22 de mayo de 2019
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FIN DE SEMANA
Patio de columnas

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Juan Pérez de Mungía

El discurso de la sinrazón

Una estrategia recurrente para imponerse en la opinión pública y prevalecer sobre otros es la de atribuirle opiniones y declaraciones que no ha hecho, y que, incluso, son contradictorias e inconsistentes con la evidencia mas elemental y la biografía de aquellos a quienes se ataca. Este comportamiento que se observa  en la conversación diaria de atribuir a otro haber dicho lo que no dice, y de pensar lo que no piensa es moneda común en la política, en especial, de aquellos partidos y organizaciones que se dicen progresistas. Consagraba el derecho romano: el pensamiento no puede delinquir. Pues aquí sucede que se condena de antemano no por lo que alguien haga, tampoco por lo que podría declarar y no declara, sino por lo que pueda pensar que no ha dicho. Cualquier barbaridad vale. Así se dice de Vox y secundariamente del PP, que sus propuestas "Son propuestas de una sociedad fascista que no reconoce a las mujeres como sujetos de derecho". ¿Que propuestas? Demonizar y exorcizar es una forma racional de oponerse a quien se etiqueta de enemigo.

A estas alturas, nadie debería dudar de que buena parte de los discursos que se prodigan responden a intereses espúreos de los individuos y organizaciones desde las que se emiten, no a una defensa de valores que podrían ser humana y políticamente discutibles, pero perfectamente aceptables en una democracia avanzada. Una de las manifestaciones mas conspicuas de este estado de cosas es el conjunto de organizaciones sociales que viven del erario público y que no solo no contribuyen a la creación de riqueza, o a la resolución de conflictos, sino que destruyen y usufructuan la riqueza de todos, o se empeñan en crear conflictos allí donde no existían. Además de ocultar sus motivos, ademas de hacer una defensa ideológica y cerrada de sus postulados sin atenerse a una discusión racional de la evidencia, tratan de falsificar la experiencia de todos y cercenar cualquier reflexión. Con el conocido argumento ad hominen, se empeñan en atacar el juicio y la opinión de otro apelando a una palabra que de puro repetirse ha venido, por desgracia, a perder su contenido semántico. En este país, es fascista todo el que no me gusta. Y desde luego, de este modo, se redimen a los auténticos fascistas, los que tratan de imponer una moral totalitaria y amenazan con reocupar las calles y reventar las costuras de la democracia amenazando la vida de aquellos que han decidido etiquetar de enemigos.

Con ocasión de las elecciones de Andalucía estamos asistiendo a los discursos de los despropósitos, a las organizaciones pseudofeministas, a los neocomunistas del leninista Pablo Iglesias, a los prohombres patrios del socialismo sanchista que se han olvidado de la propuesta universalista del socialismo y la socialdemocracia clásicas que acuñaron la naturaleza unitaria del movimiento obrero, y la universalidad del ser humano. Se han lanzado en tromba contra la democracia. Se lanza contra la democracia quien no acepta el voto popular, quien cuestiona la participación y la representación política, quien niega la palabra al oponente y le designa como enemigo, quien le envía amenazas, quien rodea la casa de los defensores de las leyes y la democracia, quien incita y promueve la violencia y quien lanza a sus fuerzas de choque a la calle. Reocupar la calle, para hundir la democracia. Este es el tipo de política de los irredentos totalitarios de nuestra inmensa patria. Llegan los bárbaros, la ultraderecha decide, son expresiones dulces de este tenor. Las amargas esperan a la puerta de la incitación a la guerra civil convocando a la resistencia militante de quien de antemano ya se siente legitimado para imponerse mediante la violencia.

Una expresión delirante de ese discurso procede de las que ejercen de feministas. El feminismo hace tiempo que dejó de ser expresión del discurso de una mujer socialmente postergada. Solo sirve para alimentar las subvenciones públicas de ciertas instituciones y colectivos, criticar la alternancia política, y alimentar el conflicto social del que se alimentan sus arcas. Si de tener una identidad se trata, es obvio que si vas a decir de mí aquel que no soy, adoptaré el discurso que mejor represente mi oposición al tuyo. Vox habla de reconquista para poner el tono a una agresión anterior, a saber, la que existe entre la cultura social del pueblo español que queda postergada ante la permanente concesión a la desigualdad social y territorial, empezando por la amenaza real que representa la cultura de los inmigrantes que se niegan a naturalizarse en el pais y la amenaza de quien me dice que es ser hombre o que es ser mujer. Lo peor, sin embargo, no es que el doctrinarismo totalitarista de Iglesias, de muchos sociatas, y de las feministas radicales traten de imponerse sin argumentario, a gritos y con amenazas. Lo peor no es siquiera la ausencia de reflexión. Lo peor, sin duda, es la negación ad hoc de la evidencia.

Susana Diaz ha perdido las elecciones en Andalucía, las ha perdido para formar un gobierno. Pero Susana Diaz no representa ni mucho menos la cara mas amarga y oscura del socialismo sanchista al que se opuso, ni la cara mas amarga y oscura del radicalismo de las feminazis. Susana Diaz era pactista despues de haber heredado un partido trufado de corrupción y clientelismo político. Como ha perdido la presidencia de Andalucía, motivo es para hacer mas extremo el discurso del sanchismo renegando de cualquier veleidad pactista a la que Susana Diaz podía ser proclive. Y Susana ha formado una familia sin complejos cuando declaró de su marido que era un tieso. Sucede asi siempre; se impone el extremismo político cuando se trata de negar el derecho de otros a discrepar.

La negación de la evidencia se expresa en ocultar la evidencia de cual es la cultura del maltratador y el asesino, donde los inmigrantes están proporcionalmente sobrerepresentados. Para desconocer algo lo mejor es no obtener estadísticas ni examinar causas. La negación de la evidencia se expresa en cuantas leyes incentivan el desvalimiento de la mujer con pensiones de viudedad y orfandad que les disuaden de procurar por sí mismas. Esa cultura de la subvención de la mujer desvalida que les proporciona hijos, vivienda y renta para disfrutar con quien quieran. La negación de la evidencia es el tratamiento singular de la relación hombre-mujer cuando existe una violencia que se oculta en parejas homosexuales, consagrando en el Código Penal una criminalización del hombre por serlo. En el Código Penal solo está agravada la agresión del hombre sobre la mujer. La negación de la evidencia es el tratamiento diferencial de la competencia profesional reservando cuotas que cuestionan el crédito que tantas mujeres merecen por sí mismas. La negación de la evidencia consiste en creer que todos los hombres son iguales, y que todas las mujeres son hermanas.

El descrédito de las leyes es de tal magnitud que trae cuenta penalmente mas asesinar a una mujer que maltratarla, abusar de ella, o violarla. Se desviven los tribunales de justicia por no castigar los delitos sexuales mas que el homicidio. Pero pasa. Esa cultura de la subvención, de las casas de acogida que no procuran el desarrollo de la propia individualidad, que promueven la dependencia, que transforman a cada mujer maltratada en un icono de la reivindicación. Y toleran con el velamiento de la mujer y la ablación ancestral. Esa cultura de la educación que mientras genitaliza la infancia, desconoce el desarrollo de hombres y mujeres con un discurso de la sexuación, en lugar de un discurso de la ciudadanía. ¡Qué lamentable espectáculo de tantos y tantos programas televisivos que hacen de las mujeres un objeto!, y ¡qué lamentable espectáculo de tantas leyes, reglamentos y normas que consagran una identidad de género para promover una dependencia perpetua!. No es legítimo que el tratamiento legal de la violencia dependa por completo del sexo. La violencia no tiene ni sexo  ni seso, y no se justifica perdonarle a uno, lo que se le niega al otro. ¿Para cuando las leyes que acaben con todos los instrumentos de dependencia de las pensiones de viudedad y orfandad que se extienden como una mancha de aceite a mujeres y parejas, a individuos enseñados a vivir a costa de otro?. Saquense estos privilegios de los presupuestos públicos de la Seguridad Social.

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