24 de febrero de 2024
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FIN DE SEMANA
Patio de columnas

Patio de columnas

Pilar Redondo

Ejercicio de identidad

/ Antonio Gala firmándole un libro a Pilar Redondo.

Nació ungido por los dioses en la consagrada hoguera que amamanta la palabra, que ha enmudecido. La desdibujada y encriptada bruma expedienta a la vigilia de la sed. La nieve escribe sobre la memoria sorda de la luna. El olvido empaña a la doliente ceguera de la arena enlutada. El impenetrable confesionario tutelado por el pasado cercena a la polvorienta ruptura. Hablo de don Antonio Gala Velasco. Un cordobés nacido en Brazatortas. Y como él mismo dijo: "Ser de Córdoba es una de las pocas cosas importantes que se pueden ser en este mundo".

Coronó todas las cumbres literarias, impresionante era su poderío verbal, constantemente buscaba el lenguaje de la belleza. Su estilo al escribir era epicúreo. Siempre tuvo mucha hambre de vivencias y de experimentar. En algunos de sus textos queda bien marcada la búsqueda. Su literatura es un subyugante viaje a su propio subconsciente emocional e intelectual.

Era un hombre de rica personalidad donde confluían la lucidez, la inteligencia, la ironía, el sarcasmo, la socarronería, el ingenio, la rebeldía, la insumisión, la sensibilidad, en ocasiones el mal genio y el sentido del humor, le encantaban los dobles sentidos, era brillante... Por eso su recuerdo perdurará. 

La guadaña de la muerte segó el tiempo y el lenguaje de sus ojos. Antonio le robó tiempo a la muerte, concretamente 92 años. La primavera, el mayo cordobés y la madrugada le condujeron hasta "Troylo". 

Conocía perfectamente la escena, la vital y la artística, la manejaba muy bien y echaba el telón con gran rapidez. Desde siempre su existencia estuvo apoyada en el bastón de la cultura, fue un hombre libre y decidido, porque la escritura es libertad. Sabio, indómito y cautivador. Subió todos los peldaños de la escalera de la vida, y se detuvo en el que comienza el idioma para no iniciados... 

Los libros eran sus principales cómplices, en ellos "nada el pecio de todos sus Titanic personales"... Cada renglón tiene branquia propia, el escritor sale de cada uno de ellos. Estaba en un continuo ajuste de cuentas con hazañas pretéritas. Era una alondra que buscaba serenidad, un provocador de emociones. Sus poemas nos generan una cicatriz. Sus historias forman parte de nuestra piel. Él fue "El dueño de la herida" literaria de muchos de nosotros, a la vez que "El imposible olvido". 

La luz consumida, el duelo y la infinita orfandad de su imborrable huella todo remite y suena a sapiencia, que hace escala en mi corazón. El camino y vuelo de sus versos desafían a la gravedad, caída al vacío donde perece el amanecer acunado en brazos del granado que vehemente guarda los besos, ¡dejarle que duerma! sobre los insomnes acordes. La palabra como faro y guía en su viaje eterno. 

Amor por la literatura, los perros y los bastones

La obra de don Antonio es inmensa y sobradamente notable, aunque hay algunos libros o textos menos conocidos, como es el caso de un relato magnífico donde pone de manifiesto su amor incondicional por los perros. Es el titulado: Monólogo de un perro. El protagonista y narrador es un perro llamado Drake, al que sus dueños abandonan a su suerte cuando se van de vacaciones, aunque el animal no pierde la esperanza de que vuelvan a recogerlo. Así comienza: "Yo no creo haber hecho nada malo esta mañana...".

Algunos de sus perros fueron: "Troylo", "Toisón", "Zagal", "Zahira",  "Zegri", "Ramplin". 

Bien conocido era su gusto por los bastones, (eran "casi" un apéndice de su propio cuerpo), y poseía una extraordinaria colección. Él decía que no coleccionaba bastones sino amigos que regalaban bastones. Por nombrar algunos: el que le regaló Ismael Merlo. Una señora le obsequió con otro que anteriormente había pertenecido a Galdós. Otro le llegó de parte de Jaime de Mora y Aragón. Tiene uno que perteneció a Manolete, se lo tiraron al ruedo en México, a Antonio se lo entregó doña Angustias, madre del diestro. Otro que recogió de manos de Pedro y Amparo Larrañaga, (con esta familia trabajó en: Los bellos durmientes). Rocío Jurado le hizo entrega de uno que había pertenecido a CHateaubriand. 

Desde la memoria reinterpretar un personal e íntimo ejercicio de identidad donde se encapsulan los ecos de las voces de la lacerante atadura que engarza cielos habitados por el depositario de recuerdos... Es el hechizo de la literatura

Conjuro que sin cesar nace y renace. Don Antonio nunca se permitió morir antes de luchar la batalla, hasta que ha llegado el momento en que ha perdido la guerra...

Gran labor la que ha hecho en favor de la cultura y de los jóvenes creadores con la Fundación Antonio Gala, que es un importante proyecto interartístico. Aunque no todos se conozcan Antonio ha sido galardonado con más de 500 reconocimientos y premios. En ella, en el jardín, reposan sus cenizas junto a un puñado de tierra de "La Baltasara", su otro paraíso.

"El libro es una pértiga que permite dar saltos inimaginables en el espacio y en el tiempo; el testigo de la más hermosa carrera de relevos; un infalible e íntimo amigo silencioso." (Autor: Antonio Gala).

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