20 de octubre de 2020
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FIN DE SEMANA
Patio de columnas

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Felicísimo Valbuena

Rafael Simancas: Un vividor de la política, un odiador de Madrid

El socialista Rafael Simancas.
El socialista Rafael Simancas.

“¿A quién se le ocurre escribir un artículo sobre Rafael Simancas? El personaje no se lo merece y, además, tuvo sus cinco minutos de gloria hace más de dos semanas, cuando declaró su odio a Madrid, haciendo a la capital culpable de miles y miles de muertos españoles por el coronavirus”.

Respuesta: Lo que Simancas se merece es que no nos olvidemos de él. Una de las funciones de los medios de comunicación es transmitir las experiencias de unas generaciones a otras para que no se olviden. 

¿De dónde procede Rafael Simancas?

Leo que nació en Kiel (Alemania) Como no tengo más información, pienso que procede de una familia española que emigró a Alemania. Con lo cual, su familia gana mucho en mi consideración. Su padre y su madre debieron de aventurarse y no temer a lo desconocido. Y tuvieron tanta confianza en sí mismos y en el mundo que se les abría, que decidieron tener hijos. Trabajaron, aprendieron y se esforzaron por dar a su descendencia una vida mejor de la que podrían haber encontrado en España.

No conozco la vida de los Simancas, pero mi opinión sobre sus padres, si las cosas fueron así, es muy buena. Me imagino que volverían a España.

¿Y qué decir del hijo Rafael?

Ha seguido una trayectoria con un sentido enteramente distinto de la de sus padres. Ellos se arriesgaron; él no ha dejado hacer en su vida lo mismo: vivir de la política.

Un gran ejemplo de hijo de emigrantes que triunfó en España: Manuel Romero

Conozco a Manuel Romero. Sus padres emigraron de Extremadura a Alemania. Después de regresar a España, Manuel triunfó en todo lo que se propuso: como director de revista, como promotor del turismo de Canarias en el extranjero durante años. Siempre con ideas originales. Hace años vi varios episodios de un programa -El Vuelco de tu Vida- que realizó para la televisión extremeña. Ya quisieran las televisiones realizar un programa como el de Manuel Romero. Fundó el digital La Voz Libre, que sigue editando a diario desde más de una década (ahora, Voz Libre). Incluso, ha editado un libro, en inglés y español sobre sus campañas de marketing de guerrilla (www.guerrillabook.com.). Incluso, ahora, en la casa que construyó, se ruedan series de televisión y anuncios publicitarios de productos mundiales.

En serio, ¿qué ha hecho Simancas en la vida?

Acabo de escribir que Simancas ha hecho poco en su vida. Bueno, pues vamos a dar un paso más: ¿En qué ha consistido ese poco? Respuesta: En trepar. ¡Ah, los trepas! Todo el mundo habla de los trepas, pero ¿quién los ha estudiado?

Rebobinando, rebobinando, llegamos a 1974. Una gran película francesa: Le Mouton Enragé (La oveja rabiosa) que un español con ingenio tituló como El trepa. La historia es sencilla: Un escritor rico y tullido – Jean-Pierre Cassel- realiza su vida a través de un empleado de banca (Jean-Louis Trintignant) muy atractivo. Le enseña a escalar la cumbre del poder basándose en la conquista de mujeres y, al final, como el empleado no sigue sus instrucciones, se suicida.

¿Explica esta película la trayectoria de Simancas? No. Él no se ha aventurado nunca en su vida. Ha sido un hombre del aparato del PSOE de Madrid. No sabemos quién le impulsaría pero, al final, gateando, llegó a secretario general de los socialistas de Madrid. Se presentó a las elecciones de 2003, las perdió frente a Esperanza Aguirre, pero formó una coalición con Izquierda Unida y ¡a formar Gobierno!

El Tamayazo

A quienes creemos que el personaje fundamental en una película no es el Director ni el actor/actriz sino el guionista, no nos extraña que no se haya hecho una película sobre Simancas. Es que directores hay muchos, pero ¿y guionistas? Hace falta un guionista inteligente que presente a Simancas estando a punto de tocar el poder con las yemas de sus dedos. ¿Qué digo? ¡Con sus dos manos!

Eduardo Tamayo y María Teresa Sáez, diputados autonómicos del PSOE, impidieron que Rafael Simancas llegase a ser presidente de la Comunidad de Madrid. Lo que trastocó lo planes de Simancas es que Esperanza Aguirre, nueva Presidenta de la Comunidad, renunció al apoyo de Tamayo y Sáez y convocó nuevas elecciones. Simancas volvió a perder, dando paso a diecisiete años de poder del Partido Popular en la Comunidad de Madrid.

                        Rafael Simancas.

Simancas se encontró con la misma sensación que quien está tendiendo una sábana y se le cae la pinza de la ropa; a la vez, una ráfaga de viento desprende la otra pinza y la sábana cae a la terraza de abajo; sale despedida a la calle y, de ahí, va a parar a una ambulancia que lleva al hospital a un adicto al Anís del Mono.

Joaquín Leguina, el último Presidente de la Comunidad de Madrid

Catorce años antes, en 1989, el Presidente de la Comunidad de Madrid, el socialista Joaquín Leguina, había salvado una moción de censura gracias a que logró hacerse con el voto del diputado Nicolás Piñeiro, de Alianza Popular. Leguina sobrevivió políticamente, es decir, en su puesto, hasta 1995. ¿Cómo? Hablando con Piñero. Le convenció. A Leguina le llamaron de todo; entre otras cosas, Joaquín Candelas, evocando al célebre ladrón Joaquín Candelas. Pero sobrevivió. Y como la vida dura más de lo que se piensan algunos políticos, a Leguina le ha dado tiempo de cambiar sus posiciones políticas, más cerca de la derecha que de la izquierda.

Simancas se cerró en banda y se negó a hablar con Tamayo y Sáez.

Se necesita ser lerdo como para perder el poder por negarse a dialogar con Tamayo y Sáez. Pero lerdo de verdad. Simancas se libró de recibir el título de Tonto Contemporáneo porque su fundador, Luis Carandell había muerto un año antes y el Premio había dejado de otorgarse años atrás.

Casi veinte años después, ha insistido en su posición y ha vuelto a participar en una mesa para negociar con comunistas y separatistas. Es decir, lo mismo que le causó su derrota de 2003. Tamayo y Sáez no querían pactar con los comunistas. Si hubiera hablado con ellos, podría haber conseguido que cambiasen de posición e, incluso, si había detrás intereses inmobiliarios, quizá se hubiera enterado y habría aprovechado para revelar una información importante. Nada. Ni siquiera dimitió a pesar de ser derrotado una y otra vez. 

De Leguina, un profesional reconocido, a Simancas, un vividor de la política

¿Qué diferencia había entre 1989 -Leguina- y 2003- Simancas-? Leguina, a sus 26 años, era Estadístico Facultativo del Instituto Nacional de Estadística. En 1972, se doctoró en Ciencias Económicas en la Universidad Complutense de Madrid (UCM). A comienzos de 1973, en Demografía por la Universidad de la Sorbona; entre 1974 y 1979, fue profesor en la UCM. Representó a España, entre 1970 y 1973, en diversos foros internacionales en calidad de demógrafo (ONUOCDEConsejo de Europa). Cuando Leguina se retiró de la política en 2006, había escrito numerosos libros y novelas. Y era, y sigue siendo, uno de los principales demógrafos españoles. Porque en la Universidad no hay demógrafos.

¿Y Simancas? No consta que, a pesar de haber dispuesto de tanto tiempo libre, haya sido capaz de realizar y defender su Tesis Doctoral. Dice que es profesor asociado de Universidad, pero ¿qué puede enseñar Simancas? Pues lo mismo que muchos políticos que han hecho y hacen constar en su currículum que son profesores de Universidad: propaganda y cotilleo.

Entonces, ¿qué hubiera hecho Leguina si se hubiera encontrado en la misma situación a Simancas? Hablar con Tamayo y Sáez, ¿no?

¿Qué es, en estos momentos, Rafael Simancas? Un político que no tiene más medio de subsistencia que la política.

Mientras tanto, como no se entera de qué es la política de verdad, de vez en cuando suelta una cursilería como “Yo puedo mirar a mis hijos a los ojos sin avergonzarme”. ¡Qué horror! ¿Quién se pudo inventar una frase que, desde que la soltó se convirtió en un tópico? Muy inteligente no podría ser, cuando hasta Simancas repite esas palabras tan cursis.

Joaquín Leguina.

¿A qué precio subsiste Simancas? A cualquiera, aunque sea dedicándose a desprestigiar a Madrid

Él no dispone de un lugar al que retirarse para desempeñar una profesión. No tuvo dignidad para dimitir en 2003. Entonces, lleva arrastrándose casi veinte años. No es un gran profesional como Ángel Gabilondo, Catedrático de Universidad y que, de momento, dirige la oposición en la Asamblea de Madrid. Es respetado por toda la oposición y cualquier día, si Pedro Sánchez no puede seguir en el Gobierno, podría presidir un Gobierno apoyado por una gran mayoría.

Simancas ha llegado a demostrar que ignora de dónde viene y adónde va. Su mayor indignidad, que le perseguirá mientras viva, es que está dispuesto a desprestigiar a Madrid. Como tiene una cabeza muy mal organizada, ha querido desprestigiar a la Presidenta de la Comunidad de Madrid, pero como es un chapuzas, le ha salido desprestigiar a Madrid. Ha venido a decir que la cifra de muertos de coronavirus en España se debe a la Comunidad de Madrid. Como diría Talleyrand, eso ha sido peor que un crimen: ¡Ha sido un error! Él necesita que le pongan en la próxima lista electoral. Y es que el hambre es muy mala.

Mientras tanto, ahí le tenemos, en segunda línea, detrás de Sánchez, sentado, cuando las cámaras enfocan a aquél.

Se ha convertido en un mozo de espadas. Ni siquiera ha sido banderillero. Nunca se ha expuesto al toro de verdad de la política. Él sirve para proporcionar capote, muleta, montera, estoque o verduguillo. Siempre en el callejón.

¿Qué queda del espíritu de aventura de sus padres? Eso quisiéramos saber muchos.

Conviene recordar varias veces al año quién es Rafael Simancas. Que no se quede en los cinco minutos de odio. Es un resentido que sigue sin perdonar a los madrileños que no le votasen cuando más lo necesitaba. Pobrecillo. Ya sentenció D. Gregorio Marañón: El resentimiento no tiene cura.

El Cierre Digital no se hace responsable de las opiniones vertidas en esta sección que se hacen a título particular.

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