14 de julio de 2020
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FIN DE SEMANA
Patio de columnas

Patio de columnas

Gabriel Araceli

Déjenme ¡que me ría!

Miguel de Unamuno.
Miguel de Unamuno.

Mi admirado Unamuno, mi admirado Ganivet, mi admirado Galdós, mi admirado Séneca, mi admirado Larra, mi admirado Baroja, mi admirado "Azorín", mi admirado Don Juan Valera, mi admirado Calderón, mi admirado Quevedo, mi admirado, Valle-Inclán, mi admirado Don Antonio Machado, mi admirado García Lorca, mi admirado Torcuato Fernández Miranda, mi admirado Don Ramón Serrano Súñer, mi admirado Sabino Fernández Campo, mi admirado Emilio Romero, mi admirado Josep Tarradellas...

Sí, sí, sí, ya sé que vosotros llegastéis al final llorando por España... sí, sí, sí...¡¡por ESPAÑA!!...pues, os aseguro, y esa es mi tragedia, que yo voy a morir de risa... sí, de risa... esa risa que surge del alma cuando ya no quedan lágrimas, cuando se ve a todo un pueblo encerrado por la incompetencia de su Gobierno (¿que digo incompetencia?  ¡querré decir desfachatez, querré decir demagogia, querré decir traición!), cuando se contempla a un Presidente del Gobierno mintiendo como un bellaco y vendiendo a España a trozos por seguir en el colchón de Moncloa, cuando se sorprende a un podemita sobornado y a unos delincuentes independentistas meándose (sí, meándose) sobre un Estado impotente y ya en el arroyo, cuando HAY QUE REIR PARA NO LLORAR... ¡Pobre España!.

Déjenme que me ría de esos incautos que les votaron en las urnas. Déjenme que me ría de esos subvencionados que ven que se les acaba el chollo.

Déjenme que me ría de esos pobres que ahora se quejan por ver al comunista Iglesias saltándose a la torera la cuarentena que impone a un pueblo asustado.

Déjenme que me ría de esa Irene Montero que arrastró a esas miles de feministas engañadas y ahora celebra su éxito escondida, agazapada y ¡encima¡ protegida por la Guardia Civil...

Sí, déjenme que me ría o devuélvanme mis lágrimas... al menos para poder llorar (¡sí,llorar a moco tendido!) viendo como se hunde una Nación antes grande y respetada, poderosa, seria, honrada, envidiada, luz de occidente... mientras unos desalmados gozan y engordan reunidos en la mesa del Consejo de Ministros.

SÍ, Don Miguel de Unamuno, Dios si puede olvidarse de España.

 

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