16 de septiembre de 2019
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FIN DE SEMANA
Patio de columnas

Patio de columnas

Pilar Redondo

El tiempo detenido abarca el infinito

Un grupo de amigos preparados para comenzar el traslado
Un grupo de amigos preparados para comenzar el traslado

Cada siete años se produce el ansiado traslado de la virgen del Rocío, exactamente el día 19 de agosto.

Aunque desde siglos atrás se viene realizando, la periodicidad de que sea cada siete años consta que está normalizada desde el año 1949.

Aunque fue trasladada mucho antes, la primera vez que queda registrado por escrito es el día 21 de abril de 1607 con motivo de una sequía.

Cuando Almonte se veía asediado por el hambre, epidemias, o cualquier otra catástrofe llevaban a la virgen, y le dedicaban cultos para que la situación se regularizara.  
Decir que en el año 1738 fue trasladada tres veces.

El recorrido es desde El Rocío a su pueblo, Almonte.

El tiempo muere en la mirada de la Blanca Paloma cuando se encuentra con sus peregrinos.

Este 2019 se conmemora el centenario de la coronación de la virgen, además de ser Año Jubilar.

Aproximadamente a las 14:47 los almonteños embargados por la desbordada pasión que sienten hacia su virgen saltaron la reja, y durante horas la Patrona de Almonte recorrió las calles de El Rocío, engalanadas para tal efeméride.

Pasadas las 9 de la noche las camaristas cubrieron con esmero a la virgen con el capote que la protegería del polvo del camino, y que estrenaba ese día.

Y comenzó la procesión hacía Almonte, rodeada de miles de sus fieles e incondicionales devotos.
Vestía sus ropas de Pastora, como requiere la ocasión.

La luna enlutada y rejuvenecida engarza palabras y lágrimas sin tiempo.

Nudo de silencios posesivos que se aferran, sucumben, caen en pedazos sobre el volcán que tiembla, despertando la esperanza ilesa, afónica, que torna lo imposible en posible.

La fe intangible, cautiva, sepulta el cielo que ruge sobre el camino con repentinas sacudidas.

La procesión duró toda la noche, los almonteños la portaban a hombros, abrigados por el amor que sienten por ella.

Es costumbre que los enseres del paso los lleven las ancianas almonteñas, conocidas comúnmente como "las abuelas almonteñas". 
En Almonte tienen un conjunto escultórico, situado en el Camino de los Llanos.
 
la inmensidad de la madrugada eterna, ladrona de minutos, proyecta la luz de su interior sobre los rostros anónimos, perfectamente alineados, que retratan la realidad del traslado y ponen el alma en cada paso, buscando el horizonte.

Y como guía la silueta de la Señora de Almonte.

La espera impaciente rompe el amanecer, el alba anuncia la llegada.

Y ella se pasea por las calles de su pueblo, embellecidas con ornamentos que son arte efímero.
Majestuosas columnas, solemnes templetes, arcos triunfales, etc, se rinden a sus pies.

Hasta llegar a la Iglesia de la Asunción, donde residirá nueve meses.

En esta iglesia tuve el placer de coincidir con Antonio Bañez, conocido por "Mancojito", quien me obsequió con este fandango: "En Almonte la Blanca Paloma nueve meses esperando está, a Jesucristo el Rey de la Gloria y a nuestra pastora por madre le dan. Romeros venid, no buscarla ya, que el niño y la madre en Almonte están."

Tiempo atrás, a Antonio la Hermandad Matriz le editó un libro de poemas titulado: Tú eres mi fe y mi verdad.

"La fe consiste en creer cuando está más allá del poder de la razón creer." (Voltaire).

Pilar Redondo. Escritora. Córdoba

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