22 de septiembre de 2020
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FIN DE SEMANA
Patio de columnas

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Rodrigo Panero

Cuando digo Villarejo, digo Cospedal: Un nuevo capítulo del espionaje a Bárcenas

María Dolores de Cospedal y Jorge Fernández-Díaz.
María Dolores de Cospedal y Jorge Fernández-Díaz.

Hace apenas unas horas el juez de la Audiencia Nacional, Manuel García Castellón, ha acordado el levantamiento del secreto sobre el “caso Villarejo”. El comisario más celebre de la actualidad española no es el único nombre, que seguro les sonará de este caso.

En la “Operación Kitchen”, así es como se conoce esta trama, está involucrado el extesorero popular, Luis Bárcenas. El magistrado responsable del auto consideró, tras analizar el informe del Ministerio Fiscal, que había llegado el momento de hacer pública esta información.

En sus escritos podemos encontrar la descripción de un operativo parapolicial, supuestamente, dirigido por los Órganos Superiores del Estado, cuya ejecución recaía en el famoso comisario.

El auto indica que el encargo de esta “policía privada” se habría llevado a cabo, al menos hasta el año 2015. Una de sus misiones fue la de espiar al extesorero del Partido Popular a través del chofer de la familia, una persona de máxima confianza.

José Manuel Villarejo.

La gran novedad llegó durante este pasado fin de semana, cuando la Fiscalía Anticorrupción regresó de sus vacaciones, con energías después de haber reposado y reactivó la investigación del supuesto espionaje con la imputación de otros dos nombres que quizás les suenen.

Hablamos de los exministros María Dolores de Cospedal y Jorge Fernández Díaz. Nada más y nada menos que dos pesos pesados de la derecha española, Cospedal ya pagó esta imputación por adelantado, cuando en 2018 abandonó la política tras conocerse las conversaciones de su marido con Villarejo.

En la petición de citación también están incluidos otros altos cargos del ejecutivo de Mariano Rajoy como Francisco Martínez, número dos del Ministerio del Interior, que se niega a declarar amparándose en que el secreto de la causa, hasta ahora, le impedía conocer los indicios en su contra.

Apenas rascando leventemente en esta historia, descubrimos detalles aún más novelescos: Enrique G. Castaño confesó haber entregado al número dos del Ministerio un USB con los móviles de Bárcenas clonados, listos para su hackeo.

Es ahora, bajo el mando de Fernando Grande-Marlaska, cuando la Dirección General de la Policía admite que en la operación participaron funcionarios pertenecientes a la Dirección Adjunta Operativa de la Policía y de la Comisaría General de Información.

También se reconocen prácticas de colaboradores e informadores, los cuales recibían una remuneración periódica a cambio de la información que se les solicitase.

A estos eventos debemos sumar el secuestro que sufrieron en su propia casa el hijo de Bárcenas y su esposa durante unas horas, cuando unos hombres encapuchados entraron en la casa del exdirigente y rebuscaron entre sus papeles y documentos dejando maniatada a su familia.

Qué más se necesita para hacer una película o un buen libro con trama de acción y suspense, una buena historia si no fuera que esto es real. Estamos ante un caso de corrupción, extorsión y malversación nunca visto en nuestro país. Los españoles parecemos anestesiados ante todas las noticias de este tipo, tanto, que cuando llega una más la asimilamos cómo algo normal. Llegamos al punto de que no nos percatamos que estos espionajes son tan públicos como los hospitales, financiados por todos los ciudadanos.

En conclusión, España necesita una regeneración real de su clase política. Mientras tanto, sigamos disfrutando de la película.

Rodrigo Panero es Consultor en Gala Political Center.

 

 

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