01 de abril de 2020
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FIN DE SEMANA
Patio de columnas

Patio de columnas

Juan Pérez de Mungía

Veredicto: Culpable

Pedro Sánchez.
Pedro Sánchez.

De las tropelías de Sánchez ya se ha dicho casi todo y no hay ningún modo de que pueda quedar exonerado de la responsabilidad que tiene en la expansión de la epidemia como un propagador activo del contagio al substituir por ideología la evidencia que le aconsejaba tomar medidas inmediatas de aislamiento, obtener recursos para todos los profesionales sanitarios y para todos aquellos agentes sociales y trabajadores de los que por su función social o laboral no podría en ningún caso prescindirse. Poniendo al frente a burócratas analfabetos de dudosa reputación científica, el cuadro se completaba, al tiempo que mantenía activas las voces que convocaron al doctrinarismo y a ese recurso fácil de la mojigatería y beatería socialista, de tanto sabor vaticano, que al tiempo que consagra la infalibilidad del ejecutivo, condena al ciudadano a consentir con su exterminio. El halago a quienes en su espontáneo y natural egoísmo han decidido cuidar de sí mismos y de los que aman, se ha convertido por arte de birlibirloque en un éxito del catecismo sociopodemita. Pero nada mas lejos de la realidad. 

Lo que realmente puede preocupar al ciudadano, mas allá de lo que es perentorio para su supervivencia, no es la calaña de un personaje sobre el que deberá recaer el peso de la ley por negligencia inexcusable, sino el delito contumaz que se produce cuando en términos del deber objetivo de cuidado el responsable incurre en una acción temeraria, descuidada o negligente, de tal magnitud que no admite excusa, un delito por acción y/o por omisión que se comete por imprudencia o negligencia grave, con el agravante de autoridad, un delito público, objetivable, contra la salud de las personas. El código Penal instituye que "será reprimido el que por imprudencia, negligencia, impericia en su arte o profesión o inobservancia de los reglamentos o deberes de su cargo, causare a otro la muerte". En el ordenamiento jurídico y en el Derecho Penal, la teoría del deber objetivo de cuidado se extiende al concreto deber de cuidado por parte de la autoridad que, en situaciones de riesgo, no contribuye, en modo alguno, a proteger un bien jurídico como es la vida. Doctrinalmente se establece, pues, que hay una obligación de conocer los posibles riesgos y unas medidas de precaución. La realización de una conducta contraria a la normativa supone peligrosidad y queda determinada como conducta antijurídica y punible. 

A menos que fuera declarado incapaz, Sánchez es culpable por su gestión dolosa de las condiciones que vienen determinando que España venga a ser, en el podio de los irresponsables, el primero, con la mayor tasa del mundo de profesionales infectados, la mayor tasa del mundo de infectados por población, la mayor tasa del mundo por territorio en la diseminación del coronavirus, la mayor tasa del mundo de casos desconocidos por población, y la mayor tasa del mundo de mortalidad por población. Sanchez ha batido todas las marcas olímpicas, y lo peor, es que sabremos la magnitud de sus delitos pasado bastante tiempo. Es un peligro público, un irresponsable que debe ser inmediatamente detenido y llevado a los tribunales. Quien defendió la vida de un perro contra la salud pública de las personas no puede ser quien haga el favor a Sánchez de verse encausado por un oportunista. La cosa es bastante mas seria. 

El presidente del Gobierno.

No es una cuestión de diagnóstico, y es independiente de nuestro destino como ciudadanos o como país. Como en el cuento infantil, el problema fundamental es quien pone el collar al gato. No existe institución o autoridad pública que no sea un mercenario del poder ejecutivo, represente al poder de coacción del Estado, o represente al poder que ejerce las funciones de la justicia. El Rey mismo ha sido advertido que si vuelve a extralimitarse, despues de lo sucedido en nuestra Cataluña, estallará la guerra que se mantiene larvada contra el Jefe del Estado. No importa su diligencia. Avisos para navegantes en la televisión pública. Y los decretos están en esa dirección, controlando el servicio secreto, ignorando al Poder Judicial y retirándole las competencias que pueden merecer los atropellos a los derechos fundamentales del Estado de Alarma. A sueldo del ejecutivo nadie se mueve para seguir saliendo en la foto. La impecable actuación de Marchena en el rito funerario del golpismo, cedió el paso a la burla de la ley amparada por no haber impuesto cautelas de cumplimiento penal. Desde el minarete, Sánchez impone oraciones hasta el hastío. La corrupción tiene este fundamento, la conducta mercenaria de las autoridades públicas, desde el Ejército, hasta el Legislativo, pasando por la judicatura. A merced del ejecutivo.

Y por si fuera poco esta preocupante situación, Sánchez se prodiga, como un delincuente político profesional, en someter el Estado de Derecho al doctrinarismo de quien opone la eficacia a la democracia, de quien invoca el autoritarismo contra la democracia. La lección china pero sin chinos. Obligar al respeto al monarca solitario de la Moncloa, imbuido del espíritu del Juego de Tronos, y castigar de forma inmisericorde al crítico y al disidente, pero sin los recursos ni la capacidad de gestión del ejemplo chino. La democracia está en peligro en esta partida de ajedrez. Las iglesias podemitas babean con la estrategia, y van a sucumbir con esta estrategia redonda los sanchistas oportunistas profesionales.

El Congreso se cierra a cal y canto a cuenta de una supuesta eficacia de quien pide para sí la condición de un dictador a gobernar por decreto y por talón. Y lo más estúpido y lacerante, la oposición haciendo de comparsa en su papel de cooperador necesario del discurso sociopodemita, acompañando como plañideras las muertes de tantos y tantos. Y con hagiografía de los héroes que sostienen el tinglado, por si acaso. La incineración de los cadáveres deberá retornar en un incendio, cuya extinción espera la suerte, Merkel mediante, de que el régimen sobreviva a la catástrofe económica que se avecina.

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