30 de noviembre de 2022
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FIN DE SEMANA
Patio de columnas

Patio de columnas

José Francisco Roldán

Energías

/ Energías.

Vivimos afectados por una esquizofrenia social. Nuestros más mayores, numerosos, a pesar de la pandemia -por cierto, un cariñoso desprecio a todos los que no quisieron o pudieron actuar con eficacia o eficiencia por incompetencia, imprudencia, negligencia o indolencia-, podrían contar penurias y carencia absoluta de servicios primarios.

Los nacidos en los cincuenta, en los núcleos mayores, tuvimos wáter, agua corriente y luz. Pero no pocos, en pueblos apartados de la civilización, debieron soportar limitaciones para tener las mínimas comodidades imaginables. Avanzados los sesenta, nuestros abuelos seguían subsistiendo de la tierra pagando mediante el trueque. La moneda corriente era un huevo de gallina. Allá en Fuente Carrascas (Molinicos), plena Sierra de Segura, no había luz ni agua corriente. Por supuesto, las necesidades fisiológicas se aliviaban en la cuadra o en el monte, según horario o climatología. El papel higiénico no era de uso corriente. Además de la chimenea, el candil de aceite facilitaba superar la oscuridad.

La Luna, cuando quería, facilitaba moverse por el exterior de unas casas enmarcadas con muros gruesos. Había lámparas de carburo arañando del suelo. Muchos niños, en verano, iban con los abuelos para acumular salud que servía al resto del año y conocieron tantas carencias. Cuando el camping gas iluminó las casas se apreció el auténtico progreso. Cántaros y botijos sirvieron mientras se colocaron tuberías, como un teléfono en casa del pedáneo. Y llegó la luz eléctrica. La parabólica, entrados los setenta, incorporó información y entretenimiento a esos montes para complementar a unos vetustos aparatos de radio, que tenían exclusiva.

Parece que hablamos de la antigüedad, pero no hace tanto. Los servicios higiénicos, con ducha incorporada, supusieron la adaptación definitiva al bienestar que se podía. La luz eléctrica, como las carreteras asfaltadas, pusieron en el mapa muchos asentamientos humanos nacidos alrededor de una fuente, demasiado tiempo atrás. El burro dejó de ser un fiel elemento de transporte, donde viajábamos algunos kilómetros por carriles impracticables cuando la lluvia quería. El bienestar de verdad nació con las centrales hidroeléctricas, a las que se fueron sumando todas las demás fuentes de energía, incluía la nuclear.

Cuando tenemos comodidades inimaginables en esos años, una parte de esta sociedad decidió regresar al pasado para recuperar muchos modos de vida primigenios, sin elementos contaminantes, compañeros inseparables de la modernidad. Discutimos las energías del carbón, petróleo, gas o nuclear para apostar por la eólica y solar con las que recuperar limpieza ambiental. Exigimos calidad de vida, combustibles limpios y espacios inmaculados para salvar a la tierra, pero sin desprendernos de la luz, calor o frío, según las fechas. Exigimos el rendimiento perfecto de los transportes públicos y reclamamos medidas para la pobreza energética. No queremos centrales nucleares o extraer bajo nuestro suelo carbón, gas o petrolero, pero perdemos los papeles cuando la factura de la energía se dispara. Esperamos todo a precio asequible.

Cuando Cáritas pedía dinero para pagar recibos de la luz de los menos favorecidos, creímos que la comida ya estaba asegurada. Aire limpio, aguas puras, servicios de todo tipo y condición, pero baratos. Una corriente ideológica empeñada en algo que a todos nos parece estupendo puso todo su esfuerzo mediático y la influencia política para sufragar energías renovables con más voluntad que capacidad. Los coches se mueven con derivados del petróleo y el gas forma parte, casi imprescindible, de nuestras vidas.

Algunos pretenden volver a los tiempos de nuestros abuelos, que eran limpios y saludables, pero sin renunciar a comodidades imprescindibles. Las centrales nucleares en Francia o Marruecos muestran limitados riesgos porque tenemos fronteras infranqueables con España, por eso debemos estar tranquilos. Nuestro gas es pernicioso, por eso lo compramos más caro y el coste de las fotovoltaicas es importante. Sufrimos una dependencia asfixiante; hay deficiencias, también, en energía ética y moral. La energía social se está acabando entre muchísimos molinos de vientos, que provocan alucinaciones, por eso seremos más pobres y sanos.

El Cierre Digital no se hace responsable de las opiniones vertidas en esta sección que se hacen a título particular.

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