasco, tras celebrarse las primeras elecciones libres en el País Vasco que dieron el triunfo al PNV. Decidió que su amigo Carlos Garaikoetxea se pusiera al frente del primer Gobierno, aunque ya de facto llevaban tres años controlando la política vasca.

Arzalluz en un mitin.

Mientras Garaikoetxea del Gobierno Vasco, Arzalluz se mantuvo como el mandamás del partido. Algunos incluso lo consideraban el lehendakari en la sombra durante las casi tres décadas de hegemonía peneuvista en las instituciones euskaldunas. También marcó durante esos años la política en clave nacional del partido. En 1993 apoyó con sus votos la investidura de Felipe González y tres años después la de José María Aznar. Esa capacidad, tan jesuítica ella, de poner velas a Dios y al Diablo generó grandes réditos económicos a su Autonomía mejorando el conocido Cupo Vasco.

En el año 2000, con la mayoría absoluta del Partido Popular se inició un nuevo período de radicalización de la situación del País Vasco, que sorprendió a Xavier Arzalluz que ya estaba un tanto fuera de juego. Cuatro años más tarde abandonó la presidencia de un PNV que pretendía suavizar alguna de sus posturas políticas. El proceso de sucesión de ‘El Dragón de Ajuria Enea’ estuvo lleno de enfrentamientos internos y, finalmente, fue Josu Jon Imaz quien consiguió el sillón. Un candidato considerado moderado frente al señalado por Arazlluz, Joseba Eigibar, más proclive a posicionamientos más radicales. 

Su relación con ETA: árboles y nueces

Si algo ha generado polémica en la trayectoria del político vasco ha sido su relación con el fenómeno del terrorismo etarra. En 1981 fue muy cuestionado su papel en un nunca aclarado intento de proceso de paz. Arzalluz se reunió con la ETA político-militar al menos en tres ocasiones, sin consultar con el Gobierno central liderado por Leopoldo Calvo-Sotelo. 

Aunque sin duda fue una frase en un mitin político la que siempre se recuerda a la hora de vincular a Arzalluz con ETA. "No conozco de ningún pueblo que haya alcanzado su liberación sin que unos arreen y otros discutan. Unos sacuden el árbol, pero sin romperlo, para que caigan las nueces, y otros las recogen para repartirlas, aseguró en 1998. Años después, matizó y aseguró que se refería a Herri Batasuna, brazo político de ETA, ilegalizado tras la Ley de Partidos y hoy reconvertido en Bildu.

José María Aznar con Arzalluz, en la época de buena sintonía política. 

De lo que no ha quedado duda alguna es sobre sus posiciones ultraconservadoras y presuntamente  racistas. A lo largo de su biografía soltó perlas como "En Europa, étnicamente hablando, si hay una nación, ésa es Euskal Herria” o "Yo no soy racista. Yo prefiero a un negro, negro, que hable euskera que a un blanco que lo ignore".

Aunque sin duda, la más comentada fue la siguiente aseveración:  "La cuestión de la sangre con el RH negativo confirma que este pueblo antiguo tiene raíces propias, identificables desde la prehistoria, como sostienen investigaciones de célebres genetistas". A muchos les sorprendió que en los albores del siglo XXI un político tomado por demócrata dijera tal afirmación. Sin embargo, su biografía hablaba por sí misma. dado sus orígenes ideológicos carlistas y supremacistas.

Con Arzalluz fallece la cara más extrema del nacionalismo vasco, ultraconservador, ultracatólico y supremacista. Un canciller euskaldun que durante tres décadas lo fue todo y lo dominó todo en el microcosmos de la política vasca.

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