24 de octubre de 2020
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FIN DE SEMANA
Patio de columnas

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Sergio Martín Guardado

Los salvadores y sus paradojas

Pedro Sánchez en el Congreso.
Pedro Sánchez en el Congreso.

Por si no tuvieran suficiente los españoles, tras varias semanas ya sin actualizar el número de total de fallecidos, ahora el Gobierno, por boca de su presidente, se erige en salvador y presume de haber salvado 450.000 vidas él solito, trayendo a colación un estudio estadístico publicado en una revista científica. Paradójico que el señor desvergonzado del luto tardío y la desmemoria sobre lo que ha pasado en las residencias, presuma de salvar vidas en base a meras predicciones estadísticas. Es deprimente que el señor de la resistencia, que no de la resiliencia, siga empeñado en tomarnos el pelo. Mientras tiene datos reales, constatables y ciertos, esos los esconde y enmascara tras otro episodio más de ese dichoso relato al que ya nos tienen acostumbrados.

Deprime en lo que se ha convertido la política, provoca desolación que el Gobierno y sus miembros se presenten como salvadores cuando realmente son destructores. La pasada semana, el Notario Mayor del Reino tuvo un ‘lapsus’ de esos que tiene el Gobierno cuando pretende mentir y se le escapa la verdad al afirmar esa falacia de la crisis constituyente, que ni está ni los españoles esperan. Parece ya, que solo cuando no quieren decir lo que dicen es cuando no mienten, recordarán seguramente aquella auto pregunta retórica y reiterada: “¿la Fiscalía de quién depende? ¿de quién depende?” Visto lo que hemos visto estos días, tratando de desprestigiar a todo el sistema judicial si no se les da la razón o si simplemente es imputado un miembro del PSOE, queda claro. Una vez absuelto, proclamaban a viento y marea aquello de que la justicia funciona, parando la maquinaria de la crispación contra la justicia. Según convenga, los hechos se relatan de una u otra forma. Y, digo yo, ¿para qué tanto nerviosismo? Y, por eso, porque lo de la crisis constituyente se les coló, cual niño o borracho que parece mentir, pero dice la verdad, debería sobrecogernos a todos.

Nos tienen ya acostumbrados a ser salvadores, en el relato, cuando en la realidad cierta son destructores. Lo hizo el ciudadano Garzón, al que ahora le gusta la corbata, con el turismo para que después la ministra Maroto viniese a presentar a un Gobierno comprometido plenamente con el turismo y casi rogara al exterior que vinieran turistas, después de que un miembro de su gobierno lo desprestigiara; lo hizo el falaz Marlaska cuando dice proteger a la policía y a la guardia civil, cuando en realidad los hechos hablan por sí solos y ya casi nadie se cree que los ceses en el Ministerio del Interior nada tuvieran que ver con la investigación judicial antes mencionada. Y, no se preocupen, no dimitirán. Creyeron que aquello que Voltaire atribuyo a la política de ser “el arte de mentir a propósito”, más que una crítica era una enseñanza y se la tomaron al pie de la letra. Y, tienen un defensor a ultranza de esas tesis, fíjense en los hechos y, después, en el relato y conocerán, sino a quién, lo que hace un tal Iván Redondo.

En todo ese relato, entran en juego unos medios de comunicación generalistas que no han dado importancia a alguna a algo relevante por sí solo, lo que anticipa un relato preocupante, más si cabe cuando el Partido Socialista en Navarra vota a favor de retirar un cuadro del Rey Juan Carlos I, por presuntos hechos delictivos. Conviene reiterar lo de presunto, porque parece que lo de la presunción de inocencia, un derecho fundamental y constitucionalmente proclamado, solo le conviene a quien ocupa el Gobierno para sí mismos. Esto anticipa un peligroso relato, el de Podemos comprado por el PSOE, el de desprestigiar no al Rey sino a la Transición y, por ende, a la Constitución misma.

Callan ante las acusaciones de racismo a la policía española, sin que ni siquiera el señor Marlaska se inmute, cuando aquí no consta la vivencia de esa lacra generalizada en los Estados Unidos. Pero, los medios generalistas, con la excepción de algunos buenos periodistas, se empeñan en no sacar a la luz las mentiras de estos gobernantes míseros que jamás nunca tuvo que soportar España y empeñarse demasiado en lo que hacen Trump y Bolsonaro. Tan mentirosos y tan ‘fakes’ son nuestros gobiernantes y, tanto o más, se presentan como falsos salvadores. Comparto, en este mismo sentido, con Abel Caballero que las expresiones de Feijóo estos días, que no él, son tan xenófobas como las de Trump; más si caben, pues se dirigen contra personas de su propio país, tan españoles como los gallegos y, si me apuran, muchos madrileños y catalanes son tan gallegos como él y un día emigraron para labrarse un futuro mejor. No quiero sino expresar otra cosa que miramos demasiado fuera y deberíamos mirarnos al ombligo.

El presidente del Gobierno.

Todos saben que ahora uno de los mayores dictadores del planeta viste camisa roja, defiende la patria cuando aquella queda bochornosamente en la miseria por su gestión para sí y con los suyos, mientras él vive como un rey de los de siempre, absolutista. Le sirve el relato, le ha servido para quebrar el régimen constitucional que ellos mismos impusieron a través del engaño al pueblo y, esa, es la escuela de parte del Gobierno. Esas tesis, parecen ya calar en la mayoría de nombres del gobierno y del PSOE. Se preocupan por el relato y ya no se rebaten con ganas las falsas palabras y expresiones de los presos políticos o el Estado opresor. Ya no, el PSOE ya no es el PSOE.

Eso demuestra que no estamos gobernados por salvadores, sino por destructores que se empañan en mantenerse en el poder a costa de lo que sea. Es la denotación misma de la crisis constitucional y política a la que se enfrentan los españoles, que está a punto de manifestarse con la grave crisis social y económica que está latente y pasará a ser patente muy pronto. El relato no puede tapar más en lo que anda el Gobierno, mantenerse en el poder a cualquier precio, da igual el pueblo y seguirán improvisando. Los hechos hablan por sí solos, los denostaban, pero querían privilegios, mera apariencia; cargaban contra los aforamientos, pero siguen amarrados a los mismos y además ahora tienen bien atada a la fiscalía con ese nombramiento de Delgado que ya anticipaba sospechas de parcialidad.

Si el gran partido de Estado que fue el PSOE no vuelve a resurgir, se calla y es servil a los planteamientos más extremistas del independentismo catalán y la izquierda abertzale, estaremos ante la más grave crisis constitucional de los últimos tiempos. Con la crisis provocada por el procès no pudo hablarse de crisis constitucional, aunque política, porque la Constitución y el Estado de Derecho que de ella emana funcionó ciertamente. Los españoles deben empezar a saber de los peligros que esconde ese relato que se anticipa y revela con las referencias a la crisis constituyente, pretendida, que no constitucional, temida y anticipada por el revisionismo de la Transición que se pretende con el ataque a la Corona. No es una paradoja, los hechos estaban ahí y aunque muchos españoles sigan todavía ciegos ante este cinismo, despertarán, porque el relato gubernamental siempre deviene en paradoja, porque la mentira no puede ser verdad, por más que se empeñen.

Sergio Martín Guardado es investigador en el Área de Derecho Constitucional de la Universidad de Salamanca.

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