16 de agosto de 2022
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FIN DE SEMANA
Patio de columnas

Patio de columnas

José Francisco Roldán

¡Buen camino!

/ Camino de Santiago.

Hay que remontarse muy lejos para encontrar las referencias históricas, como leyendas, que justifican un acontecimiento singular donde los haya. Son muchas personas, procedentes del mundo entero, diversas y de toda condición, las que deciden, periódicamente, recorrer el Camino de Santiago.

Hay determinadas rutas conocidas y señalizadas que orientan el devenir de una retahíla de seres tratando de lograr un reto, ese objetivo personal, que se reconoce en la infinidad de sentimientos coincidentes buscando una flecha para culminar en el kilómetro cero de la impresionante Plaza del Obradoiro. Otro punto geográfico, como tantísimos, que nos hace sentirnos orgulloso de una pertenencia, precisamente, porque esa llamada a millones de corazones generosos sale de aquí, de nuestra España, paradigma de innumerables hitos históricos de los que nos sentimos muy dichosos.

Cada peregrino recoge en su zurrón diversas excusas para emprender la marcha. Muchos la repiten admitiendo que se trata de una experiencia muy especial, donde el esfuerzo y la perseverancia se alían con el empeño intangible de lo que se hace porque sí. Las distintas calzadas se enfrentan a la capacidad física de quienes retan al minuto siguiente para vencerlo, sobrepasarlo y dejarlo atrás. Por momentos, se surcan senderos, abovedados de ramas frondosas, por donde se entrometen los rayos de sol invadiendo una alfombra de tierra humedecida, bien aprisionada por el efecto benévolo de tantas suelas caminando para dejar huellas de complicidad.

Cada uno de los caminantes, que pueden o no charlar, suele desear un buen camino articulando palabras, pronunciadas con acentos imposibles, y se hacen comprender con la naturalidad de lo correcto. Entre esos enclaustrados pedazos de naturaleza se pueden escuchar sintonías enceladas de gorriones, empeñados en amenizar cada paso que los peregrinos regalan. El desfile incesante de gentes diversas se desparrama en el horizonte permitiendo el ritmo que cada cuerpo, con su respectiva alma, esté dispuesto a emprender, porque ningún paso es uniforme, como cada una de las vidas que peregrinan con la cadencia adecuada a cualquier disposición.

Los repechos, que son bastantes, ponen a cada uno en su sitio. Los pasos cortos, pesados, costosos y sufridos van restando en la cuenta de una fortaleza desgastada. Siempre hay más ánimo que potencia física, pero la determinación de peregrinar se va imponiendo a las ganas de retirarse. Un buen camino escuchado a tiempo ayuda como un dopaje de resistencia a prueba de cualquier debilidad. Y van adelantando grupos envalentonados, que recuerdan la necesidad de seguir andando.

Algunos caminantes conocen limitaciones de las que se olvidan en cada recodo y bajan senderos complicados, donde las rodillas parecen negarse a lo evidente. Y siguen, despacio, en zigzag, para impedir la lesión que destrozaría su inminente futuro. Otro descanso donde se puede para seguir entonando y repitiendo ¡buen camino! Y charlas con gentes distintas, que viven en lugares remotos, dispuestos a converger como avalancha de inquietudes compartidas. Y se ponen de acuerdo para hacer coincidir los retos personales con el afán colectivo.

Las intersecciones de tantos caminos están señalizadas para orientar al peregrino; que no se pierda, que sepa cómo y por dónde alcanzar ese logro poderoso. Son muchos los que se encargan de orientar y evitar errores colocando esa flecha amarilla, que se agradece y estima. No son pocos los que echamos de menos esas señales para organizar nuestro mañana social.

Bien parece que algunos indeseables, muchos de ellos auténticos nescientes, se empeñan en cambiar flechas cada noche para desorientar a los ciudadanos, que buscan con ahínco ajustarse al camino deseado. Nos están rompiendo muchos elementos que pueden ayudarnos. Los más torpes se dedican a deteriorar la armonía emponzoñándola, por eso, en las bifurcaciones buscamos esa benemérita flecha amarilla que nos lleve al mejor destino, a pesar de los inconvenientes para reafirmar ese talante universal con el que nos desearnos ¡buen camino!

El Cierre Digital no se hace responsable de las opiniones vertidas en esta sección que se hacen a título particular.

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