25 de junio de 2019
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FIN DE SEMANA

El uruguayo Darío Silva trabaja en la agencia de representación de futbolistas de René Ramos y no como camarero en una pizzeria como emitió Jugones

Los futbolistas de élite que meten goles en el mundo de los negocios durante y después de su carrera deportiva

Piqué revolucionó como empresario la Copa David.
Piqué revolucionó como empresario la Copa David.
Ni es camarero ni trabaja en una pizzería de Málaga. Darío Silva, uruguayo exatacante de Espanyol, Sevilla y Málaga, entre otros, no está empleado en ningún local de comidas, como se ha difundido a través del programa deportivo de la Sexta Jugones. Silva es simplemente amigo del propietario de la pizzería y acude allí para echarle una mano de vez en cuando.

El jugador que fuera 49 veces internacional con la selección uruguaya, ha confirmado que actualmente vive con su familia, con Lorena y con su hija Luna. Y que la pizzería donde le grabaron era la de un buen amigo, a la única que acude en Málaga, y también frecuentada por otros jugadores del Málaga, con los que departe, evidentemente, sobre fútbol.

Darío Silva antes de colgar las botas.

Se dijo que Silva se había visto obligado a trabajar como camarero, pero el exjugador asegura que aunque le engañaron sus representantes y le dejaron sin dinero, vive muy bien y que si tiene que trabajar, trabaja. De hecho, asegura el exdeportista que trabaja con el hermano de Sergio Ramos, René, para su agencia de representación de futbolistas RR-Soccer.

Darío Silva se retiró de los terrenos de juego en 2006, cuando su padre le dijo que le quedaban pocos meses de vida. Poco después, jugando todavía en el Portsmouth de Inglaterra, el uruguayo tuvo un accidente de coche en Montevideo y sufrió la amputación de su pierna derecha. Pero rehizo su vida.

Darío con el dueño de la pizzería en la que Jugones había dicho que trabajaba.

Y como el uruguayo, hay otros muchos jugadores y deportistas que han cambiado sus carreras en la primera línea para dedicarse a otra disciplina o tipo de trabajo.

Bixente Lizarazu, por ejemplo,  lateral izquierdo con Francia durante la década de los 90, con esta selección se llegó a proclamar campeón del Mundial de 1998 y la Eurocopa 2000. Cuando sus piernas comenzaron a fallarle decidió cambiar de actividad y dedicarse al jiu-jitsu. Un año y medio después de empezar se convirtió en campeón de Europa. 

Bixente Lizarazu junto con Zinedine Zidane en un partido de la selección francesa.

Tim Wiese, 193 cm. de estatura. Dejó la portería de fútbol por el Wrestling. Se lo propusieron y acabó firmando un contrato con la WWE para entrenar y aprender el arte de la lucha libre.

Gabriel Batistuta, mítico delantero argentino que jugó con la Fiorentina, Roma e Inter de Milán. Tan amado en Florencia que hay incluso una estatua suya en el Stadio Artemio Franchi de la Fiorentina. Batistuta ahora es el dueño de una empresa de construcción en su país natal. Balones por ladrillos, declaró que el fútbol era su trabajo, que tampoco le gustaba tanto...

Batistuta, el empresario constructor.

Mathieu Flamini era una estrella del Arsenal, después pasó por Milán para terminar en el Getafe. Es el hombre que podría salvar el planeta, nada menos. Amante de la naturaleza, junto a otro empresario dijo haber descubierto una molécula clave contra el dióxido de carbono. Se dedica a la búsqueda de energías renovables y al medio ambiente y es uno de los jugadores más ricos.

Mathieu Flamini está ganando mucho dinero con sus inversiones en empresas renovable y energía limpia.

Gary Neville: el legendario capitán del Manchester, mayor de los hermanos que ganaron todo los títulos posibles como diablos rojos, tuvo claro desde siempre que tenía que mirar más allá del césped, sobre todo tras la grave lesión que sufrió un amigo y colega en sus inicios en Old Trafford.  A los 23 años realizó su primera inversión en una firma de diseño de un amigo y desde entonces ha amasado un portafolio de más de 30 compañías que van desde restaurantes y hoteles hasta desarrollo de propiedades, además de ser el dueño de un club de fútbol y estar en planes de abrir una universidad.

Gary Neville, en la diversificación está el poder.

Un perfil similar al de otro jugador español, Gerard Piqué, quien jugó en el Manchester con Neville.  El catalán tiene gran variedad de intereses empresariales como su participación en el grupo inversor Kosmos, con el que quiere modificar la Copa Davis.  Pero también toca el sector de los videojuegos, el sector alimentación, moda, nuevas tecnologías, bebidas energéticas e incluso los medios de comunicación, al colaborar con la versión española de la publicación The Players Tribune, que ofrece un hueco a los deportistas para expresarse en primera persona.

Gerard Piqué es conocido como un gran empresario e inversor. 

Y no olvidemos a otro gran español, Andrés Iniesta, quien se ha centrado en una bodega vinícola familiar tras probar en otros sectores como el inmobiliario. Bodegas Iniesta se ha establecido como una productora de lujo con exportaciones a otros mercados europeos y sudamericanos.

Bodegas Iniesta, con tanto éxito fuera de España como su dueño, Andrés Iniesta.

Pero todos estos deportistas tuvieron un maestro, el que ha sacado más beneficio a su imagen y popularidad como futbolista, David Beckham. El histórico jugador de Manchester United, Real Madrid, LA Galaxy, Milan y PSG, además de capitán de la selección inglesa, goza de un imperio comercial gracias a lo atractivo de su imagen y al exhibicionismo familiar del que siempre ha hecho gala junto a su mujer, Victoria, tan famosa como él. Su  nombre  está  ligado  a la moda, el mundo de los espectáculos, productoras de whiskey y un equipo de la liga profesional de fútbol de Estados Unidos.

Un perfecto tándem empresarial y de negocios David Beckham y Victoria.

El suramericano Carlos Roa acabó como sacerdote. Pero su carrera alcanzó el éxito en el St Etienne, y empezó  dejando de comer carne y se fue a meditar a México. Regresó para jugar en el Real Mallorca con la condición de no que hacerlo en el Sabbath (sábado), al formar parte de la Iglesia Adventista. Algo que no terminó de funcionar y lo cambió por los hábitos.

Carlos Roa cambió el balón por los hábitos. 

Ken Monkou acabó siendo chef. Tras participar en la Premier League jugando con el Chelsea y el Southampton, el defensa holandés debía decidir entre ser comentarista de fútbol o dedicarse a la gestión dentro de ese deporte. Pero lo que realmente le atraía era la masa, por lo que abrió una tienda de tortitas en Delft, su ciudad.

Ken Monkou, de cocinar goles a su trabajo como chef, su verdadera ilusión. 

Y así otros muchos. El fútbol es solo uno de los deportes en los que los jugadores tienen una vida no demasiada larga. Algunos afortunados tienen una visión clara de lo breve que es su paso por el éxito e incluso son capaces de rodearse de buenos consejeros y asesores para diversificar e invertir su dinero de manera conveniente. Cuentan con la gran fama, prestigio y seguidores ganados con  tantos años de carrera deportiva. 

En el lado contrario, están los más desafortunados que no han sabido sacar rédito a sus fortunas, que no han logrado encontrar a expertos en finanzas, o que, en el peor de los casos, como le pasó a Darío Silva, es engañado por sus más cercanos colaboradores o representantes.    

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