20 de agosto de 2019
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EDICIÓN VERANO
Patio de columnas

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José Ángel San Martín

La generala es un general

La flamante generala de Brigada del Ejército español Patricia Ortega es un general. Por regla general, el pimpante lenguaje inclusivo invitaría a llamarla generala. Pero resulta que generala tiene tres acepciones que, traídas al caso, resultan tres auténticas decepciones.

La primera describe generala como el toque con tambor, corneta o clarín para que la soldadesca se ponga a las armas. La segunda acepción emparenta con una advocación, la de la Virgen Generala de los ejércitos argentino y boliviano. Y la tercera reconoce como generala solo a la mujer del general. Triple e insuperable impedimento.

Junto con la banda roja recibida por la general Ortega, el Ministerio de Defensa debiera haberse defendido dictando un bando explicativo de tamaña incoherencia idiomática. Ahora que fluyen y confluyen ministros y ministras, fiscales y fiscalas y políticos y políticas, la generala se topa de bruces con el genérico. Y este “masculinato” es recibido con general aceptación entre la tropa y los mandos.

La primera generala del Ejército español es un general llamado Patricia. Regresa el debate entre patricios y plebeyos del castellano. Los patricios se alinean con Patricia. Son los exquisitos de la triple acepción con devastador efecto de decepción.  Los plebeyos reivindican el “femeninato”. Solo si estuviese casada con un general, la general Ortega sería generala.

Consciente de encontrarse tras los barrotes carcelarios del idioma, la general cuyo ascenso ha sido generalmente bien acogido por la sociedad finalizó su discurso con un definitivo: “Estoy listo”. No lista. Pásmense si lo desean. Y Almodóvar buscando diálogos estrafalarios para su próxima película.

Patricia Ortega es, pues, un general que está listo para mandar una parte del Ejército. Aunque lo primero que desearía es mandar a freír espárragos la ridícula falta de concordancia de género que la inviste general y no generala. La general Patricia sí es, en cambio, ingeniera agrónoma, madre y esposa. Aquí el equívoco castellano la ha indultado.

La general Patricia ya fue en 2009 la primera teniente coronel del Ejército de Tierra. Porque coronela solo puede ser la esposa del coronel o algún tipo de culebra. La ministra (no la ministro) Margarita Robles ha recordado que la no generala, sino general, ha conseguido su cargo en base a su mérito y capacidad, no a cupos. A nadie le cupo duda que era cierto.

Ya dejó escrito el clásico que la guerra es demasiado importante como para dejarla en manos de los soldados. Lo que no previó el clásico es si esa soldadesca debería ser mandada por un general o una generala que no fuese la propia esposa del general. Máxime si el general se llama Patricia. Y confiesa estar listo para mandar.

@JAngelSanMartin

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