29 de julio de 2021
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EDICIÓN VERANO
Patio de columnas

Patio de columnas

José Francisco Roldán

Empecinados

Constitución española.
Constitución española.

Para conocer cómo nos encontramos, solemos comparar tomando referencias de todo tipo y condición, incluso, y no lo podemos remediar, nos fijamos en el entorno para comprobar nuestra posición en el universo más o menos cercano. Los estertores que produce la envidia excitan modos de diseñar nuestro comportamiento, que no sirve más que para sufrir. El anhelo de lo ajeno nos empuja a tomar decisiones que pueden sobrepasar las cortapisas de lo ético y legal. Y en esa lucha por superar a nuestros semejantes se fundamentan muchas demostraciones incontrolables de egoísmo y desprecio a los demás.

Los que pretenden alcanzar el poder no aspiran más que a tener capacidad para dirigir futuros ajenos y tratar de acomodar su futuro con la mayor prosperidad imaginable. La autoridad moral, que es el ejemplo, no tiene la menor importancia, sobre todo si los cimientos de su posición están bien anclados.

La mayoría de los seres honrados buscan el referente moral de quienes tienen capacidad para dar testimonio con su comportamiento e imitarlos. Otros se preocupan de asegurar la posibilidad de medrar vendiéndose al mejor postor. Ponerse en el mercado para que compren tu voto, voluntad u opinión significa entrar en el privilegiado mundo de los elegidos y disfrutar de las prebendas de una profesión rentable en estos tiempos convulsos. Hay muchos tragaldabas que no se ruborizan aposentados en el escaparate de las rebajas morales. Alardean de ideología sin detenerse en comparar todo lo que hay fuera de su mundo, acristalado con prejuicios sin honor.

Constitución Española. 

Hace más o menos un año, en esta misma página, hablábamos de tolerar lo ilegal mientras acudíamos al baile de estúpidos, donde la usurpación se protegía frente a sus víctimas cuando lo que había que hacer era capturar delincuentes. Vivíamos en una penumbra insoportable, que impedía observar un futuro nítido y próspero. Y vamos de mal en peor.

La propaganda impera sobre la realidad más aplastante. Los manipuladores sociales mantienen alto el nivel de inmoralidad incorporando soflamas novedosas y términos gramaticales que ocasionan vergüenza ajena. Pocas cosas han cambiado para mejorar, especialmente, en lo que consideramos conductas dignas de reconocimiento, pues siguen enalteciendo al terrorismo ofendiendo a las víctimas, manosean el idioma para esconder la ausencia de capacidad para usar palabras correctas con arreglo a lo que dictan los sabios, dignos encargados de diseñar el modo de hablar y expresarse.

Por vía de hecho, porque lo dicen determinados torpes sin formación ni cultura, se sigue mostrando esa voluntad empecinada maltratando lo correcto y arrastrando a muchos analfabetos morales, que desfilan tras esos flautistas de lo errático. Y hay mucho miedo a opinar con libertad, especialmente, los que tienen algo que perder, pues la extorsión tácita se ha convertido en un ejercicio de control de las opiniones ajenas. El pensamiento totalitario, instalado en algunas cabezas de nuestros referentes políticos, solapa ejemplos reales que se viven en otras sociedades, esquilmadas de dignidad y recursos, para seguir difundiendo e imponiendo consignas absurdas, que fueron terriblemente padecidas,

Los hay que mantienen con perseverancia una maldita equivocación para seguir aprovechándose de las mentiras y quedarse con parte de las soldadas ajenas, que hipnotizan con disfraces de supuesta solidaridad. Ninguna bandera de colores o símbolos sirve para proteger a colectivos afectados en las repúblicas comunistas que sirven para comparar. Todo es una auténtica falacia social que produce rendimiento a los que se van enriqueciendo mientras distribuyen a su antojo lo que obtienen inmoralmente de los demás.

No deberíamos plantear la igualdad sobre trolas clamorosas, pero estrategias eficaces consiguen abducir a los nuevos siervos de la gleba, que labran el porvenir de sus líderes carismáticos. Y mantienen el empecinamiento para que los idiotas, idiotos e idiotes se dejen llevar por la reiteración de la estupidez como cotorras propinando bofetadas al idioma.

Se exige legalmente, o no, usar una lengua territorial a quien ya se expresa con el idioma oficial de España. No es legal prohibir su uso, pero se empeñan en arrinconarlo sin que el Estado parezca proteger ese derecho. La ley debería servir para enfrentarse a quienes atacan todo tipo de derechos ajenos. En algunos lugares de España, donde debería imperar con firmeza y sin fisuras la Constitución, muchos ciudadanos están padeciendo abusos de quienes, amparados por la indolencia culpable, sitúan por encima del cumplimiento de la Ley su pertinaz y arbitrario empecinamiento.

El Cierre Digital no se hace responsable de las opiniones vertidas en esta sección que se hacen a título particular.

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