16 de junio de 2019
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FIN DE SEMANA
Patio de columnas

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José Ignacio Herce Álvarez

Tauromaquia y mundo rural

En los últimos tiempos no se para de hablar del mundo rural y, generalmente, se suele  hacer para referirse a  temas relacionados con  la caza, la pesca y otros usos tradicionales. Pero hay uno de ellos que por alguna razón parece desligarse de este grupo y solo se toca de manera  colateral, me estoy refiriendo a la tauromaquia o según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua, a  “el arte de lidiar toros”.

Craso error por cierto puesto que el mundo del toro está íntimamente ligado al rural desde varios puntos de vista como serian el económico, el socio-cultural y evidentemente el ecológico. Hablar de toros de lidia parece trasportarnos a un mundo cerrado, de alguna manera elitista…cuando en realidad estamos hablando de un fortísimo sector económico con un gran enraizamiento en la cultura y el sentimiento de popular.

Hace ya mucho tiempo que la tauromaquia está en el punto de mira del sector animalista y, como suele suceder en otros casos, de ciertos partidos políticos que desde el poder están intentando acabar con nuestra bien llamada “fiesta nacional”.

Como suele suceder habitualmente, estos sectores animalistas reducen su ataques a afectar a las conciencias de nuestros conciudadanos mediante mensajes llamativos unidos a la sangre y el sufrimiento de los toros, mientras que desprecian el sufrimiento de un pobre pollo en la cadena de producción de las granjas avícolas para consumo humano o el de una inocente lechuga cuando es cortada  por el correspondiente vegano dispuesto a dar buena cuenta de ella porque….la lechuga también es un ser vivo ¿o no?

Pero alejémonos de filosofías baratas que no llevan a ninguna parte y veamos que aporta la tauromaquia a nuestro tan traído y llevado mundo rural y que parece que estos críticos no acaban de ver.

Comenzaremos abordando el tema económico y para ello me remitiré a lo dicho en el II Congreso Internacional de Tauromaquia celebrado en Murcia el pasado mes de octubre de 2018,  por la Asociación Nacional de Organizadores de Espectáculos Taurinos (ANOET), según la cual los toros tuvieron un impacto económico de 4.500 millones de euros en 2017, lo que supone un 0.36%  de PIB.

Según esta fuente, durante ese año se celebraron en nuestro país un total de 19.882 festejos taurinos, de los cuales el 92.3 % corresponden a festejos populares. Estas cifras nos dan una buena idea de lo que este sector representa para la economía nacional en general y del mundo rural en particular. Pese a ello el sector está pasando momentos muy difíciles por la presión de estos sectores animalistas cuya voz se está no solo oyendo sino escuchando por diferentes grupos políticos en el poder que se han puesto a la cabeza de conseguir la prohibición de la  fiesta no solo a nivel local sino incluso a niveles autonómicos como el caso de Cataluña, donde estuvo prohibida  desde 2012 hasta 2016, lo que está consiguiendo una reducción del número de festejos, que lleva aparejado menos público y menos publico significa menos ingresos y la cadena sigue hasta llegar a nuestro mundo rural que es de  donde provienen y viven los toros de lidia, dejando entremedias todo un sector afectado por este problema. La fiesta nacional no es solo una tarde de toros, es mucho más, son miles   de personas ( según Lamet, más de 15.000 solo en las explotaciones) con sus correspondientes familias las que están dedicadas a que esas tardes salgan adelante, agricultores, ganaderos, toreros, apoderados, empresarios, carniceros, restauradores y un largo etcétera de profesionales que se ven afectados por estas decisiones políticas contra el sector.

Defender lo taurino desde el aspecto cultural es de lo más fácil, y para evitar entrar en controversias, me basare no en los argumentos al uso, sino en una serie de afirmaciones del Tribunal Constitucional, que en principio no parece sospechoso de partidismo. En esta línea se ha posicionado en diferentes ocasiones, como en   la sentencia del 18 de enero del 2017, en la que afirma al hilo de otros temas que “Es cierto que en nuestro país la tauromaquia (las corridas de toros), constituye una tradición y forma parte de nuestra cultura”.

Y no queda ahí la cosa ya que en  su sentencia de 2016 por la que se anuló  la prohibición de las corridas de toros en Cataluña, llega a afirmar que «las corridas de toros y espectáculos similares son una expresión más de carácter cultural» y se refiere a ellas como un «fenómeno histórico, cultural, social, artístico, económico y empresarial».

Si a estas afirmaciones de un órgano imparcial le sumamos que el Estado español ha declarado formalmente la crianza del toro de lidia y sus usos tradicionales como patrimonio cultural, entiendo que esta parte está suficientemente justificada.

Y nos queda solamente ver la importancia de la tauromaquia a nivel ecológico, por utilizar la terminologia de moda. Las dehesas son la base de la ganadería brava ocupando más de 500.000 has dedicadas a ello en nuestro país, lo que asegura su perfecto mantenimiento en armonía con el resto de especies que conviven allí,  a la vez que tambien da un  uso a áreas normalmente carentes de otro aprovechamiento, ayuda a la preservación de un ecosistema único.

Al igual que la caza, la existencia de estas explotaciones ayudan  a mantener  la población rural de la zona donde están ubicadas lo que contribuye a frenar el temido abandono de nuestros núcleos rurales.

Y por supuesto, la tauromaquia es la base para el mantenimiento de la raza de lidia, que según Borja Cardelus, director de la Fundación Toro de Lidia, debería ser considerada como “raza de razas”.

Como podéis ver, razones para defender la tauromaquia sobran pero, ¿es justo achacar todas las culpas del aparente “declive ·” de la fiesta nacional a los animalistas y políticos?

Juanma Laumet hace unos años fue muy  claro a este respecto al afirmar “El toro está enladrillado y en caída libre, y si los profesionales taurinos siguen haciendo el Don Tancredo esto no hará sino empeorar”.

¿Hay que cambiar el modelo taurino que tenemos en este momento? , quizá tengamos que mirar hacia Francia, nuestro país vecino que está haciendo todo lo posible para engrandecer el mundo de las corridas de toros en ese país. Allí no se esconden de ser  taurinos, todo lo contrario, las han incorporado a su cultura y se enorgullecen de ello. Los festejos taurinos ocupan un lugar primordial dentro de las localidades francesas, las autoridades los apoyan, el aficionado las vive y las siente como en la España de hace años.

Me recuerda a la caza en nuestro país a mediados del siglo pasado, cuando se vivía de una manera intensa, había un mundo a su alrededor de amistad, camaradería, sentimiento…ahora todo se va perdiendo y con los toros está pasando lo mismo…quizá en esta ocasión y sin que sirva de precedente, tendríamos que aprender de nuestros vecinos.

Hay mucho que analizar para comprender la situación actual del mundo de toro en España, la desunión del sector, la fusión en algunos casos de los tres pilares de la fiesta: el ganadero, el empresario y el apoderado……… ¿quizá sea necesaria una reconversión del sector?

Jose Ignacio Herce Álvarez

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