13 de noviembre de 2019
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FIN DE SEMANA

El alto número de indecisos ha hecho de esta campaña electoral una de las más seguidas por votantes y analistas

Cuenta atrás para el cierre de campaña y la apertura de las urnas: los momentos más frikis de la pugna electoral

Los protagonistas de los dos debates y el gran ausente, Santiago Abascal.
Los protagonistas de los dos debates y el gran ausente, Santiago Abascal.
La enorme cantidad de indecisos y la inestabilidad política en España de los últimos años han hecho de estas elecciones y de esta campaña un acontecimiento especialmente llamativo para ciudadanos y analistas. Repasaremos algunos de los momentos que más han llamado la atención de la opinión pública.

El fin de la campaña electoral está cerca. El sábado será el día de reflexión y el domingo la cita con las urnas. Una campaña que ha sido la más atípica en 40 años de democracia, con la Semana Santa pululando por ahí y con dos debates electorales que ha costado parirlos. Finalmente no han defraudado, aunque a decir verdad no sabemos cuánto se han movido los bloques, el motivo por el cual se realizan estos eventos televisivos. Aun así vamos a repasar los momentos que más han llamado la atención. El orden es aleatorio. Eso ya es cosa suya.

Los cinco principales candidatos.

La jefa que pasa la mopa

Eran los minutos previos a que el primer debate comenzara en la televisión pública, se ultimaban los últimos detalles. Cada candidato se preparaba su material, los miembros de los equipos daban la última arenga a sus respectivos aspirantes. El moderador destensaba los nervios en el plató. Una escena repleta de hombres, excepto por una mujer. Era la señora que estaba sacando brillo al suelo dejando todo reluciente. Algo que supuso una bomba de relojería en las redes sociales, con el movimiento feminista que entró en cólera, dando a entender a los partidos la imagen tan retrógrada que estaban dando.

Pues bien, la limpiadora no era tal. Según hemos sabido unas horas después gracias a los compañeros de El Confidencial, es que esta señora es la jefa que organiza este servicio en la tele pública. No sale nunca de su despacho, iba sin acreditar ni llevaba el uniforme pertinente. Encima pasaba la mopa con un bolso colgado, como si estuviera allí de paso. Las trabajadoras de la corporación dicen no sentirse representadas por esta persona y que les pone muchos problemas cuando tienen algún incidente a la hora de conciliar la vida familiar.

Que cosas tiene la vida, nunca una información tuvo un efecto boomerang tan perverso. A pesar de ello, los partidos deberían hacerse mirar esto. Lo cierto, es que las listas cremalleras ya son una realidad. Pero no hay que olvidar que la política ya tiene demasiada testosterona.

Los gadgets y los cartones desproporcionados

Los millenials volvimos a la infancia. Los candidatos fueron al debate con tal cantidad de cachivaches que servían a modo atrezzo para zurrar a su rival que a más de uno, así se vio en las redes sociales, nos recordaban a Doraemon y su bolsillo mágico. Esa fue la estrategia de un sobreactuado Albert Rivera, con cuadros y fotografías, tesis doctorales, cartones por doquier, papiros de la corrupción…

La política es un show, eso ya lo sabemos, pero lo que olvidó algún candidato es que estos debates deberían de servir para confrontar ideas, proponer el modelo de país que quieren impulsar en los próximos cuatros años y en definitiva en aportar luz a aquellos que todavía no tienen decidido el voto. Lo demás es humo.

Pero el colmo de los colmos son los famosos cartones que sacan los candidatos para mostrar las evoluciones determinados datos económicos. Algo que ya hacían hace 20 años Aznar y González, también los utilizaban Rajoy y Zapatero. Un elemento que han repetido, sobre todo, Casado y Rivera. Pero lo cierto es que después los periodistas tenemos que ir escudriñando los datos para saber si esos gráficos se ciñen a la realidad. Y para muestra un botón, así lo ha desmentido eldiario.es con la evolución de la contratación indefinida, un dato que por cierto ya mostró Sánchez el lunes y Casado hizo los deberes. Pero lo nuclear es que ese gráfico está más que desproporcionado y dicha contratación no caía de la manera que dice el candidato del Partido Popular. Señores, modernícense y muestren una fuente fiable.

Primer debate en RTVE.

El zasca de los libros y manos manchadas de sangre

El debate iba por los cauces donde se estaban haciendo cruces de acusaciones donde tú mentías más que yo y viceversa. Rivera acusaba al presidente del gobierno de ser el artífice de la mayor del reino y ya que estábamos en 23 de abril quiso regalarle su propia tesis doctoral. Pero el tiro le salió por la culata, porque Sánchez queriendo enseñar los socios que está buscando Ciudadanos desde los comicios autonómicos en Andalucía contraatacó de manera muy certera. Fue entonces cuando Pedro Sánchez respondió con el libro de Santiago Abascal y Sánchez Dragó. Nunca un misil fue tan poco eficaz, dijo el jefe de campaña socialista José Luis Ábalos que “era previsible” y esperaban ese estilo faltón del presidente del partido naranja. Un momento que por cierto volvió a ser un filón para los internautas.

En las postrimerías del inicio de la campaña Pablo Casado acusaba a Sánchez de tener la manos manchadas de sangre porque el PSOE había recibido el apoyo de Bildu en la comisión permanente del Congreso a la hora de aprobar los decretos de los famosos viernes sociales. Un hecho que se había diluido con el paso de los días pero que en el seno de los socialistas dolió, pero no les hizo daño por el hecho de recibir dicho apoyo sino más bien por las incoherencias de los populares. Sánchez se la tenía guardada y en el debate de TVE se la devolvió y ayer en el de Atresmedia de nuevo hizo pupa con el asunto. Un momento disruptivo porque Casado se quedó blanco ya que no supo responder.

Ya hace unos días salía a colación la maldita hemeroteca con la afirmación de Maroto justificando sus acuerdos con Bildu cuando este era alcalde de Vitoria. Pero eso no era suficiente, sino que Sánchez recordó las 131 veces en las que PP y Bildu habían votado en la misma dirección en el Parlamento Vasco.

Casado se quedó pensando ¿y ahora qué?

Pablo Iglesias y la Constitución

Se nota que el Secretario General de Podemos ha sentado la cabeza con la paternidad. Por eso, en estos dos debates ha querido mostrar su lado de hombre de Estado. La moderación, que es algo que los más centristas siempre le han reclamado, fue una nueva cualidad del candidato de la Izquierda. El lunes vimos a un Pablo Iglesias mucho más en el olimpo. El teórico que lleva dentro salió para desgranar todos aquellos artículos de la carta magna que tienen que ver con el aspecto social. Sin embargo, Pablo Iglesias, que los tuiteros lo mostraron como un camarero leyendo la comanda en un chiringuito de Cádiz, cambió de registro este martes. Bajó algo más al barro. Siguió con su línea argumental de revindicar la Constitución como hilo conductor de su campaña, pero el Pablo Iglesias más cañero era necesario.

Aquel que señalaba los abusos de la banca, aquel que denunciaba las puertas giratorias de los políticos con las empresas energéticas, aquel que señala a los fondos buitres en el mercado de la vivienda para el alquiler. Un hecho que para muchos le hizo ser el ganador del segundo debate. Además, como consecuencia, puede hacer que el PSOE se vea beneficiado. Ya que queda claro que los socialistas necesitan a una formación morada fuerte para ganar peso en el bloque de izquierdas. Pablo Iglesias era consciente de ello y se aplicó la receta.

Segundo debate en Atresmedia.

Los formatos y la audiencia

El público ha podido juzgar entre uno y otro debate. El lunes vimos uno donde el moderador tenía un papel testimonial, Xabier Fortes se limitaba a decir a los contendientes el asunto del tiempo y el consejo de este a la hora de gestionarlo. Y por el contrario en Atresmedia, Ana Pastor y Vicente Vallés pudieron preguntar y tenían un papel activo. 90 minutos de repetición de monólogos con algún enfrentamiento esporádico, que alguno incluso se le hizo largo. 24 horas después se vio algo diferente, rifirrafes entre los candidatos, aclaración de ideas, conducción del debate para tocar todos los asuntos posibles.

Y todo esto la audiencia lo percibe. Los datos son claros, Atresmedia tuvo un seguimiento de casi 9 millones y medio de telespectadores, llegando a un pico de los once millones y siendo la emisión no deportiva más vista desde 2016. Sin embargo, TVE a pesar de que anotó un buen guarismo, se quedó en un 43% de share, unos cinco puntos menos y cerca de un millón menos de espectadores frente al televisor. Lo cierto, es que a pesar de que RTVE se tiene que ceñir a los dictados de la Junta Electoral, la tele pública tiene que tomar nota de cara a futuros comicios. La política ha cambiado, la forma de contarla también.

 

 

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