07 de julio de 2022
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FIN DE SEMANA
Patio de columnas

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Felicísimo Valbuena

El lío de imagen que tiene Mónica García

Mónica García.
Mónica García. / Diputada de la Asamblea de Madrid.

Voy a presentar a Mónica García, portavoz de Más Madrid en la Asamblea. La enfocaré desde el ruido que emite más que desde la información que transmite. Entiendo por 'ruido' todo lo que emitimos sin darnos cuenta; 'información' es lo que conscientemente queremos transmitir. Para conocer a las  personas, es más importante el 'ruido' que la 'información'.

Nos ocurre, en cierto modo, como a las máquinas. Cuando un aparato cualquiera tiene una avería, llamamos a un técnico y cuando nos visita, tenemos la oportunidad de conocer cómo funciona por dentro el aparato.  La avería ha ocasionado que nos enteremos, a través del técnico, de cosas que ignorábamos y que podemos llegar a considerar muy útiles para nuestras actividades.

Podemos denominar 'rarezas' a los 'ruidos' de esta política

- "Míreme a los ojos"– en varias ocasiones, Mónica García ha venido ordenando a la Presidenta de la Comunidad de Madrid, que la mirase a los ojos mientras ella hablaba.

El único precedente parecido fue el de Juan Pedro Hernández Moltó, a Mariano Rubio, Presidente del Banco de España: “Míreme de frente! ¡A la cara!”. Fue el 29 de Febrero  de 2009. Los éxitos de Moltó fueron varios:  que el Banco de España interviniese a la Comunidad de Castilla-La Mancha, cuando él era Presidente. Y fue uno de los personajes fundamentales para hundir a la Caja de Castilla-La Mancha. Le condenaron a dos años de cárcel.

Sin embargo, el ansia de poder de Moltó tiene unas raíces distintas del de la política citada. La rareza de las palabras de García tiene su raíz en una conducta que los médicos de familia o especialistas observan todos los días: Infinitos pacientes comparecen asustados ante los/las profesionales de la medicina. Y, desde luego, los pacientes siguen al pie de la letra las indicaciones que les dan en la consulta: “¡Descúbrase!, “!Respire!”, “¡Túmbese de lado!”…

Sin embargo, no todos los profesionales de la medicina sacan las mismas conclusiones de esos actos que diariamente observan. ¿Cuál es el ruido que produce Mónica García? Se comporta como si fuera una médica ante la que los pacientes han de asustarse; sin embargo, a ella le pagan para que actúe como política. Confunde los contextos: Los diputados no son enfermos.

Pues bien, de comportamientos médicos como los de Mónica García se vienen riendo gentes de todo el mundo desde hace 400 años, gracias a que Moliére dejó cinco obras burlándose del poder absurdo que exhibían algunos médicos. Esas cinco obras siguen representándose y algunas de ellas, con gran éxito de  público. [1]

Mónica García se encarga de repetir una y otra vez que ella es anestesista. ¿Hay otra especialidad médica que asuste más a los pacientes que  la de anestesista? Por eso,  y ante la muy equivocada prepotencia de Mónica García en la Asamblea, van aumentando, día a día, las menciones burlonas sobre ella. Pocas cosas hay peores para un político que convertirse en pasto que quienes tienen sentido del humor acaban por prenderlo fuego.

La  política-anestesista Mónica García hace rehabilitación de su artritis apuntando a un Consejero. Quizá las barreras de la burla se vieron desbordadas cuando las cámaras de televisión captaron cómo esta política apuntaba con su mano derecha a un Consejero que estaba hablando. Otra rareza de Mónica García.

El público no había visto, durante la Democracia, a alguien que hiciese ademán de disparar. Y se organizó el lógico escándalo en los medios, que sigue recordándose hasta hoy.

Mónica García.

Lo importante es fijarnos en qué explicación dio esta política de su acto: Estaba haciendo ejercicio para rehabilitarse de una artritis. Una explicación que deja en un lugar ridículo a ella como médica. ¿Qué paciente va a fiarse de una anestesista que declara su artritis?

Hace menos de un mes, ha salido el libro Política sin anestesia, de Mónica García. En las páginas 122-124, ella da su versión del escándalo. Y, como suelen decir los humoristas, García “se monta una película” que daría mucho juego en la actuación de un monologuista, de una obra de teatro o de una escena cinematográfica. Ahora, no es García la que tiene en su punto de mira al Consejero. No, es ella la que está en el punto de mira. Se pregunta si quien se le acerca en una campaña electoral es alguien a quien le cae simpática o antipática.  Bueno, con la cursilería que comparte con tantas personas, se pregunta: “¿Será un hater o un lover?"

Incluso, cuenta una discusión entre un odiador y el padre de Mónica. Y como consecuencia de ese choque, el padre podría haber acabado en urgencias. ¿Y quién tiene la culpa de que su octogenario padre esté expuesto a estos riesgos? Pues la oposición, por supuesto, que tiene montada una gran operación contra ella.

Ésta es una muestra, entre varias, entre muchas, de cómo las memorias de Mónica García ofrecen una mina de material para situaciones cómicas. Lo único que falta es un buen guionista con sentido del humor. Tal como veo las cosas, su valor principal es que contiene muchos blancos para el humor, la sátira, la burla.

¿Por qué Mónica García cobró 13.000 euros que tuvo que devolver?

Es una tercera rareza de esta política médica. Pidió una excedencia por enfermedad como anestesista, pero no renunció a una cantidad mensual que indebidamente estaba percibiendo, a pesar de que estaba excedente. Con el tiempo, la cantidad percibida ascendió a 13.000 euros. Hasta que los funcionarios de la Asamblea advirtieron la irregularidad. Y García tuvo que devolver esa cantidad.

No esperen que este incidente, que retrata la ética y la moral de Mónica García, aparezca en su libro. Y vuelve a montarse otra película. Ella se dedica a acusar de corruptos a partidos y personajes, pero se muestra como una tacaña con la verdad cuando se trata de su propia conducta respecto del dinero.

La taquigrafía de la anestesista-política

Mónica García ha venido recibiendo, en muchas sesiones, críticas de quien demuestra que saben hablar mejor que ella. Al final, sigue respondiendo como una anestesista que está en la creencia de que los demás deben asustarse ante ella: califica como “bullying” el conjunto de palizas dialécticas que recibe una y otra vez.

Realmente, Más Madrid le debería buscar a alguien que entendiese de lenguaje corporal y de paralenguaje. Los movimientos de los brazos y manos de Mónica García producen un efecto de falta de ajuste entre lo que dice y cómo lo expresa. Y a su voz le faltan tres tipos de control: el de las pausas y silencios; el de la respiración y el de los labios. Con lo cual, su forma de hablar da una sensación de desbordamiento torpe, de ausencia de forma.

La mascarilla la ha ayudado a salvar algunos de estos inconvenientes. Cuando se la ha quitado, ha salido a la luz lo que le han dejado las palizas dialécticas: Se le han acentuado los efectos de los músculos de la amargura, que mandan en la segunda parte de la vida.

Su forma de hablar es como una taquigrafía de insulto-insulto-insulto-mueca-mueca. García debe trabajar mucho en sus zonas erróneas si quiere abandonar ese aire de caricatura que le es inseparable, como la sombra que sigue al cuerpo.

Última noticia: Mónica García abandona su puesto en la Medicina

No llega a un mes que ha salido su libro y anuncia que abandona la práctica de la Medicina. Con lo cual, el título de su libro adquiere un doble sentido: Política sin anestesia. Entonces, ¿por qué ha escrito su libro en el que hay una identificación casi total entre ella y su trabajo de anestesista? Otra rareza más de Mónica.

Me ocuparé de ese libro, pero más adelante. Es una obra ella ha escrito para ocultar. Se parece a Mi patria es la gente, de Julio Rodríguez, el general de Podemos. Ocultó de una forma ridícula a su primera mujer, aunque no a los hijos que tuvieron. Como si él solo fuera quien los había traído al mundo; ocultó el puesto tan importante que ocupó en el ataque contra Libia y la crisis humanitaria consiguiente. Y ocultó las dos derrotas electorales que los votantes le asestaron en dos elecciones, dentro del mismo año, en Zaragoza y Almería.

[1] El médico volante; El amor médico; El médico a su Epesar; El señor de Puercoñac; el enfermo imaginario.

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