25 de mayo de 2020
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FIN DE SEMANA
Patio de columnas

Patio de columnas

Juan Pérez de Mungía

Y ríase la gente

Ni todos los políticos son corruptos, ni todos los civiles son honrados, pero tampoco son antónimos los términos civil y político como pretenden instituir en la cultura de masas los medios de comunicación con destino en las mismas masas. ¿Es la imbecilidad imbatible? ¿Es la sociedad una organización bipolar?

Todos somos políticos y todos somos honrados mientras no se demuestre lo contrario y hete aquí el dilema social que invita por el simple arte de la sospecha a querellarse, denunciar, vilipendiar o maldecir el comportamiento de algunos por parte de otros. Tan es así que la ministra Carmen Calvo sospecha de todos los hombres y al parecer también de su pareja porque todos los hombres mienten y todas las mujeres dicen la verdad.

Ya venía a decir un insigne hombre que la verdad es amarga y el ejercicio que la separa de la mentira depende del ungüento del dinero que lava las manos al pordiosero y las ensucia al opulento, pero ¡Ay! mi alma vaga por los aires siendo corrupto por ser solo hombre y todo, al parecer, depende del badajo que cuelga como un péndulo de un par de esferas. ¡Menuda simpleza!

Es esta, Carmen Calvo, una política que degenera la especie humana, simplificando su ya de por si simpleza que no es otra que sacar del saco de las sandeces, aquellas más grandes que por su boca afloran, como si su órgano fonador, fuera lo único donde reside la inteligencia. ¡Vive Dios, qué vicepresidenta del mismo tamaño que el presidente! No señora ministro, usted ni tiene razón, ni se asoma al tablero del intelecto y cualquier disquisición sobre el origen de la verdad y de la mentira más tiene que ver con los intereses que se tengan, en ver el dinero como único motor del comportamiento, siendo el dinero también una manera de medir la dignidad humana y por tanto la honradez. ¿Cuanto mas pobre mas honrado? ¿Y que son sus señorías?

Los pobres no son más honrados al no disponer de oro como tampoco los ricos son más corruptos por tenerlo. La cultura, a lo largo de los siglos ha labrado ese estereotipo cristiano que ensucia a todo aquel que maneja el dorado metal y con la misma calaña de los curas y sus escritores, los obispos, han hecho de las mujeres dueñas de la verdad sin más, solo por ser vírgenes, o por ejercer de monjas, que no otra cosa desea para sí misma Carmen Calvo, aún para no hacer ningún bien a quien soporta su ruda simpleza, su pensamiento único. ¿Es el mantra con el que pretenden conquistar el paraíso socialista? Hemos progresado, desde el hombre nuevo del comunismo a la desaparición de todo lo que huela a cojones.

La ministra Calvo, orientada por las madres escolapias que la educaron, a la sazón, dejaron una huella profunda en ese pensamiento conservador y cristiano que discrimina a hombres y mujeres por la posesión del bien de la razón, al igual que un musulmán lo hace con la carne de cerdo y la de carnero solo por guarrear uno y balitar el otro. Los animales de pezuña hendida de la biblia en el ayuno de los viernes. Ni tan calvo, ni con dos pelucas, vamos, ni lo uno, ni lo otro. Es la teocracia, la carne del pensamiento y su expresión religiosa la que contamina el pensamiento y, es que en este universo simplista, que no sencillo, vive instalada la monja Calvo que cree que el feminismo es la salvación de la mujer y además cree en la reproducción sin esperma. Tan bien le fue que desea para todas las mujeres la partenogénesis, como su presidente, el exterminio del disidente a mayor gloria del dios del que es intérprete.

¿Qué tendrá en las circunvoluciones? ¿Qué amarga estulticia la ha designado como ministro? ¿Y por qué? De tantas revueltas que da la historia algunos acaban mareados y abandonan a su suerte el destino, como si el sino dependiera de la lotería del tiempo, del juego de tronos, tan de moda. El poder actual no tiene la más mínima pizca de gracia y solo el incauto puede hacer chiste de lo que se intuye. El socialismo de chiringuito, que gasta su ideología en lupanares y en rayas de cocaína, viene servido por sus matronas ministriles que conciben al hombre como un cerdo y a la mujer como un cordero, el cordero de Dios.

Menos mal que existen hoy, todavía, hombres y mujeres que piensan como especie humana en su supervivencia y no en su desaparición, que buscan su reproducción sin ser más asistida que por el deseo y el amor y, por esas otras pulsiones que se refieren a la atracción, como imanes de polos opuestos que de forma magnética se atraen, como atraen las ideas a la mente para asistir al desarrollo humano, a la ciencia y al progreso social. Quizás la historia está pasando por ese cinturón de asteroides por el que pasan las sondas espaciales y tengamos que sortear las piedras de género que nos encontramos en la senda del tiempo. ¡Oh tempora, oh mores! El abuso mas castigado que el homicidio, aviso para asesinos convulsos y violadores compulsivos.

Tan penetrante pensamiento de género ha penetrado el raciocinio y algunos investigadores de los altares llegaron a la disquisición de que Dios no tiene género, no es ni hombre, ni mujer, ni transgénero, es solo un ente con forma humana tan andrógino como un efebo castrati. La conclusión es certera, es la gilipollez humana trufada de ciruelas pasas que busca dar sabor al vacío mental que ha convertido la ideología de género en la biblia del universo mientras campan los politicastros a sus anchas en los escaños del gobierno, del mundo y sus monarquías, viviendo de la tarta pública de forma impúdica, mientras gobiernan sus días mantequillas y pan tierno y en las mañanas de invierno naranjadas y aguardientes.... y ríase la gente.

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