16 de agosto de 2022
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FIN DE SEMANA
Patio de columnas

Patio de columnas

Bruno da Silva

Cinco estrellas

/ Turismo de borrachera en Magaluf.

Hacer de la zona de la Playa de Palma un destino de categoría, alejado del síndrome de Magaluf  y el salto desde balcón, es un deseo de empresarios y autoridades mallorquinas desde hace lustros.

Mejorar el tipo de visitante que acude a los establecimientos de la zona y hacer del barrio una zona agradable, atractiva para lo que ha dado en llamarse, “turismo de calidad”, es el mantra que se viene repitiendo año tras año en Palma de Mallorca.

Es una lástima que los deseos y las buenas intenciones se topen, todos los años,  como si de uno ola de incendios se tratase, con la cruda realidad. Todos los veranos, con el fuego que arrasa nuestros campos, que año tras año se cobra vidas y haciendas, llegan los políticos a hacerse la foto y prometer,  y prometer…

Mientras tanto, todos los veranos, bomberos con contratos precarios, mal pagados y peor equipados, junto con vecinos desesperados y hartos de que solo se acuerden de ellos a la hora de votar, intentan apagarlos con chorrillos de agua del grifo y más voluntad que acierto.

En Mallorca, al inicio de la temporada turística, políticos y algunos empresarios, ofrecen declaraciones llenas de mentiras, autobombo y cinismo, prometiendo y prometiendo el país de las maravillas en que van a convertir las zonas que sufren la mayor parte de un turismo degradado y degradante.

Prometen, todos los años, que están haciendo  lo posible y lo  imposible para atraer un turismo de alto poder adquisitivo, respetuoso con las islas y sus costumbres, encantados de dejar su dinero en establecimientos limpios, de trato agradable, delincuencialmente seguros, sanitariamente impolutos, respetuosos con el sueño de vecinos y turistas, etc., etc., etc.

Los toreros de la política junto con los peores banderilleros del empresariado, nos tientan con el capote de la excelencia, mientras, si la brisa marina levanta el trapo un poquito, nos permite ver detrás de él la mierda, la suciedad  y los vómitos que dejan en la calle las borracheras generalizadas con alcohol barato proporcionado por algún empresario sin escrúpulos. Los delitos de todo tipo que se producen alrededor de sus locales, los ruidos de día y de noche, la música sin límite, las peleas, los orines, las ambulancias recogiendo especímenes conservados en alcohol, la Policía interviniendo en peleas multitudinarias, los servicios de limpieza trabajando en una rueda sin fin, que solo finaliza cuando el invierno llega para expulsarlos a todos.

En los fuegos que arrasan con todo durante las olas de calor casi  siempre hay algún vecino, o bombero que, o disfruta con la visión del fuego o, simplemente, intenta asegurarse el sustento un par de contratos más apagando las llamas que ha iniciado.

En el barrio de la Playa de Palma, algunos empresarios del ocio son los bomberos, los toreros y los pirómanos. Este año han vuelto los deseos de convertir el barrio en un destino “cinco estrellas”, oasis de paz y tranquilidad, de cultura y gastronomía, de sol y playa glamurosa para, por otro lado, prender fuego a la isla atrayendo a su local un turismo de borrachera, droga, delincuencia,  bullicio, alboroto y jarana, que dice no querer, pero alimenta todos los años su cuenta corriente.

Por si esto no fuera suficiente, una ligera brisa marina levanta el capote que camufla y niega la realidad, para hacer viral un vídeo en el que un empleado del local pasa por debajo de un chorrillo de agua –no parece que esté muy caliente ni que haya una gota de detergente– por las jarras de cerveza que se han bebido los “turistas de cinco estrellas” que Onofre atrae a su local.

Dejar las jarras y vasos aparentemente limpias, rápidamente, para que puedan volver a llenarse  a velocidad de puente aéreo y poder así sacar al turista la mayor cantidad posible de dinero de su, desagradable y poco glamuroso, bolsillo sin estrellas.

Ni lavavajillas, ni guantes, ni detergente, ni zona especial de lavado apartada de las miasmas de los clientes, ni ropa distinta de la que utiliza en su día a día en el local y, apostaría, que en su vida diaria.

Lo peor es que tampoco ninguno de sus jefes le ha dicho que eso no se puede, perdón, no se debe hacer así, y tampoco aparecen por allí para poner orden ninguno de los múltiples servicios de inspección, que pagan los ciudadanos mallorquines, por lo que no hay sanciones, educación ni siquiera el amago de que se cambien las cosas que se hacen mal.

La higiene, lo de menos

La higiene en general y, en particular, el covid, la viruela del mono, la hepatitis, la gripe, o cualquier otra cosa que vaya apareciendo, es lo de menos. Lo importante es vaciar los bolsillos al turista lo más rápidamente posible y al menor coste admisible.

Dudo mucho que el vídeo, dirigido al público alemán, atraiga el tan deseado turismo de calidad, lo malo es que no lo traerá al local y lo ahuyentará del resto de la isla.

Luego se ofrecerán declaraciones en las que la dirección del establecimiento dirá que ellos cumplían con todas las normativas existentes y con alguna más, que recibían inspecciones y que todo estaba correcto, etc., etc., que la culpa es del currito.

Es una lástima que el vídeo muestre una realidad  irrebatible, alejada años luz de las historias de ciencia ficción que nos cuentan. Pero todos tranquilos, que no cunda el pánico, se solucionará.

El trabajador presentará su dimisión “voluntaria”, será el culpable de todo. Dirán que no son acciones aprobadas por la empresa y nadie se preguntará si la empresa ha puesto los medios suficientes para lavar las jarras, si ha recibido alguna instrucción de darse más prisa con el lavado, (que si tenemos que esperar a que lo haga el lavavajillas se nos acaban las jarras y perdemos dinero),  si ha recibido algún tipo de formación para estar lavando jarras bajo el chorrillo de agua, si alguien le ha contado que en hostelería es obligatorio lavar vasos y cubiertos en lavavajillas con agua a 90 grados, o a mano,  con agua muy caliente y detergente.

Tampoco nadie se preguntará el motivo por el que al propietario del pequeño hotel de la esquina sí le obligan a tener lavavajillas y detergente para limpiar e higienizar todos los utensilios y, para  los destinos de “cinco estrellas”, según se aprecia en el vídeo, parece que no es obligatorio.

El propietario del pequeño hotel familiar también se preguntará por qué acuden a su local, día sí y día también, inspecciones de sanidad, de turismo, de urbanismo, de la policía local; comprobando con sonómetros el volumen de la música, con cintas métricas la distancia entre las mesas, con potentes ordenadores las licencias de apertura y actividades, con lupa los contratos en regla de los trabajadores, que no hagan más horas de las establecidas por ley, que tengan la ropa de trabajo adecuada, la maquinaria en perfecto estado de revista, la formación adecuada, la higiene precisa…

Pero el hotel es pequeño, familiar y no llega a las cinco estrellas. El local protagonista del vídeo viral es el Bierkonig, propiedad de uno de estos empresarios, Onofre Pascual, que con una mano abre hoteles de cinco estrellas, ofrece declaraciones deseando un futuro lleno de “turistas de calidad” para la Playa de Palma, y con la otra exprime la ubre del turismo de borrachera.

Que tu mano izquierda no sepa lo que hace tu derecha.

El Cierre Digital no se hace responsable de las opiniones vertidas en esta sección que se hacen a título particular.

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