05 de diciembre de 2022
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FIN DE SEMANA
Patio de columnas

Patio de columnas

José Francisco Roldán

Felonías

La pretendida reforma del Código Penal con la intención de derogar el delito de sedición ha producido una cadena de reacciones incontenible, que comienzan a sacar de quicio a una buena cantidad de ciudadanos, absolutamente decepcionados por estos nuevos modos de entender la actividad política. Las coartadas esgrimidas para justificar tamaño dislate, además de falsas, demuestran un descaro irrefrenable de quienes las inventan.

Una ciudadanía indolente y analfabeta supone una ventaja para los que manipulan y tergiversan la realidad. No deja de ser un desprecio para quienes escuchan argumentos absurdos, que no conocen de la materia o, sencillamente, obedecen sin rechistar. Hay quien califica este comportamiento como una manifiesta traición. En cualquier biografía hemos tenido la oportunidad de conocer felones de toda condición. No es preciso alejarse en el tiempo para encontrar conductas desleales, que han propiciado descalabros muy graves.

Las maniobras para desprestigiar han sido protagonizadas por personas cercanas al perjudicado. Hasta en los espacios de televisión, que suelen recurrir a las pasiones más primarias, aparecen traiciones clamorosas, que no reciben la retribución ética correspondiente; todo lo contrario, las felonías forman parte del guión, porque despiertan atenciones y propician mucho dinero.

Las redes sociales, atentas a todo tipo de ocurrencias, difunden un poema, que no es de José Espronceda, vomitando odio sobre los enemigos internos de España. Para no pocos españoles ese texto describe, de alguna manera, lo que sucede en nuestros días. Los primeros versos: “Oigo, patria, tu aflicción, y no entiendo por qué callas, viendo a traidores canallas despedazar la nación”. Concreta en otros: “Alevosos, traicioneros, bellacos y desleales, la convivencia entre iguales rompen con su felonía, y han de acabar la porfía en inmundos cenagales”. Y termina:” ¡No se trocea esta tierra, somos una gran nación!”.

Pareciera que se escribió ayer. Los españoles moderados siguen manteniendo que se trata de un tránsito doloroso que llevará a otras posibilidades. Sin embargo, comienzan a perder la calma contemplando una dinámica agresiva favoreciendo inquietudes sectarias, al tiempo que se debilita a las instituciones más profesionales del Estado. En la historia de España se destaca a dos insignes felones: El visigodo conde de Ceuta, Don Julián, y el rey Fernando VII.

El primero por permitir la invasión árabe y la  derrota en Guadalete del rey visigodo Don Rodrigo. El segundo por traicionar al pueblo español después de que ganara en su nombre, El Deseado, la Guerra de la Independencia al invasor francés. Algunos tienen en su cabeza otras deslealtades más cercanas en el tiempo, que tanto daño causaron y siguen produciendo. Los felones, además, ceden a las extorsiones con gran facilidad, siempre y cuándo sirvan a sus objetivos, pocas veces vinculados al bienestar colectivo. Dedican todo su esfuerzo a tejer una red clientelar, que les perpetúe en el machito. Recurriendo a similitudes, no está lejos aquel cuento de Andersen sobre el Rey Desnudo.

Alrededor del líder carismático, al que se deben prebendas infinitas, pululan esos nuevos cortesanos de la política, incapaces de cuestionar sus decisiones por temor a las consecuencias. Lo evidente no tiene discusión. La desnudez ética es clamorosa en personajes públicos endiosados por unos y consentidos por los demás. Hay demasiados ciudadanos gritando una deficiencia moral, que nos está arrastrando a los peores escenarios de la historia hispana. Los enemigos de España se frotan las manos planteando nuevas exigencias para limpiar la senda de sus reivindicaciones. Y no tiene límite.

No son pocos los que insisten en la deslealtad de los que detentan y comparten el poder. También forman parte del problema quienes aspiran a trocear España despreciando a una mayoría, que no sabe cómo frenar esa deriva secesionista. Si no contamos con vacunas legales para defender este organismo social, la infección está asegurada. El desarme paulatino de los resortes coercitivos del Estados supone el debilitamiento de unas defensas en peligro, por culpa de las felonías.

El Cierre Digital no se hace responsable de las opiniones vertidas en esta sección que se hacen a título particular.

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