07 de octubre de 2022
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FIN DE SEMANA
Patio de columnas

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Felicísimo Valbuena

El 'caso' Macarena Olona

Macarena Olona.
Macarena Olona. / Ex portavoz de Vox en Granada.

Macarena Olona es, por ahora, el último caso en que un abogado del Estado se pasa a la política y acaba fracasando. Quiero preguntarme cuál es la fuente de tantos fracasos.

¿Casos anteriores? Los más próximos y llamativos, Soraya Sáez de Santamaría y María Dolores de Cospedal, ministras. Leopoldo González-Echenique y Laura de Rivera García de Leániz, presidente y secretaria general de Radiotelevisión Española.

Sáez parecía que iba a desempeñar el puesto de representante del Estado en Cataluña, con oficina y todo, y al final resultó ser una política que no tenía ni idea de cómo enfrentarse a los problemas. Un fiasco en toda regla.

María Dolores de Cospedal era secretaria general del PP y ministra de Defensa. Cuando llegó la hora de convocar unas primarias para elegir nuevo presidente, no sabía ni cuántos militantes tenía el partido del que era secretaria general. Otro fiasco que hizo pasar vergüenza ajena porque parecía que la estructura del PP era de confeti, de papelillos.   

En cuanto a Leopoldo González-Echenique y Laura de Rivera García de Leániz no supieron poner orden y sentido en RTVE. Un gran fracaso; González-Echenique creía que la fórmula mágica era que el Gobierno inyectase más y más millones. Como diría Humphrey Bogart en El sueño eterno: "Por esa información no dan ya ni cigarrillos".

Macarena Olona, gran oradora, dio la espantada

Macarena Olona llevaba una gran velocidad de crucero como política. O al menos, eso parecía. Dominaba tan bien la oratoria que ocupaba uno de los tres primeros lugares de todo el Parlamento. En diversas ocasiones, fustigó y se rio del ministro Félix Bolaños; en realidad, lo tenía fácil: Es el ministro más boquirroto de toda la democracia y además, empeora y degrada todo lo que aborda.

Y sin embargo, esta diputada dio la espantada. 1) Abandonó su puesto en el Parlamento andaluz; 2) rompió la promesa pública de que iba a seguir en su escaño; 3) dijo que se iba a reponer de un problema de salud y 4) aseguró que volvía a la Abogacía del Estado.

Es decir, sus votantes han comprobado que tiene poco caudal. Eso de romper una promesa que un político hace a sus votantes acaba siendo muy perjudicial para el político y para su partido. Lo de padecer un problema de salud es dudoso. Desde luego, su recuperación ha sido espectacular. Hizo varias etapas del Camino de Santiago y ahora está impartiendo conferencias en varias Universidades. Y eso de que se va a incorporar a la Abogacía del Estado, no es verdad. Cuando parecía que sí, los hechos demuestran que no. Ha vuelto a pedir la excedencia hasta diciembre.

Se vuelve a repetir aquí el caso de Soraya Sáez: después de perder las primarias ante Pablo Casado, aseguró que seguía en política. Falso: Muy poco tiempo después, se incorporó a un bufete de abogados.

Olona no logró en Andalucía los diputados que Vox esperaba obtener en las elecciones autonómicas. ¿Y sólo por eso forma un lío?

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La expolítica Macarena Olona.

Mi interpretación del fracaso de los Abogados del Estado en política con mayúsculas es ésta: Se trata de personas que no conciben una travesía del desierto. ¿Es que Churchill, Ben-Gurión o De Gaulle no perdieron elecciones? Muchas veces se aprende más del fracaso que del éxito.

¿Y por qué los abogados del Estado no conciben la travesía del desierto?

Porque son "del Estado", forman parte de un "cuerpo superior", etc. En realidad, "Estado"  es una palabra demasiado elevada como para que se junte al término "abogado". Un Gobierno que mire la realidad de frente debería sustituir "Estado" por "Administración" y que el sintagma resultante fuera: "Abogados de la Administración". Cada vez que un abogado del Estado sale a la luz pública, ofrece motivos para que los contribuyentes nos planteemos por qué hemos de seguir llamándolos así.

Otros prefieren hablar de "cuerpo superior". Les agradeceríamos mucho que presentasen su argumentario para que nos convenzamos de que son superiores. Mientras tanto, creo que es muy prudente mantener la afirmación de José Luis Aranguren: "Yo nunca llamaré 'Magnífico' a un Rector, por muy magnífico que sea".

Los abogados del Estado forman un cuerpo de privilegiados en el que se les permite, al 50 por ciento de ellos, estar en política o en la empresa privada, no dedicados a las tareas propias de su cuerpo. Pueden volver a su puesto cuando quieran, después de estar fuera cuantos años deseen. Y realizan labores que pueden ir en contra de las funciones de su cuerpo: protegen los intereses de las empresas y bufetes a los que sirven, no de todos los españoles. Los privilegios de los que gozan forman una estructura que facilitan la soberbia, la vanidad o cosas peores.

Los privilegios estructurales de los abogados "del Estado" son un escándalo de proporciones cada vez más increíbles.

El futuro de Macarena Olona

Para hablar del futuro de Marcarena Olona me valgo de una distinción de Gustavo Bueno.

El campo efectivo del presente y del futuro político de Olona es in-fecto, no acabado. Los abogados del Estado creen que los problemas se resuelvan hablando bien. El caso más llamativo fue el de Soraya Sáez. Ahora, el de Olona. Pues no, hablar bien es muy importante, pero no resuelve los problemas sino que sirve también para ocultarlos. Hacen falta las operaciones que convierten el contenido de las palabras en realidades. "Predicar no es dar trigo".

El campo intencional o ideal de Olona es el que alcanzará su perfección cuando sus operaciones saturen las palabras de sus planes y programas. "Obras son amores y no buenas razones".  

Marcarena Olona está pasando una crisis. Y una crisis de libro. No de un libro de psicología sino más ambicioso. Este año se cumplen cincuenta de la publicación de una obra no muy extensa, pero sí muy notable: "El ejecutivo en crisis", de Eugene Emerson Jennings, uno de los consultores de empresas más prestigiosas.

Para Jennings, las crisis de un ejecutivo -en este caso, de una política como Olona- pueden ser: 1) la de quien se cree superior a quien tiene mando sobre él; 2) la de quien se cree superior a la organización en la que trabaja -en este caso, el partido Vox- y 3) la de quien tiene problemas de su yo.

Tal como están sucediendo las cosas, Olona va a choque con Abascal. Está dando muestras de que se ve superior a él. En un debate de las elecciones autonómicas andaluzas, se dirigió a Moreno Bonilla con la superioridad vacua de un abogado del Estado; ahora le está ocurriendo lo mismo: anuncia que, después de una conferencia a los estudiantes de la Universidad de Murcia, se dirigirá a Abascal para… da lo mismo el contenido, porque lo que ella establece es un marco de superioridad.

También puede mostrarse superior al partido: Por los medios nos enteramos de que se lleva mal o no se trata con Buxadé ni con Ortega Smith. Vuelve a repetirse la pauta de otra pareja de abogados del Estado que se llevan mal: Sáez de Santamaría y Cospedal estaban en conflicto continuo. Lo mismo les ocurre a Olona y Buxadé.

En resumen: Olona puede hacer un gran daño a Vox y a la derecha en general

Olona tiene un gran problema con su yo

Hasta ahora, Olona ha podido mostrar una "identificación"; sabe hace bien su trabajo, goza con él y sólo secundariamente piensa en llegar a ser jefe y establecer los objetivos a largo plazo del partido. Ahora, ella está mostrando una "asociación": acaba el trabajo las elecciones andaluzas y deja libre el peso de sus obligaciones. No está motivada por la satisfacción de lo que ha realizado sino por recompensas secundarias, como poder, status y prestigio.

Cuando surge una crisis de separación en el político identificado, al estar íntimamente unidos su estilo de vida y su estilo político, puede desencadenarse una crisis total del yo. Incluso, al cambiarse de compañía le supone una sensación de fracaso (como sería cambiarse de partido o fundar uno nuevo).

Olona es muy aficionada a hablar. En estos momentos, su palabra no está respaldada por sus hechos. Lo que escribe con los dedos lo borra con el codo. El filósofo Heráclito afirmaba que nadie puede bañarse dos veces en el mismo río. Lo mismo ocurre con la palabra de Macarena.

Lo mejor para Olona sería que se replanteara el sentido de su vida. No precisamente desde categorías psicológicas sino políticas. ¿Qué está dispuesta a hacer para llevar a cabo planes y programas? Personalmente, creo que tiene potencial para resolver sus crisis. Siempre que no haga tanto caso a los periodistas que magnifican las aparentes derrotas. Unas elecciones no son el fin del mundo.

Finalmente, dejo aquí planteada una cuestión importante: ¿Se imagina el lector qué ocurre cuando los más altos directivos de un partido dejan escapar a una de las personas más valiosas? Es lo que Abascal debería plantearse sobre Macarena Olona.

El Cierre Digital no se hace responsable de las opiniones vertidas en esta sección que se hacen a título particular.

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