07 de julio de 2020
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FIN DE SEMANA
Patio de columnas

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Sergio Martín Guardado

Blanquear ETA, un agujero negro para la democracia

La diputada Rocío de Meer.
La diputada Rocío de Meer.

A la memoria de Francisco Tomás y Valiente y todas las víctimas del terrorismo etarra: “Cada día que matan a una persona nos matan a todos un poco”

El 20 de octubre de 2011, España pensó que la democracia había derrotado definitivamente a ETA, al abandonar esta su lucha armada. Pero hoy, podemos afirmar que ni siquiera la disolución en el año 2018 supusiera el final del camino ruin y miserable que emprendió la banda terrorista hace décadas. Este fin de semana se ha confirmado que ETA sigue ahí, en sus diversas formas de herencia, que continúan amedrentando a quienes no piensan como ellos, desplegando toda su violencia en las calles de Euskadi y blanqueando el terror.

El pasado fin de semana lo hemos confirmado, con los ataques a los actos electorales de Vox en distintas localidades vascas, personificado en la diputada Rocío de Meer. Pero lo profundamente grave de la situación es que los partidos que sustentan el gobierno de España, por acción y por omisión, no sólo no han condenado el ataque, no a Vox, sino a la libertad ideológica y al pluralismo político, en tanto valores propios e inherentes a la esencia misma de cualquier régimen que pretenda denominarse democrático. El PSOE ha ejercido el silencio por respuesta y el miserable de Pablo Echenique dijo en Twitter que “sólo hizo falta un poco de kétchup para que se tragaran un bulo como una catedral”, afirmando seguidamente que “tenemos un boquete importante en nuestra democracia”.

Si, Echenique, tenemos un agujero negro que puede tragarse para siempre la democracia: Sois vosotros, los que blanqueáis a ETA. Los que calláis ante el amedrentamiento ideológico y tapáis el acoso a quienes no piensan como vosotros, que sois los mismos que preferís tener de amigos a los verdugos y veis a las víctimas como enemigos. Esa espiral revisionista es la que nos puede llevar al abismo y ese el boquete de todos los demócratas, el que estáis contribuyendo a cavar. A ETA no hace falta resucitarla, porque como vemos sigue viva. Lo que no vamos a permitir es que se imponga el miedo, de nuevo y que pensar libremente vuelva a costar vidas o imposibilidad de llevar a efecto distintas y plurales formas de vida.

Alfredo Pérez Rubalcaba.

Durante los últimos años se ha pretendido dar voz a los terroristas en las universidades y quitársela a las víctimas, presentar a Otegui como “hombre de paz” tapando ciega e intencionalmente la “guerra santa” que ese supremacismo abertzale impuso contra una parte de la sociedad vasca. Aunque a los socialistas se les haya olvidado que Bildu no quiere otra cosa que destruir la democracia del 78, que no régimen, porque esa democracia impidió por sus vías legítimas que el régimen que los verdugos quisieron imponer en Euskadi nunca se legitimara. La memoria de los hombres y mujeres que recibieron tiros en la nuca y murieron estallados entre la metralla explosiva que contenían las bombas que de forma planeada algunos hacían estallar. ¡No murieron! ¡Los mataron! Los mataron y nadie puede reescribir la historia. No había una guerra, se llamaba terrorismo con todas sus letras. Unos querían estudiar, trabajar, tener un futuro, vivir y otros les robaban todo, les arrancaban la vida.

Alfredo Pérez Rubalcaba decía que el relato resultaba imprescindible para construcción la de la convivencia en el País Vasco. Y, eso precisamente es lo que no nos podemos permitir como sociedad, lo que no puede contribuir a tapar el Gobierno del Estado: Revisar el relato, reescribir la historia. No y mil veces no. ETA mataba y algunos siguen sin asumirlo y sin condenar los atentados de la banda, hablan de presos políticos cuando son asesinos, con toda la crudeza de la palabra. Su herencia no ha pedido perdón, no lo han hecho y sentarse con Bildu es miserable, ruin y mezquino, mucho más que con Vox, si es que esto último lo es.

Mientras algunos se empeñen en adjetivar a los representantes de Vox como ultras, pero se nieguen a señalar a los que tiran la piedra y esconden la mano, que son los mismos que aplaudían a los que apretaban el gatillo por la espalda, la democracia no habrá vencido ninguna batalla y aquellos serán menos demócratas o podrá ponerse en duda que lo sean. La política, la política de Estado, la buena política, no puede callar, no puede dejar de entender que no es un ataque a Vox, es un ataque a la democracia, a sus bases y a la libertad ideológica que debe imperar en ella, que ha sido la misma que ha permitido a Bildu sentarse en los escaños del Congreso de los Diputados, representando a una soberanía nacional en la que no creen. Fíjense, la democracia tiene hasta contradicciones.

En este tema, no es Abascal el verdugo, él fue víctima de ETA durante muchos años en el País Vasco. No callemos ante la intolerancia y la insidia, no apoyemos el blanqueo porque indirectamente estamos acabando, poco a poco, con la democracia. No juguemos con fuego. Como dijo Ángeles Pedraza en el Congreso de los Diputados el pasado sábado: “Jamás permitiremos ambigüedades en cuanto a la realidad de lo que ha supuesto el terrorismo en nuestro país, intentando equilibrar el padecimiento de las víctimas del terrorismo etarra con el de sus asesinos”. La memoria llama a la unidad de los demócratas, la democracia es Estado de Derecho y sin él no es tal. El juego de la política no puede contribuir por intereses electorales y meras ansias de poder a poner en juego la memoria de las víctimas, blanqueando así la herencia de ETA, que tiene un pasado de plata (extraída de la extorsión) y plomo, en la nuca de las víctimas. Cada día que mataban a una persona, la democracia se levantaba, si destruyen ahora la memoria, puede que nos maten a todos definitivamente, asestando una puñalada trapera a la democracia que puede acabar con ella.

Sergio Martín Guardado es Investigador en el Área de Derecho Constitucional de la Universidad de Salamanca.

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