09 de diciembre de 2019
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FIN DE SEMANA
Patio de columnas

Patio de columnas

Pilar Redondo

Bicentenario del Museo del Prado

Pilar Redondo en la puerta del Museo del Prado
Pilar Redondo en la puerta del Museo del Prado

Cualquier momento es bueno para visitar el Museo del Prado, y más este año 2019 en que se cumple su bicentenario. Esta pinacoteca ha recibido el Premio Príncipe de Asturias de comunicación y humanidades 2019.

Es el Olimpo de la pintura, la riqueza de un patrimonio universal.

Al entrar en la sala 55A parece que se percibía la presencia de Tánatos, que perfectamente pudiera ser el autor del cuadro de Bruegel, titulado: El triunfo de la muerte. Está sensación se acentuó al situarme frente a la obra.

Tiene escenas propias del fin del mundo. En cada rincón está presente la muerte.
 La barca de la muerte, que lleva por escudo el ejército de la muerte.
La muerte se coloca la armadura y se apodera de los bienes terrenales. La muerte ahorcada. La muerte degollando a su víctima, etc.

Obra moralizante. Óleo sobre tabla.
Este holandés es uno de los genios más importantes del siglo XVl.

En esta misma sala también hay pinturas de Joachim Patinir. De nacionalidad belga. Es fundamental dentro de la historia del arte. Forjó buena amistad con Alberto Durero, quien le hizo un retrato.

Importantes son su creatividad y su pericia a la hora de realizar el trabajo. Era admirado por sus contemporáneos.
A veces muestra lo patético y otras lo idealizado del mundo. Su procedimiento está influido por El Bosco.

Se le considera el iniciador del paisajismo flamenco, el paisaje es el auténtico protagonista de sus pinturas.
Destacable en su obra es la excelente habilidad para plasmar la luz y las sombras, y por la magnífica utilización del color, donde la gama de verdes y azules adquieren una relevancia sobresaliente.

Todo esto queda patente en su óleo: El Paso de la Laguna Estigia.
La escena que observamos es el momento del paso de las almas del mundo de los vivos al de los muertos.

De este destacado autor el Museo del Prado posee cuatro pinturas: Las tentaciones de San Antonio Abad. Paisaje con San Jerónimo. Descanso en la huída a Egipto. El Paso de la Laguna Estigia.

Un gozo llegar a la sala 56 A, una de las más concurridas, la dedicada Al Bosco. Dentro del Renacimiento es uno de los artistas más indescifrables.
Habría que inventar palabras para desencriptar los mensaje que nos envía por medio de su pintura. Es un auténtico creador de sueños.

Algunas de sus obras son trípticos, pintados por delante y por detrás.
Jheronimus Van Aken (EL Bosco), Perteneciente a la escuela flamenca, sus
cuadros portan su sello inconfundible.

Pero, El Bosco es algo más que : El Jardín de las Delicias, que sin duda 
es su obra cumbre.

En esta sala también se encuentra: La extracción de la piedra de la locura, este óleo sobre madera de roble es una sátira, el autor satiriza a los personajes. Es uno de sus cuadros profanos.

El pintor nos coloca frente a un espejo para mostrarnos lo absurdo del mundo.

En la escena vemos representado como un falso cirujano extrae de la cabeza de un paciente un nenúfar (alusión a la lujuria). En la parte inferior derecha de la obra hay una inscripción: Lubber Das (castrar), por lo que nos lleva a pensar que está castrando la lujuria.

En diferentes obras suyas se aprecia las tres fases de la vida: la creación, el desarrollo de la vida y el final. Su pintura está cargada de un simbolismo extraordinario.

Para El Bosco las cerezas y frambuesas simbolizaban la lujuria, las podemos ver en: El Jardín de las Delicias, algunos personajes las llevan, incluso alguno colocadas junto al sexo.

El Carro de heno, obra moral. Con esta pintura nos muestra una estampa de la vida cotidiana, "cada uno se acerca al carro y coge lo que puede o lo que le dejan".

Muy interesante es La Mesa de los Pecado Capitales, en la que se representan los siete. En las esquinas las cuatro postrimerías: muerte, juicio, infierno, gloria.

En el centro Jesús dando la bendición con la mano izquierda, mostrando las llagas del clavo.
En definitiva, nos alerta del pecado y sus consecuencias.    

No puede uno marcharse del Prado sin entrar en la sala 58, la dedicada a Van Der Weyden, para ver: El descendimiento. Sin lugar a dudas otro pilar fundamental sobre el que se apoya la pintura flamenca.

Podemos observar la contraposición del sereno y contenido dolor de la Virgen María y el desbordado sufrimiento de La Magdalena. 
San Juan Bautista, siempre presente.
Y un detalle que muchas veces pasa inadvertido, la colocación de la mano derecha de Cristo y la izquierda de la virgen. La de ella queriendo aferrarse a la vida, si eso es posible después de la muerte de un hijo. La de él, encarnando la palabra... 

En la sala 25, encontramos: El Lavatorio. De Tintoretto, es un deleite para la vista. Las losas del suelo y la mesa están orientadas hacia el espectador, y conforme va cambiando de posición la perspectiva cambia.
Da una sensación de profundidad sorprendente.

En la sala 1, Leone y Pompeo Leoni, nos recibe: Carlos V y el Furor. 
La más emblemática de sus esculturas. Es de bronce.
Parece obra de Hefesto. 
Con la particularidad de que la armadura es desmontable, para que se le pudiera ver también desnudo, privilegio reservado a Dioses y Emperadores.

Por supuesto hay que visitar la obra de Velázquez, Goya, Murillo, etc.

"La pintura es el más mágico de todos los medios. La trascendencia verdaderamente me asombra cada vez que voy a un museo y veo cómo a alguien se le ocurrió otra forma de frotar tierra de colores sobre una superficie plana y crear un espacio o que te haga pensar en una experiencia de vida". (Chuk Close).

Pilar Redondo. Escritora. Córdoba.

El Cierre Digital no se hace responsable de las opiniones vertidas en esta sección que se hacen a título particular.

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