21 de octubre de 2021
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FIN DE SEMANA
Patio de columnas

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José Francisco Roldán

Justificación ética

"Basta ya de ignorar las demandas justas de los ciudadanos reclamando justicia rápida y eficiente".

Hemos conocido actitudes que nos obligan a interponer justificación para explicarlas. La mayoría trata de acomodar sus actos al paradigma de lo ético, como lo ha vivido en su entorno familiar, y sirve de referente de un talante digno. No todos partimos de conductas adaptadas a lo cabal, y algunos intentarán disimular como si tuvieran cualidades éticas al uso.

Buena parte del catálogo de éxitos lo acaparan descarados y sinvergüenzas. La mayoría de la gente educada y correcta oferta una inferioridad escandalosa, precisamente, porque desea mostrarse con mesura y honradez. No es rentable ser cortés y honorable en un mundo de traidores aprovechados, que ignoran todo lo que se acepta como ético, para extraer ventajas con su desmedida avaricia. No es preciso mirarse en referentes políticos, donde la moral suele resquebrajarse con facilidad, sino buscar en el entorno más cercano, donde los peores avasallan a quienes se muestran retraídos o ceden el paso con naturalidad.

La mayoría de los ciudadanos considera adecuado que la legislación, ese corpus normativo que regula la convivencia, se adapte a las exigencias éticas y morales admitidas como correctas. Nadie puede entender, sobre todo los seres obedientes y honestos, que una ley pueda ofender a sentimientos éticos de una sociedad, que se precie de ser moderna aspirando a alcanzar las máximas cotas de bienestar. Nuestra tradición legislativa está anclada en la herencia que Roma difundió por medio mundo. Pero no siempre se ha considerado ético lo legal, como estamos comprobando en estos días más oscuros, donde el fracaso del Estado llega a extremos dramáticos.

Los que deciden sobre la vida y hacienda de los demás, que no se ven afectados por los problemas más comunes, se esconden en las cortinas de lo legalmente correcto, sin verse sometidos a la reclamación justa de las víctimas atropelladas por los transgresores de la convivencia. Los vacíos normativos o las carencias interesadas dejan desamparados a quienes necesitan protección, porque el legislador de turno presta atención a otros asuntos, absolutamente alejados de la urgencia social, donde la vida y la seguridad exigen de inminentes respuestas.

Habrá que esperar que ese ser abstracto, encargado de redactar, aprobar y promulgar leyes, sufra en sus carnes las consecuencias de tanta indolencia. No estaría mal que los responsables de hacer cumplir las leyes, olvidando imperativos éticos y morales, caigan en manos de quienes asaltan normas de convivencia. Mientras tanto, los que padecen esa aparente pasividad deberían preocuparse de los más débiles sin perder tiempo escudriñando el texto de ese artículo que no les permite tomar medidas o dilatan la respuesta que debería ser inmediata por no se sabe muy bien qué razones.

"Habrá que esperar que ese ser abstracto, encargado de redactar, aprobar y promulgar leyes, sufra en sus carnes las consecuencias de tanta indolencia": 

La delincuencia más agresiva se apodera de muchas calles de España sin encontrar resistencia desde los poderes encargados de protegerlas. Los que esquilman la propiedad ajena, ya sea amenazando, agrediendo o usurpando, tienen la maldita sensación de impunidad que tanto desangra la paz social. Los que calumnian e injurian a las instituciones del Estado se mofan de todos los que no forman parte de su banda ideológica. Quienes ofenden a las víctimas del terrorismo homenajeando a los asesinos se aprovechan de esos resquicios legales para practicar ignominias. Se olvida esa justificación ética, que debería informar decisiones oficiales.

Una caterva de incompetentes sigue imponiendo pretextos para no cumplir con su obligación legal; no es posible entender que se sigan ocupando viviendas, y los autores se apoderen de efectos y recuerdos familiares sin que los poderes del Estado intervengan con inmediatez y eficacia. Basta ya de ignorar las demandas justas de los ciudadanos reclamando justicia rápida y eficiente. No se puede considerar aceptable que actos delictivos y pertinaces no reciban retribuciones legales adecuadas. Los profesionales del delito, sobre todo los más agresivos, mayores o menores, no pueden estar paseando libremente imponiendo sus normas y haciendo imposible la sana convivencia. La ley debe tener una justificación ética.

El Cierre Digital no se hace responsable de las opiniones vertidas en esta sección que se hacen a título particular.

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