15 de noviembre de 2019
|
Buscar
FIN DE SEMANA
Patio de columnas

Patio de columnas

Gabriel Araceli

La noche triste del juez Marchena

 Yo no sé cómo pasaría la noche del 12 de octubre, el día del Pilar, ni si pudo dormir o no, o sí su conciencia estaba tranquila, pero mucho me temo que don Manuel Marchena, el Presidente de la Sala ll de lo Penal del Tribunal Supremo no lo debió pasar bien y más cuando la sentencia, "su" sentencia,  del "Procés" catalán se había filtrado a la prensa sin su conocimiento. Me he releído estos días su intachable biografía y dudo que no haya tenido problemas de conciencia al firmar la sentencia que ha condenado a los responsables del "golpe de Estado" de octubre de 2017. Un hombre de su trayectoria jurídica y judicial ha tenido que pasarlo mal al tener que firmar algo con lo que, por los antecedentes, al parecer no estaba de acuerdo por salvar la unanimidad... y más cuando haya visto y esté viendo lo que está sucediendo en Cataluña estos días. Lo siento, siento decirlo, pero esas llamas ampliadas en pantalla grande más parecían las llamas del infierno que esperan a los siete miembros firmantes del Tribunal Supremo.

Pero como don Manuel, al margen de su reconocida valía judicial, me dicen que es una buena persona, le deseo lo mejor y no lo que vivió aquel Presidente del Tribunal Constitucional que se vio  en un caso parecido: Justicia o  Estado. Aquel "don Manuel" (¡ironías del destino, también se llamaba Manuel!) se vio en la encrucijada vital  de tener que hacer uso de su "voto de calidad" para romper un empate histórico. Un "voto de calidad" que le llevó a morir de pena en un exilio voluntario.

Pero, lean ustedes lo que yo he leído esta mañana en Google y firmado por  un tal Diego: " La peor noche de García Pelayo el Presidente del TC. Ocurrió el 23 de febrero de 1983, por aquel entonces el Gobierno presidido por Felipe González tomó una de las decisiones más polémicas: la de expropiar a RUMASA (grupo de empresas del empresario Ruiz Mateos, por entonces una de las personas más ricas de España) los motivos que alegó el ministro de economía Miguel Boyer fueron que las cuentas no estaban claras y que debido al tamaño de la empresa no podían permitir que llegara a quebrar.

Es posible que Rumasa no actuara correctamente al presentar sus cuentas, pero lo que no podía hacer el Gobierno es decretar la expropiación. Por ello recurrieron esta decisión ante el Tribunal Constitucional, la decisión se presumía complicada ya que había disparidad de opiniones sobre la legalidad del hecho: 6 a favor 6 en contra. En caso de empate tiene el voto de calidad el presidente del TC, entonces don Manuel García-Pelayo.

 La noche antes de la decisión del tribunal fue llamado a la Moncloa donde estuvieron discutiendo acaloradamente toda la noche por un bando él y Jerónimo Arozamena, el Vicepresidente del TC y Felipe González y Alfonso Guerra, este último hizo el papel de poli malo acusando al tribunal de llevar el país a la bancarrota y de dar un golpe de muerte a la joven democracia si ese recurso saliese adelante.

Imaginaos la presión de García Pelayo al tener que decidir sobre algo que sabe que es manifiestamente ilegal pero que puede traer unas consecuencias nefastas para la nación, de hecho se cuenta que sufrió una lipotimia y estuvo al borde del infarto. Después de oir todo esto se fueron de la Moncloa y al día siguiente salió la sentencia que para sorpresa de muchos declaraba la expropiación legal y por tanto válida. Desde entonces García Pelayo no fue el mismo de hecho renunció como Presidente del TC antes de que le acabase el plazo y acabó muriendo en 1991". El hechoes que el fallo del TC y el "voto de calidad" del Presidente García Pelayo provocó una riada de rumores, críticas y acusaciones...contra o sobre los responsables, (fue por entonces cuando se dijo aquello de Guerra de que "Montesquieu había muerto"), lo que motivo la gran depresión que padeció, según algunos compañeros y su "exilio voluntario" a Caracas, en 1986. No soportó, al parecer, la presión de su conciencia.

Por aquellos años Ortega Díaz Ambrona, al hilo del asunto escribió:
"El Tribunal Constitucional no está ni para dar varapalos al Gobierno ni para ocasionarle éxitos políticos. El Tribunal no es un nuevo ámbito para continuar la lucha política con otros medios. El Tribunal está para asegurar la supremacía de la Constitución e interpretarla de acuerdo con los razonamientos jurídicos. Si no se quiere ver esto, se podría llegar a causar un grave mal a la Institución, a la Constitución y a la Democracia".

En cualquier caso esperemos que Don Manuel Marchena sepa digerir mejor las críticas que ya está recibiendo y el veredicto de la Historia.

El Cierre Digital no se hace responsable de las opiniones vertidas en esta sección que se hacen a título particular.

COMPARTIR: