19 de mayo de 2024
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FIN DE SEMANA
Patio de columnas

Patio de columnas

José Francisco Roldán

Mientras bailan la Yenka

/ Enrique y Ana bailando la Yenka.

La Yenka es una canción, que aportó a la música pop un dúo de holandeses, afincado en Barcelona, amigos de Tony Roland, los hermanos Johnny and Charley, allá por el año 1965. Era un baile finlandés y pegó fuerte en España. Enrique y Ana lo volvieron a poner de moda en 1979. Algunos de nuestros dirigentes políticos aprendieron muy bien el modo de hacerlo. Izquierda, derecha, adelante y atrás suenan machaconamente en sus intervenciones públicas reprochándose el haberse ubicado en una u otra posición ideológica. No dejan de insistir sobre conceptos sobrepasados y cuestionados por ciudadanos formados, que analizan y reflexionan sobre los problemas reales que acucian nuestras vidas.

Pero existe una legión de obtusos, adeptos inquebrantables, que sostienen a líderes carismáticos y comen de sus migajas aplaudiendo esa pertinaz danza de los malditos. Se pasan el día hablando de izquierda, derecha, progresar o retroceder, toda una serie de topicazos adecuados para entretener a los que consideran estúpidos, y en esa categoría, más que nos pese, estamos todos metidos.

Y mientras nuestros gobernantes bailan la Yenka, España sigue manteniendo el primer puesto en desempleo entre los países desarrollados, incluso, con una deuda pública ganando dígitos con soltura; nuestra juventud está seriamente afectada, a pesar de las limosnas del poder; la batalla económica está perdida en todos los frentes y la evolución es tristemente lamentable. Mientras bailan la Yenka, la criminalidad en España aumenta descontroladamente; los responsables políticos ignoran la necesidad imperiosa de recursos imprescindibles para un buen funcionamiento de la Administración de Justicia y olvidan actualizar la legislación penal para proteger adecuadamente los derechos y libertades de los ciudadanos, gravemente afectados en su seguridad, integridad y patrimonio.

Mientras bailan la Yenka, la presión impositiva del Estado es leonina, lo que está ocasionando problemas muy graves al bienestar colectivo, en especial a las clases medias, que soportan el mayor descalabro en sus bolsillos. Mientras bailan la Yenka, la educación, según dicen los informes internacionales, es penosamente deficiente; la atención sanitaria sigue degradándose sistemáticamente; la calidad de los servicios públicos se deshace sin remisión y contemplamos con tristeza el desapego de buena parte del funcionariado hacia la población, que padece su incompetencia y desprecio; la tramitación de documentos habituales e imprescindibles para desarrollar cualquier actividad se ralentiza ocasionando graves dificultades a los afectados y se obvia la responsabilidad legal hacia quienes se tiene la obligación oficial.

Mientras bailan la Yenka, los agricultores y ganaderos abandonan o pierden solvencia para sobrevivir ocasionándose problemas de abastecimiento en numerosos productos; la cesta de la compra dispara su coste, porque se han encarecido alimentos básicos; el nivel de bienestar de los españoles se reduce sin freno, los transportistas demandan atención para poder completar el reparto de mercancías. Mientras bailan la Yenka, nuestro PIB se estanca, como el crecimiento. Según muchos expertos, el gobierno actual está considerado como el peor gestor en toda la historia democrática; el déficit público se agiganta y el derroche de recursos públicos es escandaloso; nuestras autoridades se dedican a disfrazar las cifras de empleo para no explicar el drama social; la pobreza se extiende, hasta el punto de considerar a España la nación con mayor tasa de pobreza infantil.

Mientras bailan la Yenka, se constata la enorme cantidad de parados y la falta abrumadora de trabajadores para atender numerosas actividades. El dislate entre formación y empleo no tiene ningún sentido. Somos grandes bailarines, muy progresistas, más pobres, pero sanos, porque renunciamos a fuentes de energía barata, mientras otros contaminan sin control. Mientras bailan la Yenka, competimos en iluminación de Navidad y gastos suntuosos absolutamente prescindibles. Pero no importa, porque las colas del hambre las atienden otros; por cierto, esos no tienen tiempo, ni ganas, para bailar la Yenka.

El Cierre Digital no se hace responsable de las opiniones vertidas en esta sección que se hacen a título particular.

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