10 de diciembre de 2022
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FIN DE SEMANA
Patio de columnas

Patio de columnas

José Francisco Roldán

Orgullosos de Piolín

/ Los personajes animados Silvestre, Piolín y la abuelita.

El gato Silvestre, ese lindo gatito, un perdedor, está obsesionado con la idea de comerse a un polluelo amarillo, aparentemente indefenso, que administra una verdadera catarata de astucia para evitarlo. La abuelita, que parece no enterarse, proporciona oportunidades a un depredador desconsolado derramando una incontenible desesperación. Pero Piolín, sin inmutarse, fintando y escurriendo el bulto en el instante preciso, sortea la estrategia cobarde de un traidor, empeñado en tragárselo. Probablemente, si la abuelita se aliara con el felino, Piolín acabaría entre las fauces del pertinaz asaltante.

En ocasiones, observando los comportamientos políticos de algunos de nuestros referentes sociales, que toman asiento en las Cortes Generales de España para dormitar plácidamente o, lo que es peor, vomitar odio sin límites, pareciera que la abuelita respalda las iniciativas de Silvestre para cargarse a Piolín, un ejemplar defensor de la cordura y armonía desde su privilegiada posición de prominencia, enjaulado para asegurar su protección, a pesar de la indolencia reiterada de la inocente ancianita.

Demasiados traidores, disfrazados de lindos gatitos, persiguen la determinación de una legión de piolines empeñados en seguir, enjaulados, demandando respeto, protección y justicia. Una verdadera manada de depredadores sociales, secundados por felinos peligrosos, se han apoderado de una casa desguarnecida acogidos por abuelitas pervertidas, ansiosas de poder y beneficios de toda condición. Y cuando se debería favorecer los condicionamientos para convivir con armonía y seguridad, las indecentes abuelitas, farsantes y mezquinas, favorecen el deambular traidor de lindos gatitos ávidos de causar dolor acaparando egoísmos culpables.

Pero esos piolines, que parecen escurrir el bulto para no caer en las garras de sus perseguidores, a pesar del miserable olvido y abandono, movidos por su modo de entender el compromiso social, padeciendo graves lesiones en sus cuerpos y almas, aplican técnicas basadas en la estrategia y una astucia poco común, mientras aguantan dentro y fuera de una jaula endeble, que les permite mantenerse con vida. Lo malo es que la abuelita, además de tener la casa llena de depredadores sociales, peligrosos, sectarios e intransigentes, empeñados en comerse a los que no sirven sus intereses, ha pactado con otros indecentes avasallando resquicios de cordura, que soportan determinados rincones del entorno doméstico.

En otras viviendas, donde hay abuelitas que hablan distinto, los polluelos se acomodan en mejores jaulas, con alpiste especial, disfrutando de una vida acomodada, sin lindos gatitos acosándolos indescriptiblemente. Nuestros piolines comen, viven y descansan mucho peor, pero mantienen el orden constitucional sin remilgos, empeñados en proteger los derechos y libertades, incluso de las abuelitas pervertidas y tanto depredador social, que busca el modo de tragárselos. Las abuelitas deberían estar más pendientes de las jaulas indefensas con sus polluelos del orden, algunos arrastrándose asquerosamente implorando mejor alpiste.

Y los guionistas de esos episodios animados, adiestrados en el arte de la falacia clientelar, siguen confeccionando el relato para agradecer la generosidad de tanto felino político, envilecido por la traición, engordando sin miramientos, atragantándose de egolatría, causando males irreparables a un entorno que debería proteger con esmero. Ahí siguen los piolines, maltratados, al igual que tantos otros seres domésticos, aguantando unos presentes despreciables embadurnados de incertidumbre, perdiendo diariamente una dosis de la capacidad para vivir decentemente y poder deambular adecuadamente por los rincones de una nación en riesgo grave y cierto.

Demasiados enemigos, además de Silvestre, rodean la jaula de Piolín, que inventa cada mañana el modo de esquivar a los traidores de turno. Habría que ir cambiando a las abuelitas, que no defienden a sus polluelos, como a tantos guionistas de esos capítulos desquiciados, que tratan de perjudicar el presente y futuro de mucha buena gente, decididos a mejorar y prosperar con libertad y decencia. No hay dudas, por eso estamos tan orgullosos de Piolín.

El Cierre Digital no se hace responsable de las opiniones vertidas en esta sección que se hacen a título particular.

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