19 de marzo de 2019
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FIN DE SEMANA
Patio de columnas

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José Ignacio Herce Maza

La juventud y el verdadero relato de las víctimas del terrorismo

El monumento a las victimas del 11-M en Alcalá de Henares
El monumento a las victimas del 11-M en Alcalá de Henares

Por todos es sabido que los principios y valores sobre los que se asienta la lucha contra el terrorismo y que actúan como fundamento constitutivo, fuerza ética y valores para las víctimas de esta terrible lacra social son la Verdad, la Memoria, la Dignidad y la Justicia.

Sobre ellos descansa y se encamina la lucha contra el terrorismo en cualquiera de sus formas y en este marco, los poderes públicos han de fomentar su materialización en la medida en que no dejan de ser cuestiones que afectan al interés general, al interés de todos.

Estos cuatro pilares no pueden entenderse de manera aislada. No podemos afirmar que se respeta la dignidad de sus víctimas. Si se falta a la verdad, la causa queda en el olvido y no se materializa la Justicia. De la misma manera que no puede haber Justicia ni dignidad si no hay verdad y memoria.

Y es precisamente sobre la verdad y la memoria sobre lo que quiero hablaros hoy. La verdad y la memoria para la construcción del verdadero relato de las víctimas del terrorismo, de quienes han padecido y luchado contra él, repito, en todas sus formas y siempre dentro de los principios del Estado Democrático de Derecho y a través de los cauces previstos por el Ordenamiento jurídico para ello. Sí, Estado Democrático y Estado de Derecho.

Julián Marías entendía en su Antropología Metafísica que la sociedad de donde viene la actual sigue siendo la misma sociedad. Dicha sociedad está hecha de pasado y, por lo tanto, es antigua. A su vez, ésta también es futurición.

La reflexión anterior quiere decir que la sociedad se proyecta hacia delante, hacia el futuro, siendo en este punto fundamental el papel de la memoria y de la verdad en la construcción del verdadero relato del terrorismo en España. Gracias a una defensa de la verdad y de la memoria podrá evitarse que sucesos tan cruentos y terribles como los que se han vivido en España en su historia reciente vuelvan a suceder.

Es precisamente en este punto donde los jóvenes tenemos una importante labor que desempeñar. A día de hoy creo que se puede afirmar que gran parte de la juventud en los colegios y en las universidades desarrolla sus planes formativos con un desconocimiento grave sobre el terrorismo y sus consecuencias. Además, resulta que lo poco que conocen, por desgracia, muchas veces está demasiado alejado de la realidad histórica y de los sentimientos de las víctimas del terrorismo. Uno de los motivos puede ser el miedo generalizado a escaparse de aquello que no entra dentro de los cánones de lo políticamente correcto, otro puede ser que hemos tenido la suerte de vivir una época de paz y seguridad muy alejada de la que han vivido a nuestros padres, pero ojalá estas dos posibilidades que pongo sobre la mesa fueran las únicas.

Creo que no debe perderse de vista que el verdadero relato de las víctimas del terrorismo tiene, en ocasiones y para algunos, un escaso valor en el marco de la Historia de España y prefiere no tenerlo presente en los planes docentes. Sentimientos como el dolor de una madre, los recuerdos de un atentado terrorista… son todos ellos tristes elementos que configuran el verdadero relato que hay que defender, recordar, y tener siempre presente.

Me formulo las siguientes preguntas: ¿saben los alumnos en los colegios quién fue Miguel Ángel Blanco? ¿se les recuerda en las aulas el cambio de paradigma que fue consecuencia de su cruel asesinato en la lucha contra el terrorismo? También hay que tener en cuenta que no faltan visiones interesadas que por conveniencia política prefieren reescribir nuestra historia reciente de una manera alejada a los parámetros de la verdad, de manera que no solo se miente, sino que se persiguen fines realmente muy alejados del interés común.

Por desgracia para la sociedad en conjunto y en especial para la juventud, la construcción del falso relato, especialmente en la esfera del espacio político ha primado sobre la verdad. Algunas de sus consecuencias pueden ser los cuestionamientos básicos de los fundamentos de nuestra legislación penal en materia de lucha contra el terrorismo en sus diferentes formas que se producen (pese a tener la legislación sobre la materia más avanzada de Europa), manifestaciones de justificación al fenómeno terrorista y de su trayectoria en España así como exculpación de los culpables del conflicto social que tuvo y tiene lugar en algunos lugares todavía. Esto es especialmente problemático en el caso de los jóvenes, quienes por desconocimiento consideran que este falso relato y las manifestaciones que lleva aparejado en su proyección comunitaria son ciertos y justificables. Desde luego que estoy seguro que muchos estudiantes en colegios y universidades no tendrían la misma visión del terrorismo si escucharan el testimonio de quienes lo sufrieron, el verdadero relato. Es por este motivo por el cual es fundamental acudir a los colegios a transmitir a los estudiantes los testimonios que conforman el auténtico y desinteresado relato de sus víctimas.

Esta importante tarea que hacen desinteresadamente estas asociaciones no solo ha de contar con el beneplácito de las autoridades, sino también con el apoyo de las instituciones y de las fuerzas políticas que deben dar un paso adelante e incrementar el soporte necesario a estas actividades. El apoyo a las víctimas y la lucha contra el terrorismo no solo se basa en el soporte a las víctimas a través de apoyo económico o acompañarlas a través de asistencia psicológica, sino que también es muy relevante el papel de la educación en la juventud. De nada sirve que se ayude a las víctimas si su historia queda olvidada o peor aún, enmascarada por un cuento edulcorado.

Propongo que para contrarrestar el relato edulcorado que prima hoy día y frenar los puntos de vista interesados en construir otra historia, las instituciones y fuerzas políticas den un paso adelante y abran un debate de las ideas en el que se traten principios esenciales como la Justicia, la reparación del daño causado, la dignidad, la memoria, la verdad y la seguridad. Para ello es necesario partir de la premisa de que no hubo una guerra ni hubo vencedores ni vencidos, sino que fue una masacre injustificada bañada en terror que todavía queda grabada en muchas familias que la sufrieron en sus carnes y que ha dejado una profunda cicatriz en la Historia de España.

Por ello la única voz que ha de sonar es la de la Verdad, la Memoria, la Dignidad y la Justicia, y no solo por ellos, sino por todos, sobre todo, para las nuevas generaciones.

José Ignacio Herce Maza es Delegado de Juventud de la Asociación Plataforma de Apoyo a las Víctimas del Terrorismo (APAVT)

 Abogado y profesor de Derecho Administrativo.

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