16 de septiembre de 2019
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FIN DE SEMANA
Patio de columnas

Patio de columnas

José Ignacio Herce Maza

El ayer de la Diada

Manifestación Diada
Manifestación Diada

La Diada de este 11 de septiembre se ha caracterizado sobre todo por su fracaso. La participación más baja desde el año 2012 no es otra cosa que el resultado de la desafección por las tesis separatistas y la división entre los golpistas. A ello hay que sumarle una sentencia del Tribunal Supremo en ciernes. Es esta una realidad que debe hacernos reflexionar sobre nuestro marco constitucional y los verdaderos hechos del proceso independentista que ha demostrado ser a día de hoy un autentico espectáculo.Un teatro que tiene como mayor fracaso la violencia. Pensemos en el llamamiento para asaltar en el Parlamento autonómico de la noche de ayer entre botes de humo, bengalas y fotos del rey incineradas. Qué lástima.

Nuestra Constitución de 1978 señala que España se constituye en un Estado Social y Democrático de Derecho cuyos valores superiores son la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político. Asimismo, la dignidad de la persona se destaca como uno de los fundamentos del orden político y de la paz social.

Afirmar que nos encontramos ante un Estado social y democrático de Derecho va mucho más allá de una declaración programática. Despliega una serie de realidades jurídicas como por ejemplo el sometimiento de todos al Imperio de la Ley democráticamente establecida como expresión de la voluntad de todos. Además, el fin que justifica el Estado no es otro que la búsqueda del bien común. Sólo se entiende el Estado en tanto en cuanto trate de buscar el bienestar general. Esa búsqueda del bien  de todos también es un deber de las Comunidades Autónomas. Un Estado o Comunidad Autónoma que se aleja del bien común en definitiva se está apartando de la esencia que la justifica. Creo que es fácil coincidir conmigo en que la actuación de los dirigentes independentistas en Cataluña perjudica no sólo a los catalanes, sino también al resto de los españoles. Una pena, ya que el poder está para servir desinteresadamente a todos los ciudadanos y no para jugar en la lucha política.

Una realidad innegable es que somos un Estado y una Nación plurales. España se entiende como una unidad plural. Una Nación indisoluble en la que se respetan los elementos identitarios de las regiones que la integran y como todos sabemos, se reconoce el derecho a las autonomías. Además, en ese marco Cataluña disfruta de una cota de autonomía muy amplia. Ya decía Julían Marías que somos una nación en la cual los individuos se insertan a través de regiones de fuerte, enérgica personalidad. Esa personalidad, lejos de separarnos, debe enriquecernos.

Me gusta imaginar que somos (o que debemos aspirar a ser) un buen equipo. En ellos no siempre las relaciones entre sus miembros son las mejores. En esos casos es fundamental que el entrenador sepa unir voluntades y hacer que todos avancen por un mismo camino. La clave no está en las diferencias, sino en su superar y lograr que todos los integrantes marchen en una misma dirección. En este caso, la dirección no ha de ser otra que el bienestar de todos los españoles. Necesitamos un Gobierno que aúne voluntades para lograr una empresa común, el bienestar real de todos en un marco de convivencia sano y enriquecedor en el que se cumple el marco legal.

Uno de los elementos que hace que un equipo funcione es el de la lealtad. Una lealtad que brilla por su ausencia en el separatismo catalán y que no sólo les perjudica a ellos, sino también a todos los demás españoles. Precisamente en relación con la lealtad conviene recordar las grandes mentiras del procés. Muchas de ellas siguen presentes en el debate público y se ha alardeado de ellas en el día de la Diada. No entraré, ni siquiera, en los detalles concretos del proceso independentista.

En nuestro equipo, que es España, nos encontramos también con unas reglas muy claras. Quizá no sean perfectas, pero son fruto del consenso de todos sus miembros y de una voluntad de instaurar un Estado Social y Democrático de Derecho. Un marco constitucional gracias al cual los líderes del procés están inmersos en un proceso judicial penal en el que se encuentran amparados por todas las garantías constitucionales y procesales, pese a lo que nos quieran hacer creer desde sus mentiras.

En fin, las grandes falsedades del separatismo. “España nos roba”, “España impide votar a Cataluña”, “España nos oprime”, “Los independentistas somos mayoría”, “No hay libertad de expresión”, “Son presos políticos”. Todas estas expresiones las hemos escuchado mil veces. Pagamos además un alto precio por el nazi-independentismo catalán y por el procés: una sociedad enfrentada, una economía preocupada, una reputación internacional comprometida. Y muchas mentiras partirán de los separatistas para justificar su indebida apropiación de la Diada y sobre todo, para justificar su rotundo fracaso.

Precisamente para combatir las hipocresías del proceso separatista se publicó en agosto de 2019 el Informe “La realidad sobre el proceso independentista” de España Global. Un documento que recoge una cronología del procés desde el 2012 que desmiente las “fakenews” del separatismo, que explica también los delitos de los que se acusa a sus líderes independentistas y nuestro sistema procesal penal, entre otras muchas cosas. Este informe es un documento interesante para evaluar el ridículo, pero peligroso juego de los independentistas radicales.Un documento al que recomiendo acudir y que muestra cómo España es un Estado de Derecho en el que se respetan los derechos constitucionales que abarcan desde la libertad de expresión a la autonomía de las regiones que la integran.

Aún así, y pese a todos los atropellos independentistas que se están sufriendo, considero que debemos pensar en reconciliar posturas, aunque por desgracia, es algo muy improbable por la irresponsabilidad e intransigencia de los líderes nazi-independentistas. Pienso que juntos sumamos mucho más que separados y en que los catalanes, que son también españoles, no se merecen vivir en un régimen cuasitotalitario. Para ello es necesario tanto el diálogo y el consenso como la estricta aplicación de la ley. No me gustaría que viéramos Cataluña como un reflejo de una dictadura orwelliana, sino como lo que es, una parte de España que es muy querida por todos.

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