22 de octubre de 2020
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FIN DE SEMANA

En 2004, el tenista estadounidense confesó que tomó esteroides sin ser consciente de ello durante seis años

La cara B de John McEnroe: De los escándalos en la pista a los problemas con las drogas

La clase de McEnroe como jugador es tan recordada como su temperamento.
La clase de McEnroe como jugador es tan recordada como su temperamento.
McEnroe compaginó su legendaria carrera tenística con otros aspectos no tan brillantes de su personalidad. Sus brutales enfados en pista eran conocidos en el mundo entero y, tras su primera retirada, confesó que había tomado sustancias prohibidas sin saberlo durante sus años como profesional. Para colmo, el matrimonio con su ex-mujer, la actriz Tatum O’Neil, acabó con un sonado divorcio tras años de polémicas.

Hasta en siete ocasiones levantó John McEnroe un trofeo de campeón de Grand Slam, los más codiciados en el mundo del tenis. Además, acabó su carrera adornando su palmarés con 70 títulos más. Sin embargo, más que por sus triunfos, en el recuerdo del aficionado ha perdurado su particular estilo, que quebrantaba la ortodoxia que representaba su némesis en la pista, Björn Borg.

McEnroe tenía una muñeca prodigiosa para jugar al tenis. Más que un jugador, parecía un artista de la raqueta. Sus constantes subidas a la red, donde sentenciaba los puntos merced a su maravillosa volea solo eran comparables a sus monumentales pataletas. Cabreos con los rivales, con los árbitros, con los jueces de línea y con el mundo entero. Y es que para “Big Mac”, el tenis siempre fue más que un simple juego, algo que exteriorizaba por medio de los bochornosos espectáculos que montaba partido sí, partido también.

Especialmente recordado es su partido en el US Open de 1977 contra otro rebelde sin causa del mundo de la raqueta, Ilie Nastase, en el que ambos protagonizaron un encuentro que pasará a la historia del deporte por sus faltas de respeto hacia los árbitros, el público y ellos mismos. Este solo fue uno de los múltiples enfados del tenista.

A lo largo de su trayectoria, serían frecuentes los insultos, miradas intimidatorias y las descalificaciones. Sin embargo, su rabieta más conocida tuvo lugar en las semifinales del torneo de Estocolmo de 1984, cuando estaba en la cima de su carrera. Durante el partido, el tenista de los Estados Unidos amenazó con abandonar el encuentro tras recibir varios avisos por parte del árbitro.

McEnroe mostró a lo largo de su trayectoria un carácter muy particular. Siempre hubo voces que achacaron sus salidas de tono a problemas con el alcohol, aunque no hay constancia de que el tenista sufriera de esta adicción. Sin embargo, lo cierto es que, durante los últimos años de su carrera, los resultados no le acompañaron y trató de recuperar el nivel de antaño, algo que consiguió a medias, pues si bien no volvió a ser el tenista brillante que una vez fue, se las arregló para mantenerse en la élite (su nivel era tal, que volvería a competir en la modalidad de dobles 14 años después de su retirada).

En cualquier caso, sobre la cancha, se podía apreciar su impotencia en las derrotas y esta frustración generó un rumor que sonaba con cada vez mayor fuerza alimentado por las declaraciones de su ex mujer, Tatum O’Neal, que lo acusaba de posible dopaje en 1987, algo que el jugador norteamericano negó sistemáticamente. Sin embargo, años después de su retirada, en 2004, se descubrió el motivo de esta negativa.

McEnroe reveló en una entrevista realizada para el Daily Telegraph aquel año, que había tomado esteroides anabolizantes sin ser consciente de ello durante parte de su trayectoria tenística: “Durante seis años no me di cuenta de que me habían estado proporcionando esteroides de los que se usaban legalmente para los caballos hasta que se percataron de que eran demasiado fuertes, incluso para los caballos”.

Pese a que no reveló la persona que le suministraba estos suplementos, “Big Mac” afirmó para este medio que “no sabía que ciertos antiinflamatorios que se administran a los jugadores para acelerar la curación estaban en la lista de productos prohibidos”.

McEnroe ganó títulos en cuatro décadas diferentes.

John no fue el único miembro de su familia que vio su nombre vinculado al de las drogas en titulares de prensa. La que fuera su mujer entre 1986 y 1992, la oscarizada actriz Tatum O’Neil, llegó a afirmar que el tenista la había iniciado en el consumo de estas sustancias. Sea como fuere, O’Neil padeció de serios problemas con la heroína, en un episodio más de una vida trágica que, como ella misma confesó, comenzó con los abusos de todo tipo que sufrió desde su infancia. 

Para cerrar el círculo de los McEnroe con las drogas, habría que hablar de uno de los retoños de la John y Tatum, Kevin. Este fue arrestado en 2014 por la policía de Nueva York. ¿El motivo? Tenencia ilegal de fármacos, además de sospechas que le relacionaban con la compra de cocaína. Posteriormente, se le retiraron algunos de los cargos y pudo publicar “Our Town” una novela en que trata los escándalos de la familia O’Neil empezando por su abuela, Joanna Moore, una actriz que siempre estuvo asociada al alcoholismo.

Matrimonio tormentoso y obtención de la custodia de sus hijos

John McEnroe está actualmente casado con la cantante Patti Smyth, con la que tiene dos hijos. No obstante, su primer matrimonio con Tatum O’Neal fue, con diferencia, el más polémico. La pareja se conoció en una fiesta de Hollywood. Desde que empezaron a salir, ocuparon portadas de la prensa del corazón por las continuas fricciones generadas a consecuencia del carácter de ambos. Gritos, malos modos, discusiones continuas… nada de esto impidió que su enlace matrimonial en 1986. Previamente, había nacido el mayor de los tres hijos que tendrían, Sean.

McEnroe y O'Neal durante su boda.

Tatum se retiró de la actuación para dedicarse por completo a sus hijos. No obstante, la relación con John se deterioró y, un año después del nacimiento de su hija Emily, decidieron separase. El motivo de la ruptura, según los rumores que trascendieron en la prensa de la época, habría sido presuntamente que a John no le habría sentado bien que su mujer retomara su carrera profesional. Según el testimonio de la propia Tatum años más tarde, otros factores también influyeron. No ayudó el hecho de que McEnroe perdiera su condición de número uno, como tampoco lo hizo la drogadicción de Tatum.

La dependencia de su mujer para con la heroína facilitó a John su victoria en una guerra que se preveía larga y polémica, la de la custodia de sus hijos, pues ambos eran personajes muy poderosos en sus respectivos campos. No obstante, la justicia, ante los problemas con las drogas de Tatum, acabó entregando a los pequeños al tenista norteamericano.

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