26 de septiembre de 2021
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FIN DE SEMANA
Patio de columnas

Patio de columnas

José Francisco Roldán

Negación

"Las leyes deben nacer desde la responsabilidad y ponderación de quienes las elaboran".

Desde muy pronto elegimos aceptar o negar cualquier envite que la vida nos interpone. El guiño que hace un bebé cerrando la boca delante de una cuchara, como la impertinencia sonora cuando no quiere dormir. Nuestra experiencia se alimenta poco a poco y va determinando nuestra libertad de elección, aunque estemos equivocados. No podemos obviar que, dejando a un lado la tácita reprobación, la coacción y extorsión legal nos imponen conductas cotidianas, que contradicen la idea natural del libre albedrío, donde la libertad individual manda sobre cualquier condicionante.

Hemos soportado todo tipo de aprietos por cortesía y timidez. Cuando tomamos la opción de aceptar todo abandonamos nuestra capacidad crítica y nos entregamos a personas que manejan la voluntad ajena. Mala cosa es obedecer cuando los requerimientos son injustos.

La formación va dotándonos de recursos para decidir hasta dónde estamos dispuestos a ceder cuotas de libertad, siempre que tengamos la fortuna de vivir en un entorno donde las leyes emanan democráticamente y admiten la disidencia. No se puede ser libre donde pensar, hablar y actuar se decide desde un poder totalitario o autoritario, que no es lo mismo. Esa intimidación social puede estar sometida a una especie de red organizada traficando con influencias, que administra el modo de comportarse, y si no hacemos lo que nos dicen percibiremos una serie de represalias, más o menos urgentes, que harán muy difícil sobrevivir en ese entorno.

Los habrá que se nieguen, con distinta vehemencia, a aceptar dictados legales o sociales arriesgando su modo de entender su libertad. Supone una utopía absurda pretender hacer cada uno lo que desea sin someterse a normas de convivencia, que organizan el modo de relacionarse entre seres distintos y complicados. Las sociedades han requerido un acervo inmenso y permanente de costumbres para alcanzar lo que consideramos el estado del bienestar, con todas las dificultades y tragedias superadas hasta nuestros días.

Hay que saber negarse cuando se debe o te dejan, porque es muy difícil mantener el equilibrio exacto de una relación colectiva. Y cuando te niegas reflexiva y conscientemente te enfrentas a demasiados paradigmas de lo injusto, como a todo tipo de normas legales legítimas. Nadie está obligado a soportar la imposición sin congruencia ni proporcionalidad.

Las leyes deben nacer desde la responsabilidad y ponderación de quienes las elaboran, aprueban y hacen cumplir. Los negacionistas inteligentes, que fundamentan sus posiciones sobre la realidad contrastada, deben ser tenidos en cuenta, pues con su sabiduría muchas sociedades logran avanzar. No es posible aceptar la negación psicótica o respaldada por pensamientos alejados del respaldo congruente o empírico.

En ocasiones, algunas demostraciones de fe atentan contra el sentido común y determinan conductas absurdas, enfrentadas a la realidad social. Cada día más, porque se constata por muchos medios, aparecen personas negándose a tragarse las mentiras oficiales, manipulaciones perniciosas, buscando acaparar poder, prebendas y dinero.

Las normas que nacen pervertidas en forma y fondo no hacen más que generar ciudadanos oponiéndose a su observancia, lo que supone un tremendo riesgo para vidas y haciendas. La matemática parlamentaria, que puede mostrarse como sectaria, podría imponer leyes injustas que ofenden a la cordura intelectual de los ciudadanos, sorprendidos y escandalizados por ese ejercicio de parcialidad.

Hay personas que cuestionan leyes congruentes y justas oponiéndose a directrices oficiales que tratan de proteger la vida, salud y el bienestar común. Para esos comportamientos antisociales y delictivos no hay más camino que prevenir o eliminar prejuicios y legislar sobre asuntos de capital importancia dejando aparcadas ocurrencias de torpes empeñados en imponer sus ideas. No debemos admitir la negación frente a medidas esenciales que defienden los intereses colectivos, porque deben imperar con firmeza sobre supuestos derechos individuales, henchidos de egoísmo, que los ponen en serio riesgo.

El Cierre Digital no se hace responsable de las opiniones vertidas en esta sección que se hacen a título particular.

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