28 de noviembre de 2020
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FIN DE SEMANA
Patio de columnas

Patio de columnas

Eduardo Gavín

Los ricos también lloran

Andan los artistas en pena por las redes sociales, ahora que no pueden salir a una fiesta, a un estreno cada noche. La crisis les ha golpeado duramente, ha hecho un daño reparable en sus cuentas bancarias, en sus ropas regaladas, en sus royalties por nada. 

"La cultura no aguanta más", repiten por el mundo. Qué harán ahora que su bestseller pseudohistórico no es colocado en los "destacados" de la FNAC, que su película ya no es subvencionada, que la han cambiado por cien respiradores para viejos. 

Qué será de ese cantor bohemio que abandona,con su larga bufanda y agarrao a dos chavalas la discoteca, el tablao, la casa de fados, un martes de madrugada. ¿Cómo habrán de mantener ese aspecto desaliñado, esa barba de unos días, ese pisito en el centritico mismo de las capitales? 

¿Y en Hollywood, quién llenará esos depósitos de gasolina interminables? ¿Tendrán de verse obligados a subirse a un autobús?

Decía un espantajo, allá por los Goya de este año, que la "cultura" necesitaba dinero, mucho. Dinero público, especificaba, sabiendo que casi seguro ningún particular metería dinero en semejante inversión. Cómo si no iba a pagar el Uber de Malasaña a la alfombra roja de Gran Vía, ¿acaso iba a ensuciar su vestidito de diseño en el metro de Madrid? 

Por eso braman y barritan en las redes sociales. Como último gesto, han escenificado un suicidio en redes. Dos días dos sin escuchar a Anabel Alonso insultarme por no pensar como ella dice. Dos días sin oir los lametones de esos próceres de la cultura a los ministros que saben que les van a regar con buenos fondos. Dos días sin escucharlos pedir más, más dinero.

Más dinero piden ellos, losdelacultura, mientras los catedráticos y profesores, los ensayistas y los pintores de pura raza, los poetas benjamines, no cobijados en ningún Prado, viven de su sueldo exiguo o de lo que encuentran por ahí. Mientras los que llevan toda la vida pagando una cuota a la seguridad social ven peligrar su pensión y su acceso a un tubo con aire. Mientras los autónomos pagan impuestos sobre unos ingresos que no existen. Mientras los médicos, tras la carrera y la especialidad, arriesgan su vida con protección precaria y cobrando menos de 1500 euros al mes. Porque no hay dinero para eso.

Crecí conociendo a muchísimos artistas que llegaron muy lejos en lo suyo. Algunos en lo económico, pero todos en lo moral. Muchos tenían otros empleos y eran artistas porque no podían evitarlo, que es como hay que ser artista. Pero todos detestaban al artista vendido, al que se asía al oficio y pretendía que su decisión la pagásemos entre todos. A todos les daba igual la posteridad o el olvido. Pero a estos "artistas" no. 

Un artista muere de olvido cada minuto de catástrofe. Apadrina a un artista.

Ah, la bohème. 

El Cierre Digital no se hace responsable de las opiniones vertidas en esta sección que se hacen a título particular.

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