08 de agosto de 2020
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EDICIÓN VERANO
Patio de columnas

Patio de columnas

Eduardo Gavín

Lenin y los campesinos

Vladímir Ilich Uliánov, Lenin.
Vladímir Ilich Uliánov, Lenin.

Dijo Lenin que el siglo XX sería un siglo de guerras y revoluciones y acertó. Lenin no parecía un personaje especialmente inteligente, salvo para mantenerse chuleando a su madre, por lo que si fuésemos supersticiosos, podríamos pensar que era una especie de vidente. Tampoco. Las revoluciones y las guerras las iba a provocar él, incluso después de muerto, como el Cid. El siglo XX se empleó en numerosas guerras y revoluciones que tenían como causa el enfrentamiento entre el comunismo liberador y todas las ideologías contrarias, esas que prometen la libertad en un futuro más lejano que llegará si trabajamos duro y esperamos. Pasó el siglo y nada se concretó, ni por un lado ni por el otro.

Sí que se concretaron millones de cadáveres por todo el planeta. Muchos de comunistas y muchos más de los que les llevaban la contraria. No todos cayeron en combate. La mayoría murieron ejecutados. Los comunistas fueron excelentes en este segundo estilo. No se me ocurrirá cometer en estas líneas el mayor delito ideológico que se puede perpetrar en nuestro tiempo, que es comparar al fascismo con el comunismo. Mientras los comunistas le aniquilan a uno por su bien y el de la humanidad, los fascistas asesinaban por cosas aún más abstractas.

En cuanto a la elegancia, cabe decir que los juicios sumarios eran excelentemente organizados por los comunistas, burocratísimos ellos. Otorgaban formalidad al degüello, inundaban la administración con papel mojado en una mano y prestidigitaban documentos que demostraban la realidad o hasta la existencia del ejecutado. Un ministro fusilado podía haberse muerto perfectamente de una tuberculosis y no haber sido nunca ministro, mireusté, no está en esta foto del Sovnarkom. En fin, política y asesinato hechos arte.

Pero eran mucho más burdos en cuanto a la acusación. Se quedaban en traidores, enemigos del pueblo o directamente fascistas. El mayor horror de los totalitarios es su capacidad para simplificar cuestiones complejas y darles soluciones rápidas. Convertir cualquier universo multidimensional en un folio con dos dimensiones es su especialidad y su mejor arma. Esto, que es una ventaja para hacer lo que a uno le viene en gana, es malo para casi todos los demás. Como casi siempre que un simplón toma decisiones, hay víctimas de gravedad. El terror del totalitarismo es, por tanto, convertir a los simplones en pensadores. 

Antonio Maestre acaba de escribir un artículo de señalamiento, juicio y sentencia sobre el campo. Antonio Maestre es un chico con una carrera de letras de duración media, antes llamadas graduaciones, que vivía de archivar cosas y que, a fuerza de tuitear mucho y sin salirse de la vía ideológica jamás, consiguió finalmente el casito que buscaba y se colocó en varios medios como opinador. Desde ahí riega a España con sus opiniones sobre casi todo. Lo último sobre lo que ha opinado ha sido sobre el campo: El campo es fascista. Eso ha dicho. 

No sé si el conocimiento de Antonio le viene de la agricultura de Fuenlabrada o si tiene familia en el pueblo o si es que ha leído algo. No parece ninguna de las tres cosas, pero en su breve artículo diseca el campo con la finesse quirúrgica de Jack el destripador. Suelta nombres por doquier y lo mismo trae a Giménez Caballero y la falange, que poco pisaron el campo, que habla de la desamortización de Mendizabal. Sobre esto último, es encomiable que se haya embaulado al respecto, que haya salido de la meseta izquierdista habitual.

Lamentando "el pensamiento en dos dimensiones"  y "la reducción al absurdo" inicia Antonio su artículo, titulado "La base fascista del campo". A primera vista y sin tener ni idea de lo que es el sector primario, se siente que ese titular-conclusión es, quizá, pensamiento en dos dimensiones y reducción al absurdo. O por lo menos, una conclusión precipitada. El horror de la simplificación.

Un agricultor español.

Imagino que en la cabeza de Maestre resuenan sólo los relatos de explotación de jornaleros extranjeros, los casos de impagos a hacienda, de economía sumergida... y él convierte lo particular en general, lo que suele dar malos resultados. Lejos de entender las dificultades de la vida en el campo, las incertidumbres, las presiones sobre los precios de venta y los aumentos arbitrarios en insumos, lo que hace es adaptar la realidad a su idea. Esto facilita muchísimo las conclusiones, es cierto. Pero es una artimaña demasiado rastrera. No sorprende de un marxista. Marx llamó "idiotas" y "sacos de patata" a los campesinos. Lenin y Stalin mataron de hambre a millones de ellos, tachándolos de enemigos de la revolución (o, cuando apareció el fascismo, fascistas). Mao, a pesar de reconocer su importancia económica e incluso revolucionaria, no les deparó mejor trato. 

Antonio, desde su pedestal-meseta, adoctrina y sentencia, queriendo mostrar al mundo cómo funciona la mente de un "ideólogo" comunista. Por definición, el comunismo es un régimen por el cual una élite hecha a sí misma por medios variopintos, que no méritos, se arroga el conocimiento sobre todos los asuntos y el poder para cambiarlos. Esto es, lo saben todo y lo saben mejor que tú. Te vigilan, te controlan, te conocen, te lideran, te reprenden, te juzgan, te condenan y en caso de ser desagradablemente necesario, te pueden incluso matar, Marx no lo quiera. Desmontan el reloj y al volverlo a montar, descartan las piezas que sobran. Si el reloj atrasa o adelanta demasiado será culpa del capitalismo suizo. O del fascismo. Si ellos nos llaman fascistas, es porque lo somos. 

El artículo de Maestre ilumina el sendero hacia lo que nos espera por determinadas veredas. El contenido es una maraña de prejuicios y lugares comunes que no aportan nada a la causa. El título del artículo es la sentencia que, como en la URSS, va por delante del juicio. Hasta del Santo Oficio podía salir uno absuelto. Pero no aquí.

El comunismo, ese Deus ex machina de todas las cosas humanas, ha hablado. Causa finita. 

El Cierre Digital no se hace responsable de las opiniones vertidas en esta sección que se hacen a título particular.

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