23 de septiembre de 2021
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FIN DE SEMANA
Patio de columnas

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Sergio Martín Guardado

Polarización en Madrid: ¿Dónde está el antídoto?

Los candidatos en Madrid.
Los candidatos en Madrid.

¿Se respira ambiente de Guerra Civil en Madrid? Seguro que, si acuden a un buen amigo o, aunque sea, a un conocido madrileño, encontrarán la respuesta. Todos tenemos uno y, con suerte, seguirá cumpliendo con su trabajo, relacionándose a diario con personas de toda ideología. Digo con suerte, porque eso del trabajo en las crisis, ya se dice: ¡salud y trabajo! A falta de mayor fortuna, que le pregunten a los que, por desgracia, están en el paro. Y es que tampoco en el metro la gente mota en uno u otro vagón si son de los “tuyos”, es que en el metro no hay nadie igual; pongamos sobre la mesa el criterio comparativo que les plazca: la ideología, la raza, etc. Y la riqueza de Madrid es la culminación en un todo de diversas y diferentes formas de vida. No, Madrid es muy distinto al de la Guerra Civil y el franquismo e incluso al de los últimos años de la República.

Al menos, según dicen los libros, ¿no? Pues no, lo pienso. Y si los libros los escribe el pueblo, a nosotros nos tocará vivir para que otros escriban lo que es Madrid y lo que es España. Sólo nuestra propia persona tiene una historia, la nuestra. Y si admitimos que somos libres para contar nuestra propia historia, pensemos que lo más justo sería que otros sean libres para contar la suya. En el respeto, la tolerancia y la igual consideración de la diferencia. La igualdad y la diferencia, la diferencia y la igualdad. Y sin la una no estará la otra. Pero les venía yo ha hablar de la polarización en Madrid y no se por qué, me fui a la Guerra Civil. Quizás leamos y veamos la televisión demasiado y, sin querer, pero intencionalmente hablé de lo que parece ser que otros quieren que hablemos.

Los que Unamuno refería como los “hunos” y los “hotros” son ahora los “tuyos” y los “míos”. La visión intelectual de la polarización o la hemiplejía moral de Ortega se veía con carácter externo, desde el rigor y la frialdad intelectual del análisis de la realidad frente a como quieren que la veamos ahora: lo propio y lo ajeno. No deja de ser cierto que la política siempre es una lucha de intereses propios frente a los ajenos, pero la democracia pasa por respetar al diferente. Como en la vida diaria.

La política no es el reflejo de lo que somos, hoy. Sin embargo, mañana podremos ser lo que la política o parte de la política quiere que seamos: unos contra otros, para siempre. Es su juego, el de los extremos, con los que nunca debieron pactar los moderados. La radicalidad nunca fue buena consejera en tiempos de crisis, solo ha servido históricamente para separar y romper las sociedades. Y convertir las democracias en dictaduras de facto.

El debate den Telemadrid.

El antídoto contra está en nosotros mismos. Piensen políticamente como lo hacen cotidianamente, ejerzan con libertad su voto y exprésense como les plazca. Es la libertad, que también conlleva condenar con carácter absoluto la violencia, que también conlleva el respeto al diferente. Si ya lo hacen todos los días, ¿en realidad es tan difícil? Sólo los tertulianos tienen un trabajo tan confrontativo con sus compañeros de trabajo y lo suyo es puro teatro.

Y esto debe hacerles reflexionar sobre lo que algunos líderes están haciendo en esta campaña. No hablaré ni de unos ni de otros. Seguro que saben quienes son, ¡que más da! Pues verán, algunos mienten sobre la propia objetividad de los hechos y se arrogan competencia sobre la patente de la mentira y la verdad y se toman la libertad de contar una historia; será verdadera o falsa, según quien la diga. Verdadera, en todo caso, si sale de sus bocas. Ven, las elecciones en Madrid no están permitiendo la libertad, entre otras cosas, por la mediatización de la política.

Y yo precisamente les propongo el antídoto de la cotidianeidad para pensar en política. Y no les importa si uno u otro candidato está más o menos cerca de los bandos, de la izquierda o de la derecha. Porque eso ya no sirve, porque lo ya los sabios de los que les hablé han patentado tanto a la izquierda y a la derecha, que lo que sea izquierda y derecha. O, mejor, lo que es cada uno, sólo puede saberlo usted. Recuerde que el voto es un derecho que se ejerce en libertad, vote a quien piense. No a quien le diga que le vote, aunque vaya a votarle a ese. Sólo así sabrá si su voto ha sido libre.

Al final, el cinco de mayo usted seguirá con la vida de siempre, con los mismos en el trabajo y quizá con los mismos que el mes pasado en la cola del paro, por eso de la precariedad. Que a mi si me parece importante y no las dichosas puyas de los “tuyos” contra los “míos”. Hagan caso a Ortega y no piensen en si ganaran los “tuyos” o los “míos”, pregúntate si te irá mejor o peor. Pensar racionalmente, aunque sean sólo cinco minutos para decantarte que sólo te votarás a ti, porque es tu historia.

Y la historia no se escribe sola, se escribe como se ha escrito la historia de Madrid, donde como siempre la razón ganará a la sin razón. Ser libre, abstraerse de este ambiente, ese es el antídoto.

Sergio Martín Guardado es investigador en Formación del Área de Derecho Constitucional de la Universidad de Salamanca

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