17 de septiembre de 2021
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FIN DE SEMANA
Patio de columnas

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Felicísimo Valbuena

Alberto Garzón, un político contaminador que va de Don Limpio

Cartel electoral Alberto Garzón.
Cartel electoral Alberto Garzón.

Quien no vive como piensa, acaba pensando como vive. Por ejemplo, Alberto Garzón.

Hace unos años, examiné la propaganda electoral de Alberto Garzón (IU) en una campaña. Más adelante, he escrito varias veces sobre él.

Los de Podemos hicieron una campaña en la que aparecían varias caras a la vez. En la de Izquierda Unida, sólo la fotografía de Garzón. Lo que más me llamó la atención fue que Garzón no respeta prácticamente lugar alguno para fomentar el culto a su personalidad de señorito: Ni marquesinas de las paradas de autobuses, ni tiendas, ni registros de contadores, ni corchos de convocatorias de comunidades, ni...

Cartel electoral Alberto Garzón. 

Hay una norma que rige en política medioambiental: “Quien contamina, paga”. Esto parece no regir para este político. Lo que hicieron los Ayuntamientos de muchas partes de España, empezando por el de Madrid, fue dedicar los impuestos de los votantes a limpiar toda la basura que este señorito se había empeñado en no retirar.

Para Garzón, el medio ambiente no cuenta

Durante la campaña de los lazos amarillos en Cataluña, Garzón declaró que quienes retiraban lazos amarillos en Cataluña ejercían la censura. O sea, Garzón viene a decir que es un escándalo que los contribuyentes limpien el medio ambiente. ¡Adónde vamos a ir a parar! Nos viene a decir que lo mejor es seguir el camino que él marca en su propaganda.

Las expresiones de este político tienen un carácter inconfundible: sus acciones desmienten sus palabras. De manera que, después de cualquier declaración procedente de él, es muy probable que podamos exclamar: “Esto es el colmo”.

Y vamos ahora con lo del “colmo”: Después de llegar a un acuerdo con Pablo Iglesias, no se le ocurrió otra cosa que criticar a Pablo Echenique. Pidió investigar a Pablo Echenique por haber pagado, durante un año, a un asistente para que le ayudase en su minusvalía, sin declararlo a la Seguridad Social. El señorito Garzón, un recién llegado a la coalición Unidos Podemos, ya estaba dando lecciones de Ética. Él, precisamente él, es el que menos puede darlas.

Antes de criticar a otro político, que se mire a sí mismo. ¿Qué es más grave? ¿Lo que hizo Echenique o lo que hacía y sigue haciendo Garzón? ¿Qué le sale más costoso a los votantes? Desde luego, lo que ha hecho y hace Garzón.

¿Cómo ha podido llegar a ministro?

Sencillamente, por el acuerdo al que llegaron Pedro Sánchez e Iglesias ha llegado a ser nada menos que ministro. Uno de los peores del Gobierno, si no el peor, pero ministro.

¿Y qué ha hecho en el Ministerio? Sólo atacar a los empresarios. Primero, empezó atacando al turismo; ahora, a la industria de la alimentación y contra la ganadería. Lo que nos lleva a preguntarnos cómo alguien que perpetra tales desatinos ha llegado ministro. Y no sólo ha llegado sino que cuenta casi con 500 funcionarios. ¿Para qué? Para hacer daño al presupuesto y a los españoles. Y no digamos si su boquirroto hermano entra en acción. Como los dos sueltan tantas memeces, no es extraño que hayan adquirido fama de tontos.

Cartel electoral Alberto Garzón. 

No se parecen a su padre. Éste sabe lo que es encerrarse y estudiar durante meses, si no años, para ganar unas duras oposiciones de Instituto. Garzón, no. Se ha dedicado demasiado a la agitación y ha llegado el tiempo de examinar lo que él ha escrito, solo o siguiendo la estela y mérito de otros, como el valioso economista Juan Torres López.. Se atreve a insultar al juez Llarena porque otros lo hacen y porque sabe que el juez no le va a responder. Entonces, el mejor método para responder a Garzón es con humor. Lo que escribe es muy risible. Sus declaraciones, siempre vacuas de contenidos y cursis en su voz, son estímulos para el humor. Y no digamos lo que ha escrito. ¿Para qué necesitamos programas de humor si tenemos los escritos de Alberto Garzón?

Muy probablemente, como muchos otros políticos, está trabajando una salida cómoda: Ser profesor de Universidad. ¿Con qué méritos? Con los mismos que otros políticos: Muy dudosos. Incluso, podrán tener la aprobación de una Agencia de Certificación. Pero esa aprobación no es cuestión de fe. Hay dictámenes de dos jueces ciegos que no resisten un examen serio.

Alberto Garzón, ¿un señorito andaluz?

En 2013, Manuel Villegas Ruíz, escribió un artículo titulado “El señorito andaluz” (Diario Córdoba) . De ese artículo escojo estos párrafos:

"Hoy día nos encontramos con que, por estas nuestras tan queridas tierras andaluzas y también por el resto de nuestra amada España, ha surgido, casi por generación espontánea, una nueva ralea de "señoritos andaluces" ..Tampoco, como los antiguos, "dan un palo al agua", pero eso sí, asisten a muchas reuniones, comisiones, sesiones de trabajo, porque están remuneradas con sustanciosas dietas, aunque en algunas de ellas se les vea dormitar, leer el periódico o perder el tiempo con los videojuegos de última generación. ¿Quiénes son estos señoritos de nueva generación? Son una casta de trepas…"

"¿De dónde vienen? De cualquier lado. Muchos de ellos no han trabajado en su vida… ¿Dónde los encontramos? En la política, en los sindicatos, en los organismos oficiales aunque no hayan superado ninguna oposición; en fin, por doquier. ¿Qué están consiguiendo con ello? Desilusionar, desesperanzar y aburrir a los ciudadanos a los que engañan, defraudan, subyugan con impuestos y leyes, en algunos casos, absurdas. ¿Cómo consiguen todo aquello de lo que disfrutan de forma ilegal? Succionando la teta de la gran vaca que se forma con nuestros impuestos, cobrando comisiones indebidas que al final también recaen sobre los ciudadanos…"

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