23 de mayo de 2022
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FIN DE SEMANA
Patio de columnas

Patio de columnas

Elsa Martínez

Semana de Pasión y Gloria

Ha comenzado la Semana Santa más esperada después de dos años de pandemia, de sufrimiento y la emoción esta a flor de piel. Desde ayer Domingo de Ramos, España vive el inicio de procesiones, calles repletas de capirotes, cofrades, santos, cristos y vírgenes acompañadas de las clásicas “manolas” (señoras vestidas de negro y tocadas con la mantilla española de encaje) y olor a incienso, uno de esos aromas que nos embriagan entre campanadas y orquestas maravillosas en cada calle.

Las tradicionales saetas, en los balcones, y la vida inundan cada rincón, plaza, callejuela… nos trasladan a todos los tiempos y a ninguno, y la piel, que ya atisba el sol del verano, se prepara para asaltar playas y arroces de Levante o las tapas de casi todas las ciudades. Y es aquí donde quiero hacer un alegato que a muchos puede sorprender pero que yo, sinceramente, creo que es de obligado cumplimiento: amo la Semana Santa, así, a las claras, sin ambages y con decisión. Amo esas Piedad de Salzillo, los Cristos de mirada lánguida y alma candente, los ropajes y caperuzos de los miles de nazarenos que acompañan momentos para el recuerdo…. Los caballeros de estandarte, la competición de belleza de rostros de Julio Romero de Torres, o la cera, eterna cera que gotea por cada paso hasta el siguiente domingo, el de Resurrección.

Amo el fotomatón de estos días, los rostros de los famosos en esos HOLA, Diez Minutos, etc. de toda la vida… (sic, se echan de menos a Carmina Ordoñez y la Duquesa de Alba más que nunca en su Sevilla eterna…) Adoro a Jose Mari Manzanares, ahora el hijo, sacando el paso del Cristo de los Gitanos por las calles de Santa Cruz de Alicante, entre gentío, emoción, piel de gallina y un atardecer impresionante dorado cayendo sobre el Mar Mediterráneo. Me fascina cada paso de Castilla, en Soria, Burgos, Valladolid o Avila donde la Semana Santa se cubre de la solemnidad de las tierras del norte de la vieja Castilla y desprende los ímpetus del Siglo de Oro. O la Catedral de Santiago de Compostela, vibrante como nunca ante las visitas de los futuros peregrinos anticipando el Jubileo (este año toca.) Y por si fuera poco, esta Semana Santa tiene un precioso final con Luna Llena, precediendo una de las etapas mas bonitas del Cristianismo mundial: la resurrección de Jesus. Hoteles al 90 por ciento, turistas de todo el mundo, vida, brillo y por fin dinero para miles de familias que no han visto la luz durante dos largos años terribles.

Por fin, llegó, por fin se ocupan las calles y se va a tomar por saco la maldita “distancia social” que me repele y odio hasta la náusea . Y por fin, con el final de la Semana de Pasión, también se irá la mascarilla. Volvemos a la normalidad. Eso sí, espero que con este viaje, vuelva la cordura, la decencia, el honor, la lealtad, el sosiego y una España mejor; porque por ahora da pena ver que el mercantilismo más hueco y “fenicio”, digno del Mercader de Venecia, ha asaltado las conciencias hasta cambiarlo todo por el jodido dinero. Salud, compañer@s, que de lo demás tendremos que ocuparnos ya.

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