14 de agosto de 2020
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EDICIÓN VERANO
Patio de columnas

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Jorge Solana

El traspaso de poder: Del 15M a la sociedad civil

El movimiento 15 M en la puerta del Sol.
El movimiento 15 M en la puerta del Sol.

Ha quedado demostrado en pocos años que el desarrollo del proyecto asambleario en política no ha funcionado. La superación del bipartidismo tampoco. Los líderes de los partidos políticos, ya sean de la casta o los nuevos que venían a renovar y salvar la profesión política de todo tipo de males, se han visto superados por la crisis del COVID-19. En general, seamos sinceros, toda la sociedad nos hemos visto superados, aunque también es justo admitir que hay excepciones. 

De aquel proyecto asambleario queda poco o nada. Los partidos políticos demuestran que el líder es autoritario y misántropo. El egocentrismo social que vivimos cada día y que se refuerza con la imagen del yo en las redes sociales, era de esperar que también tuviese su correspondencia en la política. Hay gente que no utiliza las redes sociales para aspectos negativos, sino positivos. Existen y es por lo que hay que luchar.

La política ha demostrado ser una filosofía etérea. Filosofía intangible e insufrible para la sociedad del siglo XXI, que necesita de la filosofía práctica. Aquella en que la escucha y la reflexión de las ideas suponga el advenimiento de nuevas propuestas. Aspecto esencial en este sentido es la base de la escucha activa. La mujer y el hombre son un animal racional con dos orejas y una boca. Eso quiere decir que deberíamos escuchar del doble de lo que hablamos. Esto está a la orden del día que no se produce. Desde luego los políticos les gusta escuchar, aunque sólo a ellos mismos. El actual presidente del gobierno de España, Pedro Sánchez, es la mejor versión de ello.

Aquí estaría la base de la diferenciación entre lo que es la conciencia nacional y la opinión pública. Uno de los grandes periodistas españoles del siglo XX, Ángel Herrera Oria, Cardenal y sobre todo periodista, señalaba que “son cosas distintas la conciencia nacional y la opinión pública… Son dos corrientes que no siempre coinciden; la conciencia nacional es una cosa que se adentra, es una cosa más honda; la opinión pública es un movimiento más superficial. La conciencia nacional, de ordinario, versa sobre muy pocas verdades. Verdades muy escogidas, fundamentales. La opinión pública se suele extender absolutamente a todas… La conciencia nacional es muchas veces permanente, es generalmente secular. La opinión pública muchas veces es de un día, de una quincena, una temporada, todo lo más de un período histórico.”

El 15M es una corriente de opinión pública, desde luego nada que ver con la conciencia nacional, con una visión estadista. Las políticas de los gestores del estado de hoy sólo funcionan si es para enfrentar y dividir a la sociedad. Preocupados sólo de los que les dicen sí, de los que les dan el voto, cuando deberían estar aún más preocupados de los que les dicen no. De escuchar. Es lo que hacen todas las empresas. Piensan en sus clientes y no les dejan de lado, pero desde luego no pierden ni un minuto en saber que es lo que piensan y quieren los que compran y piden lo servicios a la competencia.

La forma asamblearia del 15M ha fracasado. El pasado, la casta, la ha arrasado. Los partidos que venían de reformadores se han sumado a la casta, acogiendo todas sus peores maneras. Pactos para coger poder, corrupción, medias verdades…

Esta crisis sanitaria ha puesto de manifiesto el colapso de la política y de los que se dedican a ella. No conviene analizar lo mal que lo han hecho unos y otros, sino reflexionar sobre aquellos parámetros que podríamos dar por positivos. No los encuentro. Por favor, les pido que me los cuenten. Muy pocos se salvan. Se podrían contar con los dedos de la mano.

Lo que nos dejan es una sociedad dividida y enfrentada. Que piensa que puede hacer lo mismo que los dirigentes. Hace pocos días oía reconocer a Guillermo Fernández Vara, presidente de la región de Extremadura, una de las mentes privilegiadas de la antigua política, la que escuchaba y reflexionaba, que “la radicalidad extrema de parte de los políticos acabará en radicalidad extrema e insultona en las calles”. Ya está pasando. No dejen que les pueda la irá. Esta es la herencia que nos dejan los nuevos políticos. Los de las asambleas de izquierdas y de derechas.

Guillermo Fernández Vara.

Enfrente, una sociedad civil que ha crecido por necesidad y además ha sido capaz de adaptarse, reinventarse y ofrecer su carácter más solidario. Los sanitarios, los trabajadores de los supermercados, los conductores de camión y transportistas, los cuerpos de seguridad, los ciudadanos, todos, quedándose en casa.

La sociedad civil ha pasado a la acción y ha mostrado su solidaridad. Los grades deportistas representados por Nadal y Gasol, los empresarios, Amancio Ortega y Juan Roig, entre miles en toda España con las mismas capacidades y aptitudes, los sectores como el turismo, capaces de ceder sus hoteles para alojar a personal sanitario a pesar de que luego le califiquen de “estacional, precario y de bajo valor añadido”, fue un político el que lo dijo. El sector agroalimentario capaz de alimentar y poner todos sus productos, trabajando día tras día. La cultura, haciendo del formato digital, su lugar y espacio de transmisión.

Tras siglos de política, tras el movimiento asambleario del 15M, tras el proceso político que superaba el bipartidismo, sólo queda que la sociedad civil de un paso al frente en la gestión de las instituciones. La política es la gestión de lo público, no la filosofía barata, no la opinión pública, sino la conciencia nacional, la razón de estado. Sólo la sociedad civil ha demostrado estar a la altura. Trabajemos por su desarollo y crecimiento. Añadamos este objetivo al punto 17 de la Agenda 2030, las alianzas.

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