30 de septiembre de 2022
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FIN DE SEMANA
Patio de columnas

Patio de columnas

Juan Manuel Medina

De Meco a Traspinedo o la sombra de Dolores Vázquez

Dolores Vázquez.
Dolores Vázquez.

Érase una vez una mujer llamada Dolores Vázquez…una mujer normal, corriente, de mediana edad, ni fea ni guapa. No era demasiado simpática ni locuaz…no era de esas personas que caían bien a la primera impresión. Y además era lesbiana, lo que en la España de finales de los noventa e incluso hoy, por qué negarlo, no es algo normalizado para todo el mundo.

Dolores tuvo la infortuna de que un mal día un crimen se cruzara en su camino. Rocío Wanninkhof, una joven de 19 años, hija de la que fuera su anterior pareja, Alicia Hornos, había desaparecido la noche del 9 de octubre de 1999, siendo encontrado su cadáver con evidentes signos de violencia poco más de veinte días después.

La investigación de la Guardia Civil se centró en las personas del entorno de la víctima, especialmente en Dolores, a la que llegaron a calificar como una mujer “fría, calculadora y agresiva”… desde ese momento, sin haberse concluido la instrucción y sin fecha prevista para el inicio de las sesiones de Juicio Oral, aquella lesbiana desagradable ya estaba condena por el horrible asesinato de Rocío, gracias a una nefasta investigación policial, una deficiente y permeable instrucción judicial y una voraz y vengativa opinión pública, no exenta de tintes homófobos, instigada por ciertos medios de comunicación. Un claro ejemplo de “Pena de telediario”.

En vano fueron los esfuerzos de su defensa para desmontar los endebles indicios que se manejaban frente a ella. Que si unas supuestas fibras de su vestimenta y sus huellas dactilares en el escenario del crimen, indicios que posteriormente se diluyeron…que si podía haber utilizado el coche de algún vecino sin su permiso para transportar el cadáver de la malograda Rocío ¿?...que si alguien presenció cómo asestaba cuchilladas a una fotografía de la víctima… el caso es que Dolores pasaría 17 meses en prisión acusada del asesinato de la joven, y allí hubiera permanecido hasta casi el día de hoy de no ser porque, azares del destino, la Guardia Civil, tres años después del asesinato, dio con el verdadero y confeso culpable de aquel horrible crimen, Tony King, un ciudadano ingles afincado en nuestro país que arrastraba un amplio historial delictivo por agresiones sexuales en Reino Unido, investigado por la muerte de otra joven malagueña, Sonia Carabantes.

La vida de aquella mujer quedó rota para siempre, inevitablemente estigmatizada por un crimen que no cometió, sin que ni todo el dinero del mundo, del que Dolores no recibió un sólo euro,  pudiera reparar el daño causado.

Esta triste historia, para conocimiento de los lectores que no superan la frontera de los treinta y de aquellos otros de memoria floja, no es ningún cuento, no es ficción, es algo que sucedió en España apenas hace veinte años, no tan lejano como el famoso “Crimen de Cuenca” que Pilar Miró llevara a los cines a primeros de los ochenta, sorteando los últimos coletazos de una moribunda censura que no veía con buenos ojos que se pudiera criticar los errores policiales y judiciales en España.

Parece que en nuestro país sigue sin estar bien visto cuestionar ciertas actuaciones policiales y judiciales. Soy el primero que ensalza la labor policial en la gran mayoría de los casos, quitándome el sombrero ante determinadas investigaciones que tanto Policía Nacional como Guardia Civil llevan a cabo. Respeto, como no puede ser de otra forma, cualquier resolución judicial, aunque no la comparta. Son las reglas del juego. Pero no pienso claudicar ni callar ante aquellos casos en los que los investigadores, ávidos por señalar a un culpable, aunque no esté claramente determinada la etiología criminal respecto de la víctima, se ofuscan en reconstruir un puzle a base de recortar aristas y encajar piezas a golpe de mazo, caiga quien caiga, azuzando a ciertos medios de información que alimentan el insaciable apetito de una parte de la opinión publica hambrienta de culpables.

Prefiero diez culpables libres a un inocente preso. Es triste y frustrante asumir, en especial para el entorno de las víctimas, que no toda muerte, homicida o no, tiene siempre respuestas satisfactorias y concluyentes, a pesar de las avanzadas técnicas forenses y policiales de hoy en día.

Recordemos el caso del asesinato de Miriam Vallejo, brutalmente apuñalada en la localidad madrileña de Meco a principios del 2019. Tras años de ofuscada investigación de la Guardia Civil, la titular del Juzgado que instruye el caso se ha visto obligada a dictar un auto de archivo y sobreseimiento respecto del inicial investigado, un joven que compartía casa con la víctima y que por estos hechos permaneció en prisión preventiva cuatro meses. Por suerte para él su imagen no ha tenido la repercusión mediática que tuvo la de Dolores, pese al empeño de ciertos medios en inculparle, pero también quedará marcado de alguna forma para los restos.

Cosa parecida está ocurriendo en Traspinedo con el supuesto homicidio de la malograda Esther López. Una investigación policial que desde el primer momento está dando palos de ciego y que ya ha puesto en el foco mediático a dos sospechosos sobre los que no existen a día de hoy indicios suficientes de culpabilidad, prueba de ello es que ambos se encuentran en libertad, sin que hasta la fecha se haya podido determinar rotundamente si la muerte de Esther ha sido de carácter homicida.

Para los que no lo conozcan, recomiendo la lectura del libro del Dr. Frontela, Catedrático de Medicina Legal de Sevilla, Lo que cuentan los muertos. A lo largo de sus páginas expone como una buena práctica forense puede arrojar luz sobre la mecánica y autoría de un crimen, pero también como en no pocas ocasiones lo que aparentemente se considera un homicidio tiene una explicación bien distinta. No existe el crimen perfecto sino malas investigaciones, y en ocasiones los investigadores se obsesionan en ver crímenes dónde no los hay. La sombra de Dolores Vázquez sigue planeando por nuestra geografía, desde Meco a Traspinedo.

El Cierre Digital no se hace responsable de las opiniones vertidas en esta sección que se hacen a título particular.

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