15 de abril de 2024
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FIN DE SEMANA
Patio de columnas

Patio de columnas

Pilar Redondo

El idioma de los ángeles

/ El grupo participante en la visita.

La cultura dio sentido a sus vidas y contribuyó a conjugar todas sus virtudes. Razones para vivir. Proceso de construcción personal. 

Esto es el alma de una de las sagas de creadores más relevantes de Córdoba, hablo de la familia Romero de Torres. Llegado este momento se puede presuponer que voy a centrarme en el miembro que eclipsó a todos los demás, Julio, pero no, sino en Enrique. Vino al mundo el 20 de enero de 1876 y lo abandonó el 21 de mayo de 1956. Fue al igual que toda su familia un mecenas de la Ciudad Califal.

Enrique, injustamente es el gran desconocido. Personalmente ha sido un gran placer poder bucear en su figura y redescubrirla. 

En su pincel se vacía la luna llena que inventa el hirviente idioma de los ángeles sin protocolo. Pintar sobre la hoguera en la que la cicatriz se desnuda anunciado el silencio que mantiene la vigilia. Su paleta cobija las cenizas del fuego de Prometeo. En su trazo el amanecer se demora en brazos del acolchado recuerdo. Esta es la esencia de su pintura.

Era arqueólogo, tenía gran prestigio como ilustrador, escritor y sobre todo como pintor, y es que tuvo como profesor a su padre: Rafael Romero Barros.

En Madrid en la Exposición Nacional de Bellas Artes del año 1901 presentó su obra "Cercanías de Córdoba", fue premiado con la medalla de bronce. Tres años más tarde en la misma exposición participó con su cuadro "Camino de los Villares" con el que también obtuvo el tercer puesto.

Publicó notables trabajos de investigación histórica, tan relevantes como los de Valdés Leal, que con su persistencia logró rescatar los lienzos que se custodiaban en el Convento del Carmen Calzado. También realizó estudios críticos de arte.

En la Capital de España desarrolló parte de su vida laboral, fue director artístico de la revista: "La Gran Vía", que estaba dirigida por Salvador Rueda. También trabajó como dibujante en: La Correspondencia de España", y en "La Ilustración Española y Americana".

Su padre ejercía como profesor de la Escuela de Bellas Artes de Córdoba. Tras el fallecimiento de su progenitor en 1895, Enrique regresó a la que fue Ciudad Luz de Occidente para hacerse cargo del puesto de trabajo que ocupaba Rafael Romero Barros.

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Pilar Redondo en la exposición de Enrique Romero de Torres.

Enrique fue director del Museo Provincial de Bellas Artes alrededor de treinta años. En ese periodo temporal empieza su resurgir profesional, ocupa puestos de trabajo de responsabilidad en la Cátedra de la Escuela Provincial, en la Delegación de Bellas Artes, y en la Comisión de Monumentos. Fue miembro de las Academias de: Madrid, Sevilla, Córdoba. Para mí ha sido un honor poder profundizar en la historia vital de Enrique.

Sus cuadros están realizados para satisfacer los sentidos. Algunos de ellos podríamos decir que implican un viaje de ida y vuelta, afirmación e identidad personales. Fecundo universo creativo, reescribir los códigos, desmontar al artista para encontrar al ser humano.

El edificio del siglo XVI que hoy acoge los Museos de Bellas Artes y el de Julio Romero de Torres había sido anteriormente el Hospital de la Caridad. Su padre comenzó una valiosa colección particular de piezas arqueológicas, de la que Enrique después se hizo cargo.

Siendo alcalde de Córdoba José Cruz Conde, el 14 de junio de 1924, nombraron a Enrique asesor artístico  del Ayuntamiento, este trabajo lo abandonó en 1926, en mayo, por no poderle dedicar el tiempo necesario. Tras la muerte de Julio Romero de Torres el 10 de mayo de 1930, su hermano Enrique pone en marcha en 1931 el Museo de Julio Romero de Torres con las obras que la familia había donado a la ciudad cordobesa, que en 1936 fue ampliado.

La familia era para él la esencial unidad de la existencia humana. Con la muerte de su hermano Rafael la vida le colocó un certero rejón. Una ausencia siempre presente. Talar el exilio interior... 

Enrique era un hombre polifacético, siempre estaba inmerso en varios proyectos culturales al mismo tiempo, le faltaban horas al día para sacar adelante tantas ocupaciones. Fue delegado de la Comisión de Monumentos Históricos y Artísticos para la inclusión en el Tesoro Artístico Nacional de la parte vieja de Córdoba. En 1946 tuvo que dejar su puesto de Comisario Provincial de Excavaciones Arqueológicas, del que había tomado posesión el 10 de enero de 1940. A la muerte de su padre en 1895, él entró a trabajar como conservador restaurador del Museo de Bellas Artes de Córdoba.

Esta ha sido una familia de insignes intelectuales que recuperaron importantes piezas que hubieran acabado en el expolio. 
Algunos de sus reconocimientos:
* Hijo Predilecto de Córdoba, 1943.
* Gran Cruz  de Alfonso X el Sabio, 1955.

Agradecer a las Jornadas de Patrimonio por permitirme participar en tantas y tan interesantes actividades, entre ellas: El patio de la familia Romero de Torres. Gracias a Marta que fue nuestro faro, para iluminarnos y guiarnos en la buena dirección. Descubrimos bastantes "secretos e incógnitas" sobre esta ilustre familia. Tuvimos la dicha de poder visitar una estancia que está cerrada al público: el almacén, donde nos deleitamos con los tesoros que allí se guardan. Algunos de ellos: fragmentos de columnas, brocal de pozo, capiteles dóricos, jónicos, corintios, un impresionante dios Baco yacente, etc.

Esto se complementa con una exposición que se encuentra en el Museo de Bellas Artes, titulada: Enrique Romero de Torres: una vida de museo.

"Las pinturas tienen una vida propia que se deriva del alma." (Autor: Vincent van Gogh).

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