22 de abril de 2019
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FIN DE SEMANA
Patio de columnas

Patio de columnas

Gabriel Araceli

Todos contra la Monarquía

A la Historia de España pasó con todos los honores el año 1931, no en vano fue el año de la caída de la centenaria Monarquía de los Borbones y la llegada de la esperanzadora Segunda República. Lo contrario que 1930, que pasó sin pena ni gloria, si acaso por la dimisión del Dictador Primo de Rivera y la torpe maniobra de la "Dictablanda". Pero, para la intrahistoria galdosiana fue un año decisivo, porque, ciertamente, se produjo la estampida política más grande que se  había conocido en la zarandeada piel de toro ibérica. De pronto, y sin ponerse de acuerdo, todos se pusieron contra la Monarquía, desde los obispos a la Guardia Civil, pasando por conservadores, liberales, izquierdas, derechas, intelectuales y hasta las monjas de clausura.  Baste con recordar a Sánchez Guerra, Alcalá Zamora, Melquiades Alvarez, Ossorio y Gallardo, Cambó,  Santiago Alba, Azaña, Indalecio Prieto, Julián Besteiro, Largo Caballero, Lerroux, Unamuno, "Azorín", Ortega, Bergamín,  Sánchez Albornoz... y muchos más, que a lo largo del año se manifestaron contra la Monarquía ("Delenda est Monarchía") y se entusiasmaron con la Nueva República.
 
Sin embargo, el caso más curioso de todos los "cambios de chaqueta" fue el de Miguel Maura, el hijo del gran  Antonio Maura y hermano de Gabriel Maura,  Ministro del último Gobierno de Alfonso Xlll. Según cuenta él mismo en su obra "Así cayó Alfonso Xlll" hasta fue a despedirse de su Majestad y decirle que se "pasaba" al campo republicano. Pero lean su propia versión: 

"Bajaba el Rey diariamente al tiro de pichón, y habían convenido con mi hermano que nos recibiría, a las dos y media de la tarde, unos momentos en sus habitaciones particulares, mientras se cambiaba de ropa para ir a la Casa de Campo. Así se hizo. Un día de mediados de febrero pasamos a su habitación tocador, donde terminaba de vestirse. Estaba, claro es, Don Alfonso advertido por mi hermano del motivo de mi visita, que era oficialmente, el de despedirme de él antes de dar el paso al campo republicano.

Sin la menor ceremonia, nos recibió afectuoso. Y, después de saludar a mi hermano, se dirigió a mí diciéndome:

 -¿Qué te trae por aquí?
-Vengo, Señor -le dije-, a despedirme de Vuestra Majestad.

Hizo como si no comprendiera, y preguntó:

-¿A dónde te marchas?
- Al campo republicano, Señor -le constesté, un tanto molesto ante su actitud de no darse por enterado de algo que ya sabía.
-¡Estás loco! -exclamó-. A ver, explícame eso.

Con el menor número de palabras posibles, le dije que consideraba, tras la solución de la crisis a la caída de la Dictadura, perdida a la Monarquía; que mi deber era seguir el camino que había anunciado durante mis actuaciones públicas como inevitable, si acontecía lo que acababa de suceder; que no era prudente dejar solas a las izquierdas en el campo republicano, y que mi propósito era defender, dentro de él y desde ahora, los principios conservadores legítimos.

Me oyó atentamente y, al terminar, me dijo textualmente:

-Todo eso estaría muy bien si fuese cierta la primera premisa. Pero no lo es. Mientras yo viva, la Monarquía no corre ningún peligro -y, volviéndose hacia mi hermano y sonriendo, añadió: Après moi, le déluge...!

Traté de demostrarle que no era ésa la realidad captada en mis viajes por España, y en el contacto que llevaba establecido desde hacía más de dos años con las gentes de todas las clases sociales en mis conferencias.

-El ambiente que en todas partes he encontrado -le dije- es hostil, y, en el mejor caso, indiferente a la Monarquía. Mucho me temo, Señor, que antes de dos años se haya acabado la Monarquía en España.

El rey se echó a reír y, tendiéndome la mano, me dijo:

-Nada de eso. Bueno, no tardarás en convencerte de que estás equivocado y volverás arrepentido.

Y con esas palabras dio por terminada la audiencia.

Me retiré solo, porque mi hermano le acompañaba a la Casa de Campo.
Trece meses más tarde se cumplió mi vaticinio, y Don Alfonso, siempre beau joueur, desde su destierro de Fontainebleau escribió una carta a mi hermano Honorio en la que le encargaba dijera al ministro de la Gobernación de la República que había acertado y que le enviaba un abrazo". 

¡Ah!, de todo aquello hace hoy, 14 de abril del 2019, 88 años... aunque no se ha olvidado y algunos sueñen ya con una Tercera República.

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