20 de septiembre de 2021
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FIN DE SEMANA
Patio de columnas

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José Francisco Roldán

Contumancia

"Después de superar un año trágico, algunos gobernantes siguen ocultando datos sobre la pandemia"

La ofuscación es mala consejera, sobre todo en caso de error porque supone mantener una postura que puede resultar perversa para la sociedad. Después de superar un año trágico, algunos gobernantes siguen ocultando datos sobre la maldita pandemia confiando en el hartazgo y olvido de gente afectada por numerosos asuntos de calado social.

La mentira pertinaz se ha convertido en moneda común para driblar envites muy graves. Los malabaristas de la opinión, siguiendo el guión macabro de quienes tienen el poder y los dineros, entretienen la atención con variadas ocurrencias, que no hacen más que dejar en ridículo a los incompetentes enardecidos por la sensación de impunidad. Siguen sin contarnos los muertos, tampoco la enorme cantidad de engaños desarrollados para adquirir materiales de protección o instrumentos destinados a tratar la enfermedad. Han procurado difundir cifras globales para no tener que explicar la incidencia real en residencias y centros de mayores, donde la mortandad ha sido impresionante.

En plena campaña de vacunación mantienen el embrollo infumable de la distribución por marcas y modelos. De algún modo, al menos esa es la impresión, se dedican al despiste sobre las bondades, riesgos o dificultades de administrar unas u otras, lo que parece una lotería perversa en la que cada grupo de edad o colectivo resulta agraciado o perjudicado.

Los nuevos reyes de taifas hispanas persisten en la idea absurda de repartir al personal, como mesas o sombrillas con criterios aleatorios, distintos, sin justificación objetiva. Nos siguen colando trolas y dejando en evidencia su poca calidad moral cuando algunos se saltan sus propias prohibiciones, lo que redunda en una falta absoluta de credibilidad. Muchos ciudadanos han perdido el control de la verdad, porque no se consideran capaces de encontrar datos objetivos, como si de una especie en peligro de extinción se tratara. 

"Muchos ciudadanos han perdido el control de la verdad, porque no se consideran capaces de encontrar datos objetivo".

Ese contumaz comportamiento desorienta a quienes pretenden reclamar respeto, dignidad y sentido común. Cuando intentamos entender los grandes asuntos de la geopolítica internacional, huérfanos de información veraz y contrastada, una avalancha de falacias caen como gases lacrimógenos para impedir que veamos con claridad restregándonos los ojos escocidos. Porque la mentira oficial está haciendo mucho daño. Y en esa historia larga y tortuosa que nos mantiene engarzados al norte de África hay información contrastada, que se solapa con arengas engañosas disimulando traiciones, desprecios y olvidos inconfesables. El equilibrio diplomático nunca es justo porque coloca contrapesos manipulados en la romana del tiempo. No siempre los pueblos suelen ser bien representados por sus políticos o grupos de presión social, económica o militar. Quienes manipulan las balanzas, en ocasiones, no favorecen a sus naciones, que deben sufrir las consecuencias de semejante estraperlo de sinceridad. Y para distraer opiniones desorientadas esos gurús de la trola colectiva inventan dramas o vodeviles infectos.

La contumacia en la interpretación de nuestra historia nos lleva a reducir el campo de conciencia para escondernos en horizontes cercanos, donde se afrontan los modos de sobrevivir, mantener protegidos a los propios, progresar en el bienestar al que tengamos acceso y mirarnos con la sana intención de aguantar los embates de la vida o de la muerte. Por eso, porque lo necesitamos para mantener sana la conciencia, orientamos inquietudes a la delincuencia tradicional, ese tipo de composturas a ras de suelo donde unas personas se empeñan en sacar dinero engañando a los demás con trucos menores. La estafa, por tanto, es el recurso de quienes pretende rentabilizar una puesta en escena.

Hay que estar vigilantes para no regalar datos bancarios a quienes ofrecen ventajas muy apetecibles, que llaman la atención de los descuidados. En estas fechas, los timadores están llamando a empresas y comercios ofreciendo la posibilidad de tener anuncios en revistas oficiales. El modo de captar la atención de sus potenciales víctimas es simular condición de policías o instituciones de la administración. El interlocutor ofrece precios para mostrarse en publicaciones diciendo que son policías. No dudan en enviar con sutileza la idea de que es bueno colaborar con esos cuerpos de seguridad porque pueden evitar alguna represalia en caso de negativa o apelar al cariño que se merecen esos servidores del Estado.

No es correcto aparentar lo que no son, pues se trata de agencias publicitarias relacionadas con editores de revistas profesionales que obtienen muchos beneficios con semejante treta. En realidad no difieren demasiado de los otros estafadores sociales prometiendo lo que no cumplen, elemento esencial para la estafa. Hay quienes anuncian ayudas para captar afectos y voluntades, pero a la hora de la verdad se quedan en humo para ocultar imágenes más nítidas. No debemos dejar que nos engañen con el  falaz ejercicio de la contumacia. 

El Cierre Digital no se hace responsable de las opiniones vertidas en esta sección que se hacen a título particular.

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