23 de mayo de 2022
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FIN DE SEMANA
Patio de columnas

Patio de columnas

José Francisco Roldán

Recapitulemos

/ Hurto.

Nunca es malo recordar por orden algunas reflexiones que tuvieron que ver con lo que acontec√≠a en cada uno de esos determinados momentos. En estos d√≠as del a√Īo dos mil nueve la preocupaci√≥n estaba en los estafadores, que enga√Īaban a personas mayores cobr√°ndoles dinero para quedarse en propiedad el contador de la luz, que hasta esa fecha era alquilado. Las v√≠ctimas escuchaban el relato falso y firmaban un papel que no val√≠a para nada.

En el dos mil diez a√ļn habl√°bamos de la hero√≠na. Una chica se vend√≠a para conseguir la dosis diaria. El mercado de la carne ha protagonizado el submundo social donde la mujer tiene todas las de perder. En el dos mil once cont√°bamos el truco de algunos echando gasolina sin pagarla. Eran tiempos de reducci√≥n en el personal que atend√≠a las gasolineras y no pod√≠an tener ojos para todos los clientes. En el dos mil doce cont√°bamos historias de empleadores falsos, que confeccionaban n√≥minas para cobrar por trabajos que no se hac√≠an mediante artima√Īas cibern√©ticas.

En el dos mil trece no ten√≠amos m√°s remedio que hablar de los hurtos durante Semana Sana, especialmente en los templos religiosos, donde los feligreses dejan sus bolsos distra√≠dos. En plena Semana Santa del a√Īo dos mil catorce segu√≠amos recordando las estrategias de quienes se dedican a quitar dinero en los bolsos o carritos mientras los devotos contemplan procesiones. En el dos mil quince nos deten√≠amos en las empleadas traicioneras, que se apropian de joyas y dinero cuando atienden en sus casas a personas mayores.

En el dos mil dieciséis relatábamos una historia protagonizada por un atracador, que sorprendía a sus víctimas de madrugada. Nadie puede entender la benevolencia penal con estos delincuentes tan peligrosos. Fue en el dos mil diecisiete cuando nos entreteníamos valorando el comportamiento de los más incompetentes detentando responsabilidades que tienen mucho que ver con la vida y seguridad ajenas. Una constante repetida en demasiadas ocasiones.

Y en el dos mil dieciocho empez√≥ la confrontaci√≥n social m√°s asquerosa, donde los pendencieros asum√≠an el papel m√°s relevante y pernicioso sorprendiendo a tanta buena voluntad aspirando a lo mejor. Por estas fechas, en el a√Īo dos mil diecinueve, reflexion√°bamos sobre la comunicaci√≥n verbal, la necesidad de relacionarnos, sentirnos, tocarnos, comprobar que somos aceptados y comprendidos.

En el dos mil veinte no había más remedio que hacernos eco de tantos sufrimientos y muertes ajenas, como indolencia e incompetencia oficial y una generosidad ejemplar de tantos profesionales regalando vida mientras atendían a los demás arriesgando hasta su propia existencia. Era tiempo de buscar protección, atención y consuelo indescriptibles. Hubo que despedir a unos amigos arrebatados por ese virus aterrador, pero sin poder abrazar a quienes perdían en el envite injusto. Los filibusteros se aprovechaban de la desgracia colectiva para sacar provecho amparados en la urgente necesidad de conseguir medios que pudieran servir para algo. Hubo quien no supo acertar en las compras aparentando una solvencia despreciable, que tuvo que ser suplida por gestos de decencia impresionantes. 

En estos primeros d√≠as de abril del a√Īo pasado era importante hacer hincapi√© en lo que deb√≠a ser prioritario, porque algunas autoridades y funcionarios, adem√°s de malversar, ejercicio de sinverg√ľenzas escondidos en despachos de la administraci√≥n, deber√≠an asumir el rigor y consecuencias de prevaricar. Los cargos p√ļblicos acaparan mucha responsabilidad con la que ejercer mando, pero no para figurar y cobrar. Hay que afrontar situaciones y resolver problemas.

Y en la pelea ideol√≥gica, los peores recurren a la coacci√≥n para controlar voluntades practicando pedradas, disfrazadas con eufemismos, que distraen opiniones desorientadas. No regate√°bamos a la hora de exigir hasta cu√°ndo se pod√≠a aguantar y c√≥mo era posible que tanta desverg√ľenza quedara impune. Ahora, en esos d√≠as del calendario, tras haber superado lo peor, y contemplando la capacidad de esfuerzo y eficacia que un pa√≠s como el nuestro ha demostrado ser capaz tantas veces, seguimos esperando la retribuci√≥n penal para los responsables directos o indirectos, tambi√©n para los indolentes.

El Cierre Digital no se hace responsable de las opiniones vertidas en esta sección que se hacen a título particular.

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