19 de agosto de 2022
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FIN DE SEMANA
Patio de columnas

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José Francisco Roldán

Las cuentas

Entramos en el periodo mágico de las cuentas públicas, esos balances gubernamentales que sirven para enjabonarse sus protagonistas con el desparpajo propio de los que esconden deficiencias infumables. Vamos a desayunar cada día una retahíla de cálculos despreciando el decoro que exige la decencia más cabal. Habrá que admitir y considerar lógicas las tremendas suspicacias que muestran muchos ciudadanos respecto a las informaciones cocinadas en los fogones del poder.

El descaro sube de intensidad cuando son los intermediarios mediáticos, esos escogidos filibusteros de la realidad, quienes se dedican a difundir falacias con abalorios muy aparentes. Los voceros de turno alardean de triunfalismo disfrazado para loar a quienes les llenan de dinero los bolsillos. Hay que prepararse para ver pasar esa cabalgata de tramposos compitiendo mientras cuelgan sus cifras entre aderezos con apariencia de solvencia.

Todas las cuentas son susceptibles de maquillar para dar la mejor impresión que buscan los trileros, estilistas de la contabilidad compitiendo en indecencia. El resumen suele suponer una reducción de datos para orientar a la opinión pública hacia los derroteros del despiste. Suelen detenerse en las comparaciones, que permiten escamotear realidades con artimañas muy bien pergeñadas, que parecen ciertas o complicadas de desenmascarar.

Los periodistas que pretenden investigar sobre las trolas públicas se encuentran con dificultades para conseguir beber en fuentes limpias, entre otras razones porque no pueden llegar a ellas. Los adeptos, que beben donde haga falta, esconderán errores y acciones doloras que puedan perjudicar la intención de una mascarada más.

Llegar a los informadores sin miedo se está convirtiendo en una empresa digna de aventureros escudriñando entre especies en peligro de extinción. Los que guardan secretos y tienen la tentación de sacarlos a la luz deben saber cómo y a quién proporcionárselos para tener las espaldas bien cubiertas, porque las represalias se disparan con profusión incontenible. Es muy complicado observar a un responsable público entregando cifras que puedan perjudicar sus objetivos. Si las cuentas no salen, se quita o se pone para cuadrarlas sin tapujos. Si todos los implicados en la trama engañosa mantienen el silencio nadie será capaz de probar lo contrario, es más, la avalancha de improperios contra el que ose discutirlas será clamorosa.

Es el trabajo concienzudo y pertinaz de la propaganda más perversa, una asignatura que se aprende para mayor gloria de los líderes carismáticos. Muchos intrépidos se juegan su futuro en el invento. Y los hay que desea conocer la cuenta anual del Falcon, ese uso inapropiado y abusivo de los bienes públicos para beneficio propio, como cuántos invitados han tenido la oportunidad de compartir el privilegiado modo de disfrutar en las residencias oficiales de Patrimonio Nacional. Nadie se sonroja, y los que deben hablar callan. No estaría mal que se quedaran mudos por un tiempo prudencial.

Habría que desarrollar un trabajo inconmensurable para concretar la relación de cuentas públicas falaces, por eso nos sumergimos en el peligroso ejercicio de la confianza ciega, que tiene mucho que ver con la adhesión inquebrantable. Se espera la explicación oficial sobre el número total de víctimas por violencia de género. Habrá que escuchar a quién se culpa, porque los gestores del asunto cambian para comprobar que no tiene nada que ver la ideología de quien administra el presupuesto.

En algunos balances anuales las culpas se escupen sobre la población, que asume su responsabilidad con mansedumbre, pero en realidad los ciudadanos no son más que víctimas de clamorosas incompetencias. Habrá que calcular cuántos condenados a prisión siguen deambulando por la calle con grave riesgo para los derechos y libertades de los que cumplen la ley. No estaría de más conocer los delincuentes que ocupan puestos oficiales. La ideología no debería aderezar resultados contables para engañar a los auténticos perjudicados por medidas injustas. Si tratáramos de explicar la ingente cantidad de mentiras oficiales, distribuidas en el año 2021, seguro que no salen las cuentas.

El Cierre Digital no se hace responsable de las opiniones vertidas en esta sección que se hacen a título particular.

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