07 de julio de 2022
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FIN DE SEMANA
Patio de columnas

Patio de columnas

José Francisco Roldán

Mochila de recuerdos

No hay duda sobre la necesidad de mirar hacia el futuro, buscar el mejor de los caminos para encauzar anhelos colectivos, que nos permitan ganar prosperidad, a pesar de las grandes dificultades que muchas iniciativas sociales suelen encontrar, incluidas cortapisas que construyen los enemigos internos, empeñados en sujetar la libertad con argumentos viejos para sociedades vetustas, como sus ideologías. Y en ese afán por avanzar mirando hacia delante no podemos evitar girar el retrovisor de nuestras vidas, ese álbum de recuerdos, que puede estar escondido en un gran baúl o en una minúscula mochila.

Por alguna razón, probablemente poderosa, no hay más remedio que partir del año dos mil dieciocho, cuando una triquiñuela política desalojó al partido gobernante por medio de una moción ciertamente censurable. Los papeles cambiaron para que los nuevos repartidores del pastel se lanzaran con urgencia a la contumacia acaparadora de poder y organizar una estructura inquebrantable para asegurar la influencia necesaria con la que perpetuarse en la manija de las decisiones presupuestarias. Una muy cuestionable matemática ética despejaba la incógnita adecuada para sumar y vencer en la operación parlamentaria, teorema que ha servido para mantenerse en el lugar prominente actual.

Las manipulaciones, que defraudan tantos compromisos electorales, deberían ser castigadas legalmente como una auténtica estafa política, que sirva para inhabilitar a los timadores. Si las autoridades del gobierno, mediante malabarismos fraudulentos, prometen actos que no se cumplen podrían estar delinquiendo, pero hace falta redactar previamente esos tipos penales y sus sanciones. Nada puede ser válido cuando se incumplen injustificablemente los compromisos con unos electores engañados miserablemente.

En estas mismas fechas de hace cuatro años, repasábamos comportamientos injustos de personajes de siempre. Maruja, la protagonista de aquel recuerdo, sufría la acometida mediática, que arrasaba el conocimiento general. Los depredadores sociales se lanzaban sobre el modo de entender conductas para transformarlas sin tapujos. Eran momentos de algarabías informativas avasallando mentes acomodadas en la rutina indolente.

En ese periodo temporal, un año más tarde, se hablaba de compromiso, ese valor despreciado que algunos sorteaban para medrar sin escrúpulos. Mirábamos hacia cinco años antes para recapitular echando de menos la envidiable inclinación natural de la buena gente haciendo lo que debía, cuando debía. Los miserables, acaparando resortes de poder, ocupaban espacios especiales desde los que imponer sus dictados más egoístas apartando a los mejores.

En pleno año dos mil veinte, cuando ya era evidente la tragedia, no teníamos más remedio que hablar sobre la carrera de torpes, lo que algunos sabios llaman la Ineptocracia. Era evidente la desastrosa deriva de una caterva de ineptos comandando una nave legendaria, abandonada a su suerte. Los muertos reclamaban cada vez más terreno donde esconderse para esquivar tan lúgubre futuro.

Los manipuladores sociales alardeaban de falacias sin rubor tratando de mantener impoluta la asquerosa imagen de perversos intolerantes. El recuento de bajas era insostenible, pero la desfachatez oficial vencía al desconocimiento general de unos ciudadanos asustados. Una esperanza alargaba las expectativas cuando los expertos de verdad se pusieron manos a la obra. Y el año pasado, cuando la mortandad se reducía, en el momento procesal de pedir explicaciones, la maquinaria propagandística acentuó su incidencia social para controlar inquietudes y reclamaciones imparables.

La vida estaba venciendo a tanta muerte acumulada. Las gentes, enmarcadas en cuadrículas, sorteaban sus distancias para esquivar la peor cara de la tragedia. Una sociedad domesticada, algo esquiva, en estos días del año dos mil veintidós, trata de sujetar su existencia esperando el tiempo preciso para regresar a la normalidad, que no es posible. Vivimos el año del destape social, cuando parece que todo está bien, aunque no sea cierto, y miramos en la mochila de los recuerdos.

El Cierre Digital no se hace responsable de las opiniones vertidas en esta sección que se hacen a título particular.

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