20 de mayo de 2019
|
Buscar
FIN DE SEMANA
Patio de columnas

Patio de columnas

Juan Pérez de Mungía

Trabajadoras del sexo: La vida de las otras

La prostitución en todas sus formas, sea en su expresión como comercio sexual mercantilizado, sea bajo su forma espúrea, como tráfico de influencias, repugna a cualquier ciudadano ideal. Es a la vez una manifiesta perversión de la dignidad humana concebida como un derecho fundamental e inalienable del sujeto, como una manifiesta perversión de los principios de mérito y capacidad en cuanto afecta a la selección de los mejores en cualquier empresa, institución o esfera de actividad. La existencia de lobis nunca ha sido un invento. Si cabe hablar de la vía pélvica como forma de acceso a la propia promocion, nadie puede tampoco esconder cuán firmes apoyos se obtienen del uso mercantil del propio sexo, cualquiera sea. La prostitución no se dá siempre en los burdeles. La vida está llena de héroes anónimos que han resistido la tentación de la corrupción en las oportunidades que se le han presentado, porque solo tiene moral aquel que es tan fuerte como para resistir la situación que le compromete. Incluso el silencio puede estar tan penado como la denuncia en la sociedad contemporánea y buena parte de los ciudadanos asienten en silencio a la que suponen regla de la mayoría.

No sorprende, por ello, que en la sociedad  hollywoodiense encontraran, aquellos dispuestos a alienarse, un sátrapa o un verdugo poderoso. Este uso instrumental de las pasiones humanas puede ahora, a posteriori, denunciarse una vez vino a convertirse la víctima en famosa o célebre, a cambio de no permanecer célibe, pero una sana crítica de ningún modo puede avalar que la víctima no consintiera a propósito o que incurriera en ese comercio sin pizca de voluntad o deseo y sin procurar al tiempo satisfacción. Precisamente lo que convierte en deleznable la pederastia como forma de afectar el desarrollo de un sujeto es el modo en que éste puede experimentar luego un deseo perverso como resultado de una satisfacción vicaria y temprana de su deseo, peor aún incluso cuando solo puede operar mentalmente en el recuerdo que otro reconstruye. Una pléyade profesional está dispuesta a reconstruir tu memoria y servirse de ella. Así ahora resulta que víctima y verdugo se exigen mutuamente, y como el amo y el esclavo adquieren su identidad en la posición que ocupan y luego heredan para hacer lo mismo que aquello a lo que fueron sometidos, quizas inicialmente de forma involuntaria. ¿A quien puede atribuir la culpa de su propia corrupción El Conformista de Bernardo Bertolucci que en repudio de su homosexualidad se hace fascista?

Un cinismo absoluto permea la discusión sobre la prostitución, una práctica alegal que se mantiene en un limbo de legalidad mientras nutre las arcas de todos los tipos de delincuencia organizada, se contabiliza en el producto nacional bruto como economía sumergida y sirve de pretexto para no rebasar un cierto límite de déficit público. De este cinismo se alimenta el cinismo moral del partido socialista, el primero en promover la legalización de la prostitución, que con una mano inscribe el sindicato de prostitutas y con otra repudia y persigue su inscripción. ¿Necesita amparo politico la inscripción legal de un sindicato cuya actividad no se considera, de otra parte, un delito jurídicamente tipificado?. O se le tipifica o se legaliza.

Si la Constitución declara en su artículo 10 la dignidad como valor supremo, en su artículo 15 el derecho fundamental a la integridad física y moral, en su artículo 16 la libertad ideológica, y en su artículo 17 la libertad y autonomía del sujeto para autodeterminarse en la esfera de su intimidad, ¿que base tiene escandalizarse de la inscripción de un sindicato de prostitutas en una sociedad que consiente con la prostitución, la regula y acepta, y la somete a imposiciones fiscales de forma directa e indirecta? El error político de la inscripción legal del sindicato revienta el discurso victimista y de explotación forzosa de las mujeres, cuando la prostitución no es ni específica de un sexo, ni tampoco es una expresión de esclavitud de un sexo sobre otro. La esclavitud forzosa de hombres y mujeres resulta impune en cuanto no puede ser en modo alguno transparente.

La jurisprudencia, al tiempo que reestablece que los derechos fundamentales son indisponibles, establece que la renuncia a un derecho fundamental es posible por quien es su titular. ¿Quien puede pedir coherencia a jurisconsultos y legisladores?. Pues así ocurre con quien apela a su derecho a abortar sin mas razón que su deseo, a servir como vientre de alquiler bajo consentimiento o comercio, con quien decide inútiles cirugías estéticas o destruye su salud con prácticas que ponen en riesgo su vida, desde la conducción alcohólica, hasta la práctica de sexo sin protección, al consumo de estupefacientes, al tatuaje compulsivo, o al consumo de pócimas medicamentosas sin el sello de sanidad, y así ocurre con quien decide cambiar de sexo, o solicita la extirpación de un órgano sano, o invoca su derecho a intervenciones quirúrgicas que le permitan parecerse a alguno de los famosos de su imaginario social o practicar sin reproche penal el animalismo o la coprofagia. Y ocurre para mayor contradicción que en tanto existe la posibilidad de cambiar de sexo, o abstenerse de ello, para ver reconocido su cambio imaginario en el Código Civil, se prohiben las terapias de conversión y el recurso al retorno del cambio al sexo repudiado. Y ocurre para mayor contradicción que se limita el acceso a la maternidad postmortem o se cuestiona la poligamia que si se consiente, en cambio, para quien la ejerce de forma oculta o la practica desde la religión. La estúpida incoherencia de las leyes es dar fundamento a derechos que se restringuen o defienden como si de libre asociación mental se tratara. A la vista está que no hay nada mas incoherente, nada mas extemporáneamente ridículo y religioso, que el derecho positivo que lo mismo alienta que prohibe aquello que de otro modo consiente o avala.

Mientras hay muchos que sueñan con poner puertas al campo, otros se aventuran en el delito allí donde la justicia no alcanza. El abolicionismo y el prohibicionismo moral se sostiene sobre la ideología de la minusvalía mental y minoría de edad del ciudadano sobre el que se ejerce una protección tan estúpida como inconmensurable, cuando la libre determinación del individuo no debe tener mas límite que la afección de derechos de terceros. ¿No media consentimiento para incurrir en prácticas de riesgo? La Ley desprotege siempre a terceros permitiendo la actuación de actores sociales cuyo objetivo es la destrucción de la sociedad y la cultura al proveerle los medios de propaganda que destruyen la moral ciudadana. ¿No se está genitalizando el desarrollo mental infantil?.

La prohibición del consumo de alcohol en la Ley Seca tuvo el mismo triste destino que la negación y destrucción del dinero como medio de cambio, depósito de valor y unidad de cuenta en la Rusia revolucionaria, la extensión de las mafias y la desprotección del ciudadano, la destrucción de la economía y la destrucción del Estado. Si repugna la prostitución, la expresión de esta repugnancia nunca puede ser la ilegalización de un sindicato que satisface todos los requisitos de la legalidad civil; el reconocimiento de la existencia de la prostitución es el primer paso, la ausencia de reconocimiento el único obstáculo para penalizar la oferta y demanda del comercio sexual, y el único obstáculo para invertir en la formación del ciudadano que en una sociedad libre e igualitaria debiera obtener la satisfacción de sus deseos en el libre intercambio con seres humanos iguales. Y por estúpida paradoja, un sindicato de prostitutas es precisamente un instrumento para que adquieran derechos sociales aquellas personas que han prostituido su dignidad.

La transparencia y reconocimiento de las acciones humanas es fundamental para acabar con cualquier tipo de práctica social que es lesiva para los individuos mas allá de sus derechos de autodeterminación moral y de expresión de su libertad. Cuando un ser humano reconoce que el precio a pagar por su placer descansa en el autocontrol, descubre que quien ejerce autocontrol es inmensamente mas feliz que quien se somete al dictado de pasiones cuyo origen desconoce tanto como sus efectos. Sólo se puede modificar una práctica social si se reconoce primero, se regula después, y se lucha por su desaparición desde el recurso a la formación e información del ciudadano. Toda forma de prostitución registrada, y todo consumidor de prostitución fichado para su escarnio.

 

El Cierre Digital no se hace responsable de las opiniones vertidas en esta sección que se hacen a título particular.

COMPARTIR: