28 de marzo de 2020
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FIN DE SEMANA
Patio de columnas

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José Ángel San Martín

Tres años sin Alvite

Alvite, José Luis, siempre fue mi favorito cuando competía denodadamente con Sabina, Joaquín, por el título apócrifo de “Canalla español de la década”. Alquien que confesó sin pudor que en la ciudad en la que vivía solo algunas aceras pasaron en la calle más tiempo que él, tuvo que ser un canalla delicioso.

Este gallego irreductible se despidió de su jefe radiofónico, Carlos Herrera, un 26 de noviembre de 2013, anunciándole que el cáncer de colon iba a por él. “Ojalá pueda volver a tu lado”, le escribió a Herrera, “y si no vuelvo, por favor, piensa que fue solo porque me empeñé en el estúpido sueño de llegar por ferrocarril a una ciudad sin tren”. Sin palabras.

El ficticio Club Savoy cerraría por defunción muy poco después. El 9 de diciembre de 2013 desgranó su última columna: pura evocación. “Aquellos días de la niñez en los que me acostaba apenado por la idea de que el paisaje permaneciese toda la madrugada a la intemperie y el río se pasase la noche metido en el agua”.  Sin palabras.

Alvite se debió llevar con él las mejores palabras, las más eufónicas, las que tallaba a mano, porque nadie las ha vuelto a mezclar con su ironía en contínua explosión controlada. Quizás se marchó apresuradamente para  seguir conversando en la intimidad con ellas sobre los inexplorados caminos que conducen a la belleza desde la sintaxis.

Languidece el Savoy. Se enfría Alvite. Huyen como subsaharianos sus viejos lectores. Búsqueda inútil de esas líneas tiradas con la malicia inconfundible con la que se tiran los trastos a la cabeza dos amantes despechados. “Tuvimos la suerte de pecar en gallego y de que la misa y el miedo estuviesen en latín”. Sin palabras.

Alvite vive. Lo acabo de leer esta misma mañana.

@JAngelSanMartin

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