27 de noviembre de 2020
|
Buscar
FIN DE SEMANA

Tras perder las elecciones a la presidencia del Comité de Árbitros fue descendido a Segunda División y dio clases de Redacción Periodística

Muere Jacinto de Sosa: El singular árbitro y profesor universitario que desafió a las altas esferas del fútbol

Jacinto de Sosa fue un destacado colegiado de finales de los 70 y principios de los 80 en el fútbol español.
Jacinto de Sosa fue un destacado colegiado de finales de los 70 y principios de los 80 en el fútbol español.
El conocido árbitro de los años 70 y 80, Jacinto de Sosa, ha fallecido a los 80 años. Sosa fue un decidido opositor a la política del que fuera presidente del Comité de Árbitros, José Plaza, y fue de los pocos que se atrevieron a cuestionar su mando. Además, ejerció como profesor universitario de redacción periodística en la facultad de CC de la Información de la Universidad Complutense y ganó fama como colaborador de José María García en el espacio “La otra Liga”.

Alrededor de todos los productos, servicios y espectáculos que alcanzan un cierto nivel de rentabilidad surgen intereses canalizados por individuos e instituciones que luchan por el pedazo más grande de la tarta en una cruenta guerra en la que, con demasiada frecuencia, los principios y la ética quedan relegados a un segundo plano.

En nuestro país, pocos negocios son tan lucrativos como el fútbol. Este deporte, que lleva más de un siglo entreteniendo a los españoles, genera polémicas casi a diario. Lo más llamativo es que, en ocasiones, estas trascienden el ámbito deportivo y extienden sus tentáculos por situaciones ajenas a los terrenos de juego. El arbitraje no es una excepción.

De eso sabía mucho Jacinto de Sosa, uno de los árbitros por antonomasia de los años setenta y ochenta en España, que ha fallecido a los 80 años. Este singular personaje siempre tuvo claro que su pasión estaba ligada al silbato y las interminables carreras por el campo.  En consecuencia, ejerció como colegiado desde los quince años.

Formó parte de una generación de árbitros que forjaron su carrera en una época en que apenas había separación entre las gradas y el terreno de juego. Los gritos, insultos, groserías y demás improperios formaban parte del día a día de los García de Liza, Condón Uriz, Pes Pérez, Urízar y el propio Jacinto de Sosa, que poco tienen que ver con los colegiados de la actualidad.

José María García reclutó a Sosa para colaborar en el espacio "La otra Liga".

El ascenso de este último a la Primera División sería un camino largo y pedregoso, una carrera de fondo en cuya meta siempre aparecía un muro infranqueable: José Plaza, que durante aquellos años fue santo y seña del arbitraje en nuestro país. Plaza presidía el Comité de Árbitros y su liderazgo asumido por partidarios y detractores.

Sosa fue el único que osó disputarle el puesto, fundando la Asociación Nacional de Árbitros de Fútbol (ANAFE) en 1981, con la que pretendía ofrecer una alternativa a la entidad dirigida por Plaza. Aquel año, también se presentó a las elecciones a la presidencia del Comité de Árbitros, unos comicios en los que fue derrotado.

La valentía de Jacinto no le ayudó a cumplir sus objetivos, pues el poder de Plaza era inagotable y sus apoyos numerosos. De hecho, Pablo Porta, máximo mandatario de la Federación Española de Fútbol, le respaldaba abiertamente. Sus reivindicaciones de 1981 generaron consecuencias inmediatas para su carrera. Cuando la temporada terminó, fue “desterrado” de la categoría de honor.

Jacinto había sido apartado de su gran pasión, pero no estaba dispuesto a rendirse sin luchar. En esta cruzada, encontró un socio inesperado, un periodista con el que, durante sus años arbitrando, había tenido sus más y sus menos. Se trataba, nada más y nada menos, de José María García, emperador de la comunicación deportiva en aquel entonces.  

Como ya había hecho en el pasado, García se adelantó una vez más a su tiempo y dio a Sosa la plataforma para expresar sus críticas y demandas. El espacio radiofónico “La otra Liga” sería el gran altavoz de un árbitro que cada vez era más conocido entre la población y ya que gozaba de una reputación intachable, cimentada en su integridad y su sentido del deber.

El periodismo, su faceta más desconocida

Jacinto de Sosa fue, además de uno de los rostros más conocidos del arbitraje español, un querido profesor de redacción periodística en la Universidad Complutense de Madrid. Alumnos y compañeros apreciaban su carisma, su habilidad docente y, sobre todo, su particular sentido del humor, que con frecuencia ligaba al mundo del fútbol con una maestría inusitada. Era ya una tradición que el primer día de clase Jacinto de Sosa se dirigiera a sus alumnos con un  gracioso: "El que se porte mal le saco tarjeta roja y a la calle", pero siempre se mostró como un profesor serio y al que le gustaba escuchar a sus alumnos.

De Sosa era muy conocido entre el profesorado por su participación el programa de García y muchos de sus colegas se acercaban a él motivados por la admiración que despertaba un personaje con una reputación como la suya, que gozó durante mucho tiempo de una notable popularidad.

En una ocasión uno de sus compañeros se le acercó para hablarle sobre la situación de uno de sus alumnos. Los padres de este estudiante le habían comentado que su hijo aseguraba que no aprobaba la materia impartida por De Sosa porque “le tenía manía”. Ni corto ni perezoso, el exárbitro respondió de la manera que mejor sabía, utilizando el argot futbolístico. De Sosa aclaró que al alumno le sucedía lo mismo que a los jugadores de fútbol, que siempre están dispuestos a reclamar penalti. Él afirmaba que, si iba a reclamar, por lo menos que pisara el área: “¿Cómo quieres que te pite penalti si no pisas el área?”, solía decir. Al parecer, lo que ocurría realmente era que el alumno no se había presentado a los exámenes.

Sosa abanderó la buena praxis del arbitraje en el fútbol. 

Para explicar la supuesta manía, como no podía ser de otra forma, Sosa también recurrió al fútbol: “Eso de que los profesores le tienen manía es como los jugadores que se dedican a insultar. Es un cuento”, sentenció.

La divertida respuesta del que fuera colegiado de Primera División fue tan brillante que hasta el padre del estudiante aludido se rindió a su encanto: “Desde luego, ese profesor tiene humor. Dile de mi parte que ya me gustaría haber ten ido profesores como él”, llegó a afirmar.

En cualquier caso, el fallecimiento de Jacinto de Sosa, único árbitro que se atrevió a expulsar de un partido a “El Brujo” Quini, deja un profundo vacío en la memoria del arbitraje español. Este colegiado fue mucho más que eso, encarnó a la perfección los valores de una profesión que siempre está en el ojo del huracán. Así pues, nos deja un devoto del reglamento y uno de los pocos rebeldes que se atrevieron a cuestionar los intereses que rodean las instituciones que controlan el fútbol. Descanse en paz.

COMPARTIR: