09 de febrero de 2023
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FIN DE SEMANA
Patio de columnas

Patio de columnas

José Francisco Roldán

Filántropos

Entre las condutas humanas sobresalen quienes dedican su tiempo, destreza, dinero, bienestar o vida a los demás. Ese comportamiento determina el amor en toda su extensión. Hay distintos grados de implicación, que no desvirtúan la grandeza moral de quienes ayudan en cualquier iniciativa. Se trata de entrega sin esperar nada a cambio; apoyar a quien lo necesita, directa o indirectamente. Pueden existir supuestos en los que esa generosidad se retribuya con ventajas éticas, morales y fiscales.

El mecenazgo tiene mucho de generosa colaboración a causas limpias y constructivas, como quienes respaldan iniciativas sociales adelantando financiación, que esperan recuperar, con o sin intereses, pero son comportamientos que se van alejando de la filantropía. Muchos gestos solidarios, sin ser gratuitos, contribuyen a desarrollar actividades benévolas para colectivos determinados. Tantos ejemplos nos reconcilian con la naturaleza humana para seguir creyendo en la buena voluntad de gente empeñada en dar todo o parte de lo que tiene.

Otras conductas, que pueden ser paradigmas de generosidad, se escapan del altruismo más sincero. Los que pretenden cobrar cualquier colaboración, sin ser incorrecto o ilegal, no deben esperar el reconocimiento social en términos de pura solidaridad. Por eso, quienes gestionan recursos ajenos, sean o no públicos, pueden ayudar a todo tipo de causas sin arriesgar sus propiedades, lo que supone cierta garantía de no perder lo propio.

El sistema público de ayudas y subvenciones se regula objetivamente calculando requisitos que deben valorarse con arreglo a las normas legales dictadas al efecto. No es correcto resolver desde el ámbito subjetivo de quienes tienen la obligación, o no, de concederlas. No se puede considerar generosidad lo que hacen las autoridades que firman o autorizan. Desgraciadamente, los regalos oficiales de cualquier condición algunas veces se someten a las disposiciones apurando detalles que rozan la duda. Se pueden manipular las reglas de juego antes de que se inicie el trámite. De ese modo, hay recompensa directa o indirectamente para los elegidos que succionan de la ubre pública.

Algunas prebendas se suelen administrar con generosidad falsificada y disfrazando clientelismo. Determinadas decisiones, con la connivencia legislativa, ya que los partidos políticos suelen canjear cromos para alcanzar objetivos, encubren auténticas extorsiones; ejercicios de inmoralidad asumidos con absoluto descaro por sus protagonistas. La compraventa de votos deriva en una algarabía de afrentas, que azuzando conciencias y al desarrollo normal de una sociedad que, aunque escandalizada, no tiene más remedio que asumir por obra y gracia de la matemática parlamentaria.

El amasijo de intereses suele enmascararse con gestos de aparente generosidad recurriendo a coartadas falaces, que los adeptos y voceros mediáticos acostumbran a justificar. En estos tiempos tan difíciles para muchos ciudadanos, los medios informativos que osan salirse del guión oficial insisten sobre la concesión de ayudas aparentemente injustificadas. Poca gente entendió el curioso regalo millonario a una línea aérea venezolana. La equiparación salarial de la Guardia Civil y Cuerpo Nacional de Policía con las policías autonómicas no puede respaldarse aumentando la asignación a las segundas en detrimentos de las primeras. El reparto de recursos estatales a las autonomías no debería hacerse contra criterios de equidad y justicia.

En plena desgracia colectiva nacional es complicado entender que se regale dinero a Georgia, Bielorrusia y una larga serie de países para financiar proyectos de cualquier tipo. Tampoco se entiende la obsesión del Gobierno, mediante decisiones preñadas de absoluta generosidad, en facilitar la vida de violadores, pederastas, terroristas, separatistas, sediciosos, traidores, malversadores, ocupas y otros delincuentes, muchos esperando juicio o ejecución de sentencia en su casa. No deja de ser un desprecio a las víctimas, que reclaman la defensa de su paz y seguridad. De ese modo, será imposible que alguien pueda considerar a nuestros gobernantes, filántropos.

El Cierre Digital no se hace responsable de las opiniones vertidas en esta sección que se hacen a título particular.

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