25 de mayo de 2022
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Patio de columnas

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Ana del Paso

Ucrania: Periodistas, carne de cañón

/ Periodista de guerra en el frente ucraniano.

En la Columbia School of Journalism de Nueva York aprendí muchas cosas, entre ellas, una muy macabra pero realista: cuando estés trabajando en un lugar peligroso, recuerda a los compañeros que han caído mientras intentaban informar, hacer fotos o grabar imágenes. Ahora has tomado su relevo y te toca hacer su trabajo. Tienes la responsabilidad y el deber de seguir informando al mundo de lo que pasa porque tú eres los ojos y los oídos de lo que ese mundo no puede ver. Desenmascarar los crímenes de guerra, las atrocidades que se comenten con los civiles o a los militares del otro bando una vez hechos prisioneros, por ejemplo.  No hay Derechos Humanos que se respeten en la guerra y así lo hemos visto en esta semana, aunque, por cortesía de los medios de comunicación, las atrocidades no han sido emitidas. Solo las ven editores gráficos que tienen que censurarlas por la dureza de las mismas.

En Ucrania matan y disparan a periodistas, igual que a los civiles que no pueden huir. Da igual que viajes con un letrero grande en tu vehículo que ponga PRESS o TV.

Ya hay 35 profesionales muertos de varias nacionalidades y medios según Lyudmyla Denisova, comisionada de Derechos Humanos del Parlamento ucraniano que ha proporcionado estos datos por las redes sociales. Los primeros fueron Yevhenii Skaum, cámara del canal local ucraniano LIVE. Murió en el acto cuando la torre de televisión de Kiev fue bombardeada. Es lo que tiene la guerra. Estar en el momento y lugar inadecuados te puede costar la vida. 

Trabajar en Rusia y en Ucrania se ha puesto realmente difícil para los periodistas que seguiremos estando al pie del cañón, le pese a quien le pese. El derecho a la información nos ampara y no se trata de matar al mensajero porque el periodista que venga va a recoger el testigo para hacer nuestro trabajo y así lo hará el siguiente y el que venga luego. Nos jugamos la vida para informar en Ucrania y continuaremos haciéndolo.

La Fiscalía de la Corte Penal Internacional ha recibido varias denuncias por crímenes de guerra desde que estalló la guerra de Vladimir Putin contra Ucrania el 24 de febrero. Pero, ¿Quién respeta la Convención de Ginebra para la Protección de las Víctimas de la Guerra y sus Protocolos Adicionales, la Convención sobre las Leyes y Costumbres de la Guerra Terrestre, los Derechos de los Informadores? ¿Quién?

Abatidos a tiros dentro del coche en el que viajaban hacia un checkpoint y sin poder salir corriendo, el cámara Pierre Zakrzweksi y la ucraniana Oleksandra Kuvshinova, murieron desangrados en Horenka, al oeste de Kiev. Formaban equipo con el reportero del canal de televisión Fox News, Benjamin Hall, que resultó herido.  Zakrzweksi, de 55 años, había cubierto la guerra de Siria y la de Afganistán, es decir, era el típico cámara sensato a quien confiarías tu vida y Kuvshinova, de 24 años, era ucraniana, conocía el país y el idioma.

Juan Arredondo, colombo-estadounidense y el estadounidense Brent Renaud estaban filmando un documental para la revista Time. Habían ido a Irpin y subieron a un coche para hacer tomas de la salida de refugiados pero cuando empezaron a tirotearles, a Renaud no le dio tiempo a entrar en el auto y su Arredondo vio cómo recibía un balazo en el cuello y su compañero se desplomaba en el suelo. Renaud siempre iba con su hermano. El azar hizo que esta vez no fuera así. Afganistán, Irak, Haití, Honduras, México… eran sus lugares de trabajo.

Seguramente el impacto fue el mismo que le produjo a Maruja Torres cuando se enteró que a su compañero fotógrafo Juantxu Rodríguez le habían disparado las tropas estadounidenses que invadieron Panamá en diciembre de 1989. Salvó la vida después de refugiarse a pocos metros en la casa de una panañema que milagrosamente les abrió el portón a ella y a un grupo de reporteros. Estados Unidos indemnizó a la familia de Juantxu como pasó con el cámara de Telecinco José Couso en Irak, pero el dinero, en estos casos, no apacigua la falta.

Reporteros Sin Fronteras, cuyo presidente, Alfonso Bauluz, estrena cargo, contabiliza ocho periodistas detenidos en Rusia por hacer su trabajo.

El tribunal militar de la ciudad de Rostov del Don, en el sureste del país, condenó el 10 de marzo a Remzi Bekirov, acusado de “organizar un grupo terrorista”. Bekirov, reportero del diario digital de la oposición Grani.ru en Crimea (la región ucraniana anexionada en 2014),  cubrió la persecución rusa de la población tártara y de los activistas proucranianos en la región. Vladislav Yesypenko, reportero de doble nacionalidad ucraniana y rusa, que trabajaba para Krym.Realii, la filial en Crimea de Radio Free Europe/Radio Liberty (RFE/RL), con sede en Praga, fue condenado en febrero por un tibunal de Crimea a seis años de cárcel y al pago del equivalente de 1.200 euros por “posesión y transporte de explosivos”. Vladislav Yesypenko, reportero de doble nacionalidad ucraniana y rusa, que trabajaba para Krym.Realii, la filial en Crimea de Radio Free Europe/Radio Liberty (RFE/RL), con sede en Praga.

Ante la imposibilidad de informar en Rusia, la prensa extranjera ha cerrado temporalmente sus corresponsalías en ese país desde que Vladimir Putin anunciase que se castigaría con penas de hasta quince años de prisión toda difusión de lo que denominaba “informaciones mentirosas” sobre la “operación especial” en Ucrania. Hay que recordar que en Rusia, decir el número de bajas rusas es delito.

Lo que no esperaba el Gobierno ruso es que hubiera voces discordantes dentro de sus propias cadenas de televisión gubernamentales y en prime time. La heroína ha sido Marina Ovsyannikova que interrumpió los informativos del Canal 1 en directo portando un cartel en ruso y en inglés “No a la guerra. Detengamos la guerra. No os creáis la propaganda. Os están mintiendo. Rusos contra la guerra”.

Después, desapareció. La Comisión Europea y la ONU, ante el temor de lo que pudiera pasarle, pidieron explicaciones sobre su paradero. Salió a las 24 horas y un tribunal de Moscú la ha condenado a una sanción administrativa a pagar el equivalente a 255 euros pero todavía queda la causa abierta del Comité de Investigación Ruso que puede condenarla a quince años de cárcel por utilizar la palabra guerra ya que ni ese término ni invasión están permitidos cuando se refieren a la llamada “operación especial” en Ucrania.

En la otra parte del océano y en lo que va de año, ocho periodistas han sido asesinados en México. Armando Linares ha sido el último. Asesinado en su casa en el municipio de Zitácuatro. Formaba parte junto a otros compañeros también asesinados, entre ellos Roberto Toledo, de un equipo de investigación del medio de comunicación Monintor Michoacán que denunciaba la corrupción y la violencia en el oeste de México.

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