24 de noviembre de 2020
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FIN DE SEMANA

El 11 de julio de 2010 el equipo entrenado por Vicente del Bosque, capitaneado por Casillas, con gol de Iniesta dio ilusión a todo un pueblo

Diez años del triunfo de España en el Mundial de Sudáfrica: El 'Día de la Gloria' de un país que vivía una grave crisis

Diez años del triunfo de España en el Mundial de Sudáfrica.
Diez años del triunfo de España en el Mundial de Sudáfrica.
Si el jueves 11 de marzo de 2004, fecha del más salvaje atentado en España, fue el Día de la Infamia para nuestro país, otro 11, domingo de julio de 2010, ahora justo hace diez años, debería ser bautizado como el Día de la Gloria de España. Nunca se hizo más por la reputación de este país siempre interesadamente zaherida su fama.

Aquel 11J, de gratísimo recuerdo, que nadie olvidará mientras viva, que será recordado con asombro futuro, la Selección Española de fútbol, como se la ha conocido siempre (por cierto, bellísima denominación frente a la chusquera “La Roja”), se coronó en Johannesburgo (Sudáfrica) ni más ni menos que campeona del mundo del deporte rey. Ya nadie quitará la Estrella de la zamarra roja de España.

Yo propondría que esa fecha hubiera sido declarada fiesta nacional, porque fue mucho más que un éxito deportivo. Fue el triunfo de un pueblo, el español, representado por la generación más brillante de futbolistas que ha dado este país, por cierto, de siempre una nación muy futbolera. Además, conseguido en un momento muy complicado para una España azotada severamente por la crisis económica que se arrastraba desde 2008 y añadido con brotes de nacionalismo catalán muy peligroso. Días antes de la final del 11J hubo una gran manifestación en Barcelona contra la sentencia del Tribunal Constitucional que declaró inconstitucionales varios preceptos del por entonces nuevo Estatut.

Recuerdo perfectamente aquellos días de junio y julio de 2010. La llegada hasta la final del 11 de julio fue como atravesar la tormenta perfecta. La tripulación era sólida, pues veníamos de haber ganado el Europeo de 2008, gracias a un Luis Aragonés que abandonó la furia por la clase, el pelotazo por el tiqui taca, el correr por la colocación. Sin el visionario Aragonés, no hubiéramos sido jamás campeones del mundo.

Malos inicios

Aquel Mundial comenzó muy mal. Empezamos perdiendo contra Suiza, y luego remontamos, casi siempre ganando por la mínima, hasta colocarnos en la semifinal contra Alemania. Nunca habíamos llegado tan lejos. Siempre estábamos abonados, como mucho, a los cuartos de final (como en los Mundiales de Corea, USA, etc.). Alemania, la invencible, esa que siempre gana, nos puso a temblar en la semifinal. Pero cuando los dioses alinean el eje para lograr la épica, no hay Alemania que se nos resista. Y ahí llegó el cabezazo más célebre de la historia del fútbol español, el de un catalán de Lérida, Pujol, para romper todo ese maleficio de no pasar de cuartos y colocarnos, ni más ni menos, en la final del 11 J contra esa Holanda, a la que el futbol le debe un Mundial.

Recuerdo perfectamente aquella mañana de domingo del 11J, calurosa, sofocante, con La Castellana cortada en preparación de los fastos de la noche. Muchísimas banderas españolas en los balcones. Nunca he visto más, salvo el día del referéndum del 1 de octubre de Cataluña. Madrid, como el resto de España, era una inmensa marea de banderas rojigualda. Nadie se la había apropiado. Era de todos.

El partido comenzó a las 8 de la tarde. Madrid estaba desierto. Salvo en la retransmisión masiva del Paseo de La Castellana. Los holandeses se fueron a ganar por cualquier vía. La entrada de De Jong a Xabi Alonso quedará en el imaginario de los españoles. Casillas nos salvó en aquel tiro maldito a Robben que desvió con la punta de la bota. España hizo un partidazo. Pero llegó la prórroga. Y cuando quedaban 4 minutos para los penaltis, los dioses pusieron la pelota en quien tenía que estar ahí: el Iniesta de mi vida. Y le dio con toda el alma. La reventó con clase. Otro echa el balón fuera. España ganó el mundial. Un estallido de inmensa alegría recorrió el país. Fue como si una marea de orgullo hubiera recorrido los cuatro puntos cardinales de España. Recuerdo con emoción abrazarme, besarnos con todos los que estábamos en la casa. Nunca olvidaré cada nombre que estaba ahí. Alguno de ellos ha muerto prematuramente.

Todos éramos conscientes de lo que habíamos conseguido. Dificilísimo. Quizás no lo volvamos a ver en la vida. Uno pensó en todas aquellas veces que nos quedamos en el camino. En esas personas que no vieron ganar un Mundial y que nos acompañaron en tantas derrotas. El desempate para el Mundial de Alemania que nos ganó Yugoeslavia con el gol de Katalinski. El fallo clamoroso de Cardeñosa ante Brasil en Argentina de 1978. La eliminación de España en nuestro Mundial frente a Alemania e Inglaterra. El penalti de Eloy errado frente a Bélgica en cuartos de México 86. El desastre en Italia 90. El codazo a Luis Enrique de Tassoti en cuartos de USA 94. El fallo de Zubizarreta en Francia 98. El error incomprensible de Arconada en la final del Europeo de Francia 1984. La impotencia ante el robo de un árbitro de infausto recuerdo, Gamal Mahmoud Ahmed Al-Ghandour, en Corea 2002. El fracaso primero de Aragonés en Alemania 2006.

El cambio del fútbol español

El futbol que desarrolló España en Sudáfrica 2010 y su posterior refrendo en la Eurocopa de 2012, fue prodigioso. Es más, no ha perdido un ápice de valor o vigencia. Al contrario, el repertorio del futbol mostrado, se revaloriza cada vez más, porque ya no se juega así y hoy en día, creyendo que se caminaría por la senda trazada por España, el fútbol mundial ha vuelto a la carrera y el balón para adelante.

Es cierto que para asombrar al universo tuvieron que concurrir muchas causas para ello: un entrenador como Luis Aragonés en su día; su continuidad con un tipo humano de consenso y sensato como el profesor Del Bosque; jugadores irrepetibles de la talla mundial de Andrés Iniesta, Xavi, Alonso, Busquet Pujol, Ramos, Villa y un portero inconmensurable como Casillas, luego triturado por Mourinho para vergüenza de una institución como el Real Madrid. Su salida del club hecho un mar de lágrimas es uno de los episodios más tristes de una entidad señera y señorial.

Tras conseguir la Eurocopa de 2012, desde el entrenador a las principales estrellas, todos tendrían que haber dicho adiós. Del Bosque el primero. Y no dejar que llegara la hecatombe del Mundial de Brasil de 2014 donde arrastramos la estrella conseguida y nuestros mejores jugadores de la historia de la Selección se fueron por la puerta de la indiferencia. Es una lección en la vida saberse ir cuando estás arriba.

Cómo es posible que ni Casillas ni Xavi ni Iniesta hayan tenido un partido de despedida en la Selección a la que han dado un esplendor en la hierba que será tremendamente difícil de igualar.

Y qué decir del balón de oro birlado a Iniesta tras ganar y marcar en la Final. Uno de los grandes borrones o manchas que tendrá para siempre la historia de este premio.

Pero en la mente de toda una generación de españoles quedará el esplendor en el juego de los españoles. Nadie olvidara cómo un país azotado duramente por la crisis financiera de 2008 se unió como nunca en torno a su selección. El recibimiento que se hizo a España al día siguiente de ganar el Mundial fue la explosión popular de júbilo más espontánea y exponencial que ha visto Madrid. Nunca hasta entonces la capital de España se había echado a la calle de esta manera como lo hizo para recibir a sus héroes. Pero también muchas ciudades estaban engalanadas con banderas de España, sobre todo en las Castillas, como un orgullo de pertenencia a una vieja nación que da pocas ocasiones para sentirse orgullosa. España siempre la historia de una frustración.

Aquellos días de junio y julio de 2010, especialmente el domingo 11J, serán recordados en la mente de todo español de bien y mientras vivamos podremos decir con alto honor que fuimos testigos excepcionales de un momento único para España. Ya nadie podrá robarnos aquel día en que tocamos la Gloria del Mundo.

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